juan guillermo tejeda

ROSADO DE BANDOL (Y VIII)

Posted in cotidiano by jgtejeda on julio 24, 2012

esto lo pone arcadi espada en su blog de verano, que allá están en eso mientras se les abre la tierra —- He escrito alguna vez que la melancolía de los libros de viaje de Gaziel es una de las razones de su atractivo infinito. Gaziel viaja a los lugares y ve y cuenta lo que ya no está. La melancolía llega a su apogeo, casi manierista, cuando lo que se describe en los lugares es él mismo. Que ya no está. No porque no haya llegado, sino porque ya se ha ido. Muchas de las escenas de esos libros acaban con el viejo Gaziel diciendo aquí no volveré más. Creo recordar que en alguno de ellos incluye una cierta teorización sobre el asunto: dice que hay un momento en la vida de un hombre en que todos los viajes que hace son los últimos viajes.

La pregunta que me hago, con las maletas ya en la puerta de la casa de madame Engrand, es si, en realidad, alguna vez se vuelve. Hace un par de días escribió Capel un post sobre las decepciones. Volvió a comer una Sacher en Viena, después de muchos años. La encontró reseca. Se asombra. Y se extraña, porque, dice, la sacher siempre es la misma, con los mismos ingredientes y los mismos volúmenes milimetrados. Sí, la tarta sí.

Él no.

La tarta está reseca porque la memoria fue macerándola y la llevó hasta alturas míticas: el descenso a la realidad es vertiginoso y brutal, y vulgar. En aquella tarta estaban además gentes y cosas que han desaparecido o se han transformado: ese líquido se evaporó y es perfectamente explicable que la tarta esté reseca. Pero sobre todo está aquel que probó por vez primera la tarta y este otro que ilusoriamente cree que reincide.

Nunca se vuelve.

ALAMEDA

Posted in extraño by jgtejeda on octubre 24, 2010

aún tiembla borroso el recuerdo
del tiempo vivido sin vida
qué hice de mí en esos días
o meses o años quién sabe
mi cuerpo sin cambio ninguno
en silencio mis pálidas células
una puerta entreabierta, los libros
las baldosas negras del baño
persianas de luz a rayitas
pisadas, mi padre enjaulado,
tacones, mi madre saliendo
y yo como mancha invisible
que iba al colegio o volvía
grisácea la calle Moneda
las manos de mis compañeros
empujadas por huesos y nudos
sus cuellos se alzaban, las nueces,
cambiaban la voz, las palabras
las risas, los juegos violentos
yo dormitaba lejano
en la jungla, en batallas del cosmos
transcurrían la tarde, la radio
el tiempo clavado a la mesa
y yo secuestrado y sintiendo
era un pulpo flotante sin alma
ciego sin ver, sin ser visto
y ahora me asalta ese tiempo
cada noche regreso al silencio
me robaron un trozo de vida
se repite el color del vacío
que pudiera haber sido dorado
salpicando mi piel de alegría
o confuso, rodeado de rostros
una acequia que canta es la vida
y sigue su curso continuo
me encontré con el mundo de a poco
y tracé las hazañas del hombre
no me falta el orgullo ganado
ni el amor, ni el sabor, ni el encanto
pero al alba en las horas inciertas
se dibuja de nuevo aquel mapa
donde no están las batallas de joven
y en lugar de canciones hay frío
el paisaje debiera ser otro
mi destino es llenar mi destino
alimentar el vacío que vuelve
a romperme la paz de mis días
volver a vivir lo evitado
y mirar ya no más mis adentros
descubrir lo que trae la gente
flotar en el cosmos del día
encontrar las miradas brillantes
sanar la materia hecha tiempo

TIEMPO Y ESPACIO

Posted in ESCRIBO, extraño by jgtejeda on mayo 6, 2010

mi hija tiene ya sus propios hijos…. Borges me sale de una estantería, poético, comparando el tiempo infinito con el nuestro que es tan poco….. estoy de paso y no estoy en esta ciudad… tengo el alma en Santiago, a 12 mil kms de distancia…. son las 9 de la mañana, o sea las 3 en mi cuerpo….

SÓLO VERANO

Posted in dignidad by jgtejeda on marzo 10, 2010

No soporto más horarios. Mi reloj es lo que me pide la piel. A partir de ahora, lo juro, mi vida será un verano. A lo sumo unos horarios regulares como los de Helvecio mientras fue feliz (según el devorador Onfray): ________ sus jornadas en el campo, programadas, suponen un empleo regular del tiempo: trabajo por la mañana -lectura y escritura-, almuerzo anunciado por una salva de mosquetería y tarde dedicada a los amigos, la conversación, la caza, la compañía de las mujeres….