juan guillermo tejeda

SIN PORVENIR

Posted in cotidiano by jgtejeda on junio 15, 2012

Escribe Vicente Verdú: A fin de cuentas, el porvenir más que la vida, es patrimonio de los seres humanos. Los animales, por extraño que parezca, carecen de porvenir y de ahí que vivan sin darle demasiada importancia a la vida.

MUNDO SIN RINCONES

Posted in cotidiano by jgtejeda on mayo 29, 2011

de vicente verdú ___ Si un fenómeno caracteriza a nuestro tiempo, obsesionado por la “transparencia”, es la escasez de escondites; nichos donde forjar un nido propio, diferente y particular…. Todas las casas construidas en el pasado estaban llenas de rincones pero la obsesión de la arquitectura más moderna desde el llamado “estilo internacional” fue terminar con ellos….. La creciente eliminación de los rincones coincide con la pérdida de la privacidad, con el desarrollo de la supervigilancia o con la máxima exposición dentro y fuera de la Red…

VERDÚ: PRESTIGIO DE LO LATOSO

Posted in pillo by jgtejeda on marzo 7, 2009

nielsen

Todo lo que “yace” adquiere dignidad y se convierte, aderezado, en objeto de veneración. Todo lo muerto o yacente inspira respeto, todo ritual incomprensible llega a constituirse en un arcano donde anida la trascendencia en estado puro……………….. El libro aburre a los niños, señal de que se trata del verdadero saber; el matrimonio perdurable aburre a los esposos, señal de su auténtica sacramentalidad; esa novela nos echa atrás, signo de su extraordinaria  potencia; este arte nos resulta incomprensible, prueba de su extrema creatividad. Tantas y tantas cuestiones importantes son tan mostrencas que por ello obtienen su máximo nivel de presencia, inercia y opacidad.  Lo que nos duerme será nuestro prometido despertar………  MÁS >>>>>

VERDÚ, NO FICCIÓN

Posted in normal by jgtejeda on julio 6, 2008

por Fernando Bogado (Suplemento Libros, diario Página 12, Buenos Aires) Toda época se define por el catálogo de vicios que redacta. Cigarrillos, drogas, sexo: los elementos pueden variar, pero siempre habrá algo prohibido que hable de los gustos, de la moral de su tiempo, de lo que las personas creen y, por sobre todo, de lo que esas mismas personas se jactan de haber leído: es imposible hablar de vicios sin hacer entrar por algún lado a la literatura, ya sea moralizante o decididamente perversa. Entre Dickens y Sade, entre el ensayo y una larga entrada de blog, entre la novela y el diario, No Ficción de Vicente Verdú se atreve a comenzar su “relato” desde el más reciente de los excesos actuales: la desintoxicación….MÁS>>>>>>>>>>>>>>>>>

FÚTBOL EN VEZ DE LIBROS

Posted in normal by jgtejeda on mayo 31, 2008

EL CULTO AL LIBRO, POR VICENTE VERDÚ, HOY EN EL PAÍS >>>>>> AQUÍ

Durante la larga época en que el libro imperó como supremo patrón de la cultura, el fútbol fue absolutamente inculto. Ni siquiera las contadas aportaciones que novelistas o ensayistas hicimos para incorporarlo al acervo cultural sirvieron para gran cosa. Igual que con el fútbol, con el diseño gráfico, con la moda o con los automóviles, vino a ocurrir tres cuartos de lo mismo: en tanto sus asuntos no se registraban como tratados nutriendo las venerables bibliotecas era inconcebible que aspiraran a considerarse cultos.

Todo ello se ha venido abajo cuando el libro ha entrado en decadencia. Frente a la indiscutida supremacía de la cultura escrita ha emergido la poderosa cultura audiovisual y el actual patrón de valor lo constituye el espectáculo. No en exclusiva, necesariamente, pero de manera importante, creciente y sobresaliente. De ese modo, incluso el teatro de toda la vida ha pasado de promover el texto a la performance, de la escritura al movimiento y de la meditación al impacto.

En contraste con la cultura propia del libro, que requería aplicación e intensidad en la atención, la cultura audiovisual reclama extroversión y extensividad sensorial ante el panorama. Leer evoca una acción con profundidad para descodificar apropiadamente los garabatos, pero las pantallas o los panoramas se corresponden con una recepción en superficie. >>>> MÁS >>>>

CONTRA LA PERFECCIÓN

Posted in normal by jgtejeda on mayo 24, 2008

(DEL BLOG DE VICENTE VERDÚ) Mi amigo psiquiatra, un formidable hombre culto, me hace ver repetidamente que el mundo es así como es y los seres humanos tan irremediablemente imperfectos como nos parecen.

El diagnóstico, contra lo que parece, dista de ser una consigna conservadora o una orden de mansedumbre universal. Se trata más bien de una luz tranquila >>>> más >>>

BEATERÍA CULTURAL

Posted in normal by jgtejeda on mayo 4, 2008

DEL BLOG DE VICENTE VERDÚ: El escritor parecía hasta hace poco un elegido, un semidios de lazos privilegiados con la inspiración divina proveniente del más allá. Hoy, sin embargo, miles de escuelas enseñan a escribir y ser autor de libros como una actividad artesana más. El oficio de escritor, como el de pintor, son oficios al estilo de los demás y quien posee, además, talento o genio al practicarlos, destaca en sus producciones. No deja por eso, sin embargo, de seguir siendo ser un productor, un mero trabajador del oficio y un ser humano como todos los demás. El culto al escritor, el culto al artista, la veneración, pertenece al pasado. Anacrónico, vetusto, beato, la adoración prestada al artista corresponde a un tiempo en que el arte sustituyó a la religión y la llamada inspiración a las revelaciones del cielo. Más en el blog de VV >>>>

DEMASIADA IMAGINACION

Posted in enredillo by jgtejeda on abril 28, 2008

donner.jpg Fue Vicente Verdú, de vuelta de un viaje, el que dejó caer el título sobre la mesa, Contra la imaginación, dijo, y yo pensé al momento que no recordaba haber escrito aún ese libro, a pesar de tenerlo completamente dispuesto en la cabeza. De su autor no dio datos, ni recuerdo si dio su nombre, y sobre el libro añadió que sus primeras cuarenta páginas eran francamente buenas, y quizá dijo más, pero yo no estaba en nada, y sólo quería volver a Barcelona para llegarme a La Central y ver si me lo podía llevar aquella misma noche a casa. Estaba, claro que estaba, Antonio lo traía con su media sonrisa de buscador de perlas satisfecho, en la mano lo traía, una sobria cubierta azul negra de Fayard y flotando en letras pálidas Christophe Donner, Contre l’imagination.

“Un veneno infesta la literatura: la imaginación”. Así arrancaba. Así yo lo tenía también más o menos previsto, aunque creo que llegado el momento habría mantenido fantasma en vez de veneno para hacer más audible la parodia de la primera línea del primer manifiesto, y para reforzar el carácter que yo atribuyo a la imaginación y a los cultivadores de la escritura imaginativa. Un par o tres de páginas más adelante, sin embargo, me di cuenta de que la lectura de este libro iba a ser en extremo singular. Me vi preguntando a Donner —no tenía la menor idea de quién era, pero habían bastado tres páginas para hablarle de tú— y a éste que respondía de corrido, con una seguridad, una amenidad y una profundidad impagables. ¿Por qué en los orígenes de la ficción no se alude nunca a las circunstancias extraliterairas que obligan a un escritor a utilizarla?, me preguntaba. Ahí estaba él: “¿Para qué sirve la imaginación. A veces para salvar la piel. Uno tiene la necesidad de decir, pero no puede hacerlo, porque la policía estará al día siguiente en tu puerta. Es preciso entonces maquillar las palabras, inventar parábolas, localizar la historia en lugares lejanos y en tiempos remotos o futuros, allí donde el presente no puede reconocerse”. Donner seguía, a toda prisa, después de aludir a Wilde, describiendo las consecuencias de esta claudicación: las raíces cortadas del proyecto literario. Pero antes de cualquier objección posible ya estaba hablando de los escritores de hoy. ¡De los escritores libres!: “El escritor menosprecia la verdad y la hace pasar a un segundo plano, su trabajo principal consiste entonces en saber cómo no debe usar su libertad. Dicho de otro modo: qué estilo fabricarse. El mérito retrospectivo que se concede a las grandes obras no reside nunca en sus cualidades imitables, útiles para su arte, sino en la audacia que se reconoce a la mirada del artista sobre su época. Esta audacia, que tiene poco que ver con el estilo, contiene un ímpetu que puede venir de la irritación (Céline), o de una insumisión discreta, pasiva, como de un flirt con la neurosis (Kafka), pero es siempre en último término esta audacia inimitable la que determina la grandeza de estos escritores”.

Pedí un instante de calma para hablar de la novela. Fue un error: “A fuerza de consentirle el respeto que ella nos solicita, la pretendida vena imaginativa ha constituido un imperio. No solamente social, con los premios literarios que se le reservan, el éxito que se le garantiza, sino sobre todo un imperio intelectual y moral de lo más despótico. La imaginación se ha servido hábilmente de la novela para aniquilar la poesía, someter al relato y al cuento, repeler las crónicas hacia el fango del periodismo; la imaginación ha calumniado el diario calificándolo de nominalista, con todo el sobrentendido sexual y masturbador que eso comporta”.

Mucho más allá de las cuarenta páginas, de la aduana de Verdú, aparecía el yo. Hay palabras que estropean cualquier fiesta. Prueben con yo y verdad, y verán como los estetas empiezan a registrarse nerviosamente los bolsillos. Se comprende: siempre es más difícil detectar a un imbécil cuando miente en tercera persona. Donner cita a Deleuze. Lo cita para completar, en las humanidades, el trabajo que han hecho Bricmont y Sokal (Imposturas intelectuales) en la física. Dice Deleuze: “La literatura sólo empieza cuando nace en nosotros una tercera persona que nos desposee del poder de decir yo”. Dice Donner: “Estupideces. ¿Para qué sirve enviar personas a la luna, qué se espera de ellos, para qué se invierte todo este dinero. Se espera su relato. Y que nos digan yo.

No puedo desmenuzar todas las preguntas que siguieron. Me llevaría tres crónicas. Donner aún no ha sido traducido. Tengo como una obligación. Transcriptora. “La transcripción de lo real no es una obsesión estilística, y aún menos, la fuente de una corriente literaria, sino que se trata de la esencia misma del arte, del deber de la literatura. Porque es de nuestra existencia de la única que puede dudarse en el interior de lo real. Y el arte está incansablemente obligado a confirmar nuestra existencia allí. Se trata de un trabajo noble y sin fin”. Las últimas páginas de este libro admirable vinculan la ciencia, la literatura y el resto de las artes, enfrentadas a su reto secular. “Desnudas frente al hombre y encargadas del mismo deber: saber”.

Todo el descrédito de la literatura está en la imaginación.