juan guillermo tejeda

50% DE FINANCIAMIENTO ESTATAL PARA LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

Posted in normal by jgtejeda on enero 15, 2009

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Por fin alguien se atreve a decirlo. En un magnífico discurso, el Rector de la Universidad de Chile Víctor Pérez plantea que Chile, a diferencia de los países desarrollados, carece de una política sustentable para sus universidades públicas, y esa carencia lastra a todo el sistema de educación superior. Sostiene el Rector que en el tema universitario el país sigue anclado al modelo de la dictadura, y que se necesita una política de nuevo trato. El estado debe hacerse cargo de dar un financiamiento sensato a sus universidades, cuyo piso mínimo es el 50%, en tanto que ellas deben transparentar sus cuentas, modernizar sus sistemas de gestión y ponerse al servicio de la calidad, la equidad y el bien público. ver discurso completo >>>>>>

UNIVERSIDADES PÚBLICAS DEL MUNDO, UNÍOS !

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on enero 9, 2009

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Con destacados expertos,  planteles estatales de diversos países del mundo se darán cita en la Universidad de Chile. La experiencia extranjera será protagonista del análisis y reflexión del Encuentro Internacional de Universidades Públicas. El Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile será el punto de encuentro para representantes de prestigiosas Casas de Estudios de todo el mundo, los días 14 y 15 de enero. “La Universidad Pública: Desafío para el Siglo XXI”, evento organizado por la Vicerrectoría de Extensión, fomentará la reflexión sobre la situación actual de la Educación Superior del Estado. Rescatar el carácter público de las universidades constituye el objetivo de este encuentro internacional que convocará -en la Universidad de Chile- a destacados conferencistas de Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra y Francia. MÁS>>>>>>>>>>>

DERRUMBE UNIVERSITARIO

Posted in enredillo by jgtejeda on octubre 15, 2008

El modelo de desarrollo chileno excluye a las universidades públicas. Éstas han quedado como un residuo del ayer, y por eso es que nadie que se precie piensa en ellas, ni en las políticas que debieran desplegarse para que sean (como en el pasado en Chile, como hoy en todos los países desarrollados) uno de los pilares del desarrollo, de la educación y la equidad. Las universidades públicas son pensadas como una desgracia que hay que corregir achicándolas, haciéndolas perder peso, legislando sólo en favor de las privadas, o tratando a universidades privadas y públicas como si fuesen las misma cosa o tuviesen un mismo rol. El débil lobby de los rectores encabezados por Zolezzi, de la Usach, para conseguir un fondo especial que permita reemplazar a muchos académicos que debieran pasar a retiro, está fracasando. Las universidades estatales tienen el pecado original de ser estatales, y el estado no está bien visto en Chile. Pero es preciso pensar también en que los derrumbes bursátiles de estas semanas han ocurrido precisamente porque se ha considerado que los privados son más confiables que el estado para mover el dinero. El derrumbe universitario no es tan sonoro como el de la bolsa, pero probablemente sus efectos sean más dañinos y perdurables. El modelo chileno es la alianza entre un mercado fuerte y un estado débil.

AGUSTÍN SQUELLA PIDE MÁS ESTADO

Posted in profesor by jgtejeda on junio 16, 2008

EN EL MOSTRADOR, ENTREVISTA COMPLETA AQUÍ>>>>>>>>>>

Durante el gobierno de Ricardo Lagos uno de sus nortes se refería a la refundación de la República. Hay íconos de este republicanismo, como las universidades estatales, que hoy están en una seria crisis. ¿hay un retroceso en este aspecto?

-Es un hecho que las universidades estatales han estado claramente desatendidas por el Estado. No desatendidas del todo, pero sí atendidas por debajo de la importancia que tienen, de las necesidades que arrastran y de la precaria situación en que las dejó el régimen militar, sobre todo en regiones.

Salvo el caso de la U. de Chile, las universidades estatales continúan rigiéndose por los mismos estatutos que para cada una de ellas dictó el gobierno militar. ¿Puede haber un mejor y más patético ejemplo de la desatención que mencioné antes? Aunque, para ser justos, en esa tan anómala situación cabe también responsabilidad a las propias autoridades de las universidades estatales, y a las comunidades académicas y estudiantiles de éstas, para las cuales el cambio de los estatutos no ha constituido hasta ahora prioridad.

Pero la más bien escasa atención que han recibido del Estado no puede excusar la mala y aun pésima gestión que ha habido al interior de algunas universidades estatales en lo que va corrido de 1990 a la fecha.

Me gusta decir que las universidades estatales no pueden pronunciar la palabra “autonomía” para mantener lejos de ellas a los gobiernos, y olvidarse de la autonomía y correr al Ministerio de Educación o de Hacienda cada vez que por una mala gestión se han metido en problemas. Y tampoco los gobiernos pueden escudarse en la palabra “autonomía” para no intervenir, en casos en que deben hacerlo, en universidades que son del Estado, que pertenecen a la sociedad chilena en su conjunto, y cuyos directivos las puedan estar llevando en un momento dado directamente al abismo

En una columna publicada en Terra, Guillermo Tejeda afirma que el “pinochetismo institucional” se quedó a vivir con nosotros. Y da como ejemplo la educación universitaria pública, argumentando que está abandonada a su suerte y que la universidades privadas en muchas ocasiones no pasan de ser negocios inmobiliarios o de adoctrinamiento religioso o ideológico

-Hay mucho de cierto en tales afirmaciones, aunque habría que matizarlas en el sentido de que existen algunas pocas universidades privadas -muy pocas a decir verdad- que han dado pruebas de estar prestando servicios educacionales por motivaciones más dignas que hacer dinero o pastorear jóvenes hacia sus capillas filosóficas, religiosas, o empresariales.

LA GUERRA DE LA EDUCACIÓN EN CHILE

Posted in ocurrencias by jgtejeda on mayo 16, 2008

TERRA MAGAZINE / Juan Guillermo Tejeda __Santiago, Chile

La educación en Chile tiene algunas características difíciles de negar. Es profundamente clasista e inequitativa, favoreciendo más a los que tienen más y menos a los que tienen menos. Su calidad es muy baja si la sometemos a indicadores internacionales. Ampara a negociantes oportunistas que nada tienen que ver con la educación. Promueve escandalosamente el adoctrinamiento religioso de los niños con apoyo de fondos públicos. Además, siguiendo tendencias de políticos o sociólogos, se la ve como una herramienta para surgir en la escala social, desviándola de su fin natural que es el de formar personas integrales. Nuestros colegios y universidades no fomentan la integración, sino la discriminación y segmentación de la sociedad. La educación chilena es una de las más privatizadas del mundo, una de las menos reguladas.

Con todo, es preciso dejar establecido que en Chile no existe analfabetismo, que todos los niños tienen educación, y que a la universidad y demás instituciones de educación superior llega casi la mitad de la población juvenil en edad de hacerlo, lo que es una cifra muy alta según estándares internacionales.

La batalla de la educación es, además, una operación confusa sobre la cual cuesta formarse opinión, ya que concurren a ella cuatro huestes o bandos.

Están por una parte los herederos de la dictadura, amigos del lucro, de la opacidad, del desvío subrepticio de fondos públicos para hacer negocios, y que, en todo caso, apuestan por una educación autoritaria, elitista, donde los valores ciudadanos no tienen vigencia alguna.

En la trinchera más lejana a éstos están los revolucionarios que lo piden todo, y que estarán siempre en la calle, en la protesta, en la toma, en la no negociación. El incendio permanente del sistema provoca simpatías y genera por cierto algunos avances, como ocurrió con los pingüinos, jóvenes estudiantes secundarios hastiados de recibir una educación paupérrima y discriminatoria. Pero al mismo tiempo, desde sus ideales totalizantes, este grupo no percibe las diferencias y ve como inservible a todo lo que no se acomoda a su particular idea de cambio, un cambio que sólo será real con la caída del capitalismo, el fin de la globalización y el desplome de las instituciones burguesas… En los hechos, la acción revolucionaria genera espasmos mediáticos intermitentes que no tocan finalmente a los procesos políticos y económicos que deciden qué educación vamos a tener.

Al Ministerio de Educación han llegado con la nueva ministra los expertos y amantes de lo que podríamos llamar la postura comunitaria o católica, cercana a posiciones conservadoras moderadas, y que en el último tiempo se ha aliado con algunos grupos del liberalismo ilustrado local. Su ideal, encarnado en la Universidad Católica, es elevar la calidad; mantener el sistema que existe limando un poco sus aspectos más sórdidos; asegurar el predominio del adoctrinamiento religioso; y establecer una amplia zona gris entre educación pública y educación privada, de tal manera que sea posible un continuo deslizamiento de los fondos públicos a los establecimientos privados que cuentan con buenos baños y estudiantado rubio. El estado sería un modesto regulador entre privados y, llegado el caso, un distribuidor de limosnas a los más desposeídos (la mayoría del país). Una de sus herramientas más exitosas ha sido la aplicación de criterios abstractos de calidad, sin considerar las heterogeneidades o marcas históricas de la educación chilena.

Por último, late en el alma nacional el ideal republicano de la educación, cuyo bastión en la educación pública de calidad. Basándose en la educación fiscal histórica y en la Universidad de Chile, este grupo considera que basta mirar el funcionamiento de los sistemas educacionales de Europa o de los países anglosajones para percatarse de que en Chile falta más Estado en la educación: en los Estados Unidos el 80% de los universitarios va a universidades públicas, y en Europa las universidades públicas son casi el 90%. ¡Qué diferencia con nuestro sistema tan desigual y privatizado, tan tercermundista¡ El Estado chileno crea universidades pero les niega los fondos para operar adecuadamente, y eso es una hipocresía. La educación pública lo es realmente si es capaz de convocar, a través de establecimientos de calidad, a estudiantes de diversos grupos sociales y económicos. Sus ideales son la no discriminación y el no adoctrinamiento religioso. Sus pecados, la burocracia, la cultura de la queja y la persistencia de masonerías sumergidas.

Ojalá que nueva ley de enseñanza no sea una continuación edulcorada de la que hay sino un cambio que refleje los valores históricos y profundos de nuestro país, y que se expresan en la igualdad de oportunidades, en el pluralismo, en la sana convivencia entre lo privado y lo público sin que uno devore al otro. Todo ello sólo es posible si la educación pública recupera en Chile un nivel que le permita funcionar según estándares internacionales de calidad.