juan guillermo tejeda

PIEL MORENA

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 16, 2008

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(POR JGT, HOY EN LUN>>>>)

Toda la piel negra que hay en el mundo proviene de África, continente que, desde que sabemos, sufre de pestes y pobrezas, de dictaduras, guerras y hambrunas. La gente de color se ha desquitado tradicionalmente de sus esclavitudes mediante el ritmo musical o erótico, o a través de las hazañas deportivas. Pese a los maltratos y desprecios padecidos, los cuerpos africanos saltan, rebotan, resisten, corren, siempre con elegancia, o el menos así es la imagen que tenemos de ellos. Algunos se convierten en supermodelos, superatletas, supercantantes. Hay una sed de selva que nos lleva recurrentemente a la cosa morena, al labio grueso, a esas culturas coloridas y espontáneas donde la vida y la muerte se dan la mano varias veces al día. Decía Brian Eno que a los computadores les hace falta “más África”.


Ahora tenemos a uno de estos seres de piel negra como líder mundial. El hombre ha sido elegido por votantes negros, blancos, asiáticos, colorines y latinos, para hacer de jefe del imperio norteamericano. No se trata ya de camisas floreadas ni de tambores ni de saltos altos o largos. La piel africana ha conquistado el poder duro.


La novedad ha llenado el ambiente de esperanzas, de declaraciones admirativas, y también de chistes. Es que lo negro siempre nos ha provocado a los blancos una cosa chistosa. Todas las razas se burlan alegremente unas de otras. Es quizás una manera de afrontar el desconcierto ante patrones orgánicos desconocidos. Los chinos hablaban de los europeos como “seres de narices gigantescas”, y en alguna película se referían unos brothers del Bronx a los blancos como “aquellos tipos con penes chicos y arrugados”.


El inteligente señor de piel mulata, la primera dama afroamericana y sus dos niñitas ya han visitado la Casa Blanca para preparar el traslado. Como cantaba Violeta Parra en esa canción entre divertida y triste: “Negros novios y pairinos, negros cuñados y suegros y el cura que los casó era de los mismos negros”. Esta vez la piel morena ha saltado del folklore a las altas esferas de la política mundial. Para que ello ocurriera hicieron falta talento, inteligencia, liderazgo; es decir, no aquella capacidad vagamente orgánica que le atribuimos desde el prejuicio a la gente de color, sino capacidad a secas.


Habrá, pues, que repensar o rebobinar los chistes. Nuestras cabezas racistas deberán entender que en el mapa mundial de la piel humana se está produciendo un cambio mayor. La agilidad, el brillo del cuerpo, el grosor de los labios, la blancura dental, no bastan ya para dar cuenta del fenómeno africano. Se han roto los límites de la periferia racial. En fin, lo estábamos viendo ya en las series que pasan por el cable, donde los cuoteos de raza han variado mucho, o en campañas publicitarias de aire global como las de Benetton. El mundo está cambiando de piel.

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ETERNAMENTE DESNUDOS

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 2, 2008

Oscar Tusquets, célebre arquitecto catalán, o sea español un poquito a desgana, acaba de publicar un libro –Contra la desnudez– en contra o a favor del desnudo, la verdad es que no queda claro. Da lo mismo, porque el texto es divertido. Las ilustraciones muestran cómo los artistas se han afanado desde la antigüedad hasta hoy por representar la materialidad de los humanos en su esplendor, sin ropa, sin zapatos, todo a la vista.

Se decidió Tusquets a escribir el libro después de ir a una playa de Ibiza. Multitudes en cueros se apretujaban a la orilla del mar, y tras luchar por encontrar un sitio logran él y su señora poner sus toallas. Es en eso que llega una nórdica entrada en kilos y en años. Al dejar caer ella a tierra su cuerpazo, salpicando gotas de agua de mar y granitos de arena, nota nuestro sutil arquitecto que de entre las nalgas le brota a la dama el cordelito de un tampax. Conclusión: la desnudez no es para cualquiera.

El autor sostiene que las poses artísticas del cuerpo desnudo son escasas. De pie, está el célebre contrapposto, que a diferencia de lo que ocurre con el simétrico cuerpo de los militares en formación, se apoya en un pie soltando el otro, lo que al hacer subir la cadera genera torsiones en los hombros, el cuello y la línea de los ojos. Es la postura de muchísimos desnudos de Grecia y Roma. Entre los italianos renacentistas se repitió muchas veces la figura yacente de Afrodita o Venus, diosa pagana de la cópula feliz. En cambio los desnudos sentados -salvo excepciones como las de El Beso de Rodin- no alcanzan a tener el necesario glamour.

Otros capítulos se dedican a “fragmentos corporales agradecidos”, por ejemplo el culo, que así le llaman los españoles a nuestro cauto trasero, y del masculino se afirma que es un atributo que sirvió de inspiración a clásicos y a renacentistas. Miguel Angel Buonarotti tenía gran habilidad para representarlo en sus esculturas, y en cambio las tetas, que en Chile preferimos denominar pechugas, las esculpía con torpeza. No se gasta el autor en airear su condición de macho (como nos sentimos obligados a hacer los chilenos), y sus observaciones se desparraman por las anatomías de ambos sexos. Algunas reflexiones dedica Tusquets al difícil arte de representar el pene, señalando que los griegos, incapaces de dar a este mutante atributo sus dimensiones reales, se conformaban con ponerle genitales de niños a los cuerpos adultos. La vagina remite, en cambio –sobre todo en el arte moderno- tanto a la tibia sensación de acogida como a diversos terrores psicoanalíticos.

En fin, una lectura recomendable para los aficionados al arte, a la desnudez o al pudor. (POR JGT, HOY EN LUN)

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BRONCEADOS, FAMOSOS Y RICOS

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on octubre 5, 2008

POR JGT, HOY EN www.lun.cl ____________ Ahora que los bancos y los inversionistas sufren, nos preguntamos nosotros, ciudadanos pálidos y modestos de clase media, si estamos o no invitados a ese sufrimiento. Uno se pregunta cómo debe ser concretamente uno de esos inversionistas internacionales asustados por la crisis, o sea un inversionista top, global, de verdad, y piensa en algún galán maduro y bronceado a bordo de un yate en las Bahamas dictando instrucciones por celular a sus agentes en Wall Street, o en una anciana aristócrata sumida en las penumbras y alfombras de su departamento de diecinueve habitaciones en la Quinta Avenida que trata de entender lo que le ha venido a explicar su contador.

En fin, estos seres de uñas cromadas se han vuelto vulnerables, y los precios de las acciones resulta que están volátiles mientras las bolsas van dando tumbos. El mercado no obedece, como que se le echó a perder el mando a distancia, y en lugar de la frialdad del dinero nos encontramos con que los dealers y los brokers sienten pena, miedo y otras cálidas emociones que creíamos reservadas para la gente normal. El sentimentalismo ha llegado también a los bancos, y en el mundo bancario hay ahora corazones palpitantes.

Si cuesta imaginarse en concreto la figura de un inversionista mundial, más arduo es saber qué es exactamente un banco, o un banco de inversiones, sobre todo si opera en Nueva York o en Londres. Lo que vemos de los bancos, por lo menos en nuestro país, suele ser muy poco: un logo, campañas publicitarias, cajeros automáticos, y unos localcillos con burócratas de gestos precisos que anotan todo en un computador. No parece que tengan mucho billete contante y sonante. En verdad los billetes han desaparecido del tráfico económico y casi todo va hoy por internet. Lo sabemos mientras revisamos nuestras modestas cartolas. Los bancos operan mediante préstamos, letras, hipotecas, pagarés, seguros, operaciones todas ellas abstractas, parecidas a un póker, donde casi siempre está involucrado el futuro.

Todos queremos ser ricos, famosos, guapos y eternamente jóvenes, y sobre ese deseo que sólo algunos consiguen se construyen los negocios humanos de hoy. Cuando las bolsas suben y los inversionistas están sonrientes no quiere decir necesariamente que el bronceado nos vaya a llegar a todos. Pero es casi seguro que si hay crisis los malos resultados se repartirán democráticamente. De tal manera que ahora que se les hunde el yate a los titanes sentimos el deseo de ir ayudar, nosotros que apenas flotamos con alitas de plástico en las misteriosas aguas de la economía.

Si entendiéramos cabalmente las claves de la economía nos dedicaríamos, por cierto, a ser uno de esos inversionistas fabulosos. Pero como los asuntos del dinero nos son más bien misteriosos, nos limitamos a sobrevivir. Y en ese empeño sentimos el ciego impulso de solidarizar con los escasamente solidarios.

TODOTERRENO: LA MADRE HASBUNA

Posted in ocurrencias by jgtejeda on junio 29, 2008

(HOY EN www.lun.cl POR JGT) >>>>>>> Merodeamos por los canales del cable haciendo ese zapping medio atontado que tanto nos sirve para escapar de las maldades del mundo. Las noticias, los monitos animados, los canales alemanes o italianos o franceses, el rincón de los gourmets, los rollos culturales o de viajes, las series de acción, todo va pasando ante nuestros ojos, hasta que indefectiblemente caemos en ese extraño canal de curas y monjas que es EWTN.

EWTN ofrece la fórmula de la lentitud. Contra el vértigo de escenas de acción con autos explotando y protagonistas emergiendo milagrosamente ilesos de entre las llamas, el divino canal sitúa en la pantalla a una monja de cabeza cuadrada con esquinas redondas y enormes manos, una especie de madre Hasbuna que lee y comenta interminablemente un gigantesco libro sagrado. La inmovilidad de la escena es cautivadora. Ella se expresa en inglés, pero una voz angelical va traduciendo sus dichos, que es todo aquello que escuchamos cuando éramos chicos, una prédica tranquilizante y monótona. Así es que nos quedamos en esa escena simétrica y de color café, y nos cuesta partir.

En otras ocasiones la monja no está, pero hay un predicador español parecido a los curas franquistas que ofrece un cielo a base de coscorrones, cobijado por una escenografía compuesta por unas letras muy extrañas. Incluso a veces emerge de las llamas y luces del canal la figura globalizada de nuestro propio padre Hasbun, con un juego de dedos un poquito especial y sonrisa de dolor, siempre entusiasta y vehemente en la tarea de inculcarnos lo debido y apartarnos de lo indebido.

Uno piensa si es normal o no que la religión, que es cosa de misas y de colegios, se haya transformado en un canal televisivo, pero lo cierto es que en Chile casi todos los canales siempre han sido católicos. La diferencia es que EWTN no tiene publicidad ni se ha vendido al mercado. Lo más bonito son las misas del papa, quien las hace con muchísima gente y con la más calmada de las calmas, ayudado por muchos obispos y curas y auxiliares, y todo es tan lento, a menudo al aire libre, con un poquito de viento levantando un paño y acariciando un mechón de pelo. De tal manera que se queda uno hipnotizado observando aquellas blancuras tocadas de dorado, y olvida las persecuciones de automóviles, los balazos, las noticias espantosas, los clips musicales y todo lo demás que habita el cable. Como que EWTN nos hace levitar.

Nos hacemos de a poco fans de la extraña fauna de este canal católico. Unas novicias de vestimenta azul nos explican sonriendo que la felicidad está en las cosas simples. Unos actores de los años cincuenta, con barbas postizas, interpretan la resurrección de Jesús. Curas y monjas nos advierten y nos ayudan a separar el bien del mal, que según ellos no son partes de una misma cosa sino sustancias opuestas y diferentes. Observamos el dorado de las letras, las meticulosas escenografías, y pensamos otra vez, como cuando niños, en el cielo.

TODOTERRENO: NOS GUSTAN LOS ESTUDIANTES

Posted in ocurrencias by jgtejeda on junio 18, 2008

(por J.G.T…..publicado hoy, en www.lun.cl) ______________ Nos gustan los estudiantes porque, aunque se equivoquen, aunque de pronto se pongan insolentes o derechamente vándalos, llevan en su corazón una sustancia que el resto del país ha perdido: la integridad. Desde su integridad nos dicen estos revoltosos que estamos haciendo mal las cosas como país. Hablamos mucho de la educación y ofrecemos un sistema con una muy mala educación. Educarse bien quiere decir hoy entre nosotros algo así como trepar por la carrera del arribismo gracias a la plata de papá. Educarse bien es tener buenas relaciones, barrio adecuado, y dejar atrás al perraje. Educarse bien es -en realidad- educarse mal, aprender a ser ratas. Y este estilo perverso no le gusta a los niños, porque ellos son más derechos. Hablamos de educación pública pero la educación pública chilena es impresentable. ¿Dónde se ha visto tener una doña institución como la Universidad de Chile y aportarle el fisco a duras penas, forcejeando, el 20% de su presupuesto? En los Estados Unidos, que son tan neoliberales y anglosajones, el propio Schwarzenegger le pasa a la Universidad de California sobre el 50% de su gasto, y en Europa el apoyo estatal a las universidades, casi todas públicas, bordea el 80%. Ningún país desarrollado descuida a sus universidades estatales. Pero los chilenos queremos decir con la boca que tenemos universidades públicas y al mismo tiempo negar con el bolsillo la posibilidad de que éstas subsistan. Eso se llama inconsistencia. Eso es lo que la integridad de nuestra juventud resiente. Nos perdonan que seamos más viejos y más bobos. Pero no nos perdonan la hipocresía. ¿Para qué ser hipócritas? Si nos dan asco las universidades públicas, démosles el bajo, cerrémoslas de una vez. Si, por el contrario, creemos como cualquier país de los más ricos que sin universidades públicas no se desarrollan ni la ciencia ni las humanidades ni las artes ni la ciudadanía ni el pluralismo ni, finalmente, el conocimiento, entonces tengamos universidades públicas. Pero de verdad. Pagando la cuenta. Ordenando el sistema. Modernizando la gestión y poniéndola al servicio de quienes lo necesitan. Porque hoy, con más de 700 mil estudiantes a uno o dos millones al año cada uno, los chilenos gastamos más que nunca en universidades: pero estamos financiando un sistema desestructurado, sin regulación, de calidad irregular, que finalmente en lugar de acortar la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos, la agranda Queremos que nuestros niños y niñas dejen de revolverla y hagan las tareas, de acuerdo. Pero antes hagamos los ciudadanos y los políticos nuestras tareas. Seamos consistentes. Apoyemos nuestros dichos con nuestros hechos. Equilibremos el sistema. Tengamos buenas universidades privadas, y buenas universidades públicas.

TODOTERRENO: FRAMBUESERA DE MI CORAZÓN

Posted in ocurrencias by jgtejeda on mayo 7, 2008

publicado hoy en LUN >>>>> por jgt

Son éstos días volcánicos, y mientras el polvillo ensucia de blanco nuestra tierra del sur, mi reflexión cae lentamente sobre un tema que necesitaba madurar para ser abordado con altura de miras y, sobre todo, con justicia, porque de los justos –como tanto se ha publicitado– será el reino de los cielos.
Al tema, pues: se trata del rojo pecado de las frambuesas. Inmisericordes hemos sido con la subsecretaria que utilizaba, dicen, el auto y el chofer fiscales para repartir unos paquetitos de frambuesas a unos restaurantes del centro. Aunque era un microtráfico, a la pobre le ha caído encima la ley de probidad. Y les está cayendo a muchos otros cargos. Ha quedado claro que no se pueden usar los autos fiscales para ir a dejar a los niños al colegio o llevar a la peluquería a la señora del ministro o del capitán.
Probablemente sea un buen comienzo para ser más anglosajones. Pero yo pienso en nuestra mentalidad profunda, más provinciana, y, de acuerdo a ese modo antiguo de sentir, resulta feo que, estando el auto sin uso y el chofer esperando a que termine una reunión infinita, se queden sin repartir unos potes de frambuesas: pero qué te cuesta, no tengas mala voluntad.
Chile es un país escaso en recursos, y en muchos casos no podemos elegir entre usar el auto fiscal y el particular. Para muchos, haber llegado a desempeñar un cargo público constituye un logro histórico de la familia. Hay algo inhumano en que el recién nombrado seremi deje de pescarle el teléfono a la mamá o prefiera darle una peguita a una empresa abstracta antes que al cuñado.
Nos hemos criado bajo un suave polvo de favores y contrafavores que es muy propio de la cosa pública, donde los sueldos son bajos, el equipamiento feo y los baños ahí no más. Los funcionarios han llegado allí careciendo de las redes ampulosas de los ricos, que veranean en lugares selectos y ponen a los niños en colegios top y viajan a playas mundiales. Y entonces se piensa: ¿qué perversidad hay en hacer que el chofer reparta frambuesas en su rato libre?, ¿por qué la secretaria no va a redondear sus entradas usando su escritorio como punto de venta de cuchuflíes hechos en casa?
El pequeño pituto personal perpetrado al amparo de las instalaciones fiscales es, desde hace años, un suple de los ingresos mezquinos, una erupción de emprendimiento en un mundo sepultado por la burocracia. Como se ha visto, los empleos públicos son frágiles y pueden ser devorados por las dentelladas del mundo político. En cambio las frambuesas o los cuchuflíes son para siempre.
Mi corazón está, en este caso, al margen de la ley: está con la esforzada frambuesera, que no quiso o no pudo ser desleal a su familia, a su parcela, a su reparto de paquetitos. Miro desolado las humaredas del sur, y no comprendo por qué es preciso impedir que florezcan a veces las frambuesas en el triste suelo fiscal, en esta tierra dura que nos ha tocado habitar.

TODOTERRENO: AL COLEGIO O A LA CÁRCEL, CARAMBA

Posted in ocurrencias by jgtejeda on abril 9, 2008

(publicado hoy en LUN)

Directamente a la cárcel irán los padres australianos cuyos hijos se dediquen a capear clases. El proyecto de ley se discute en Sydney, y tiene como objetivo el que los niños no anden por ahí revolviéndola en horario de colegio. Esta filosofía carcelaria nos hace dudar: ¿es la educación un derecho?, ¿ es una obligación? No sabemos si la educación es para hacernos más libres, más sabios, o si la sabiduría consiste en quemar nuestros impulsos orgánicos para robotizarnos mejor.

Yo viví mis años de colegio como una larga cárcel, y hubiera preferido no consumir diez o doce años en esas aulas tenebrosas escuchando hablar a curas y a profesores de asuntos como los ojos facetados, las guerras púnicas y otras estupideces sin más objetivo que el de hacernos repetir lo mismo en una prueba días después. Al cura los ojos facetados le importaban un pepino, y lo que hacía arder la clase era la obligación de pasar por el tubo: o te aprendes el sistema ocular de las moscas o te pongo un uno y si persistes repetirás curso y finalmente serás expulsado. En fin, me hubiera bastado con no tener la obligación de asistir a esa educación del Liceo Alemán en base a golpes de puntero en las palmas o de humillaciones por parte del profesor a los alumnos por ser de apellido italiano, o de modales suaves, o de contextura obesa.

Eso fue hace años, lo sé, y ahora las cárceles educacionales son más psicológicas, más “entretenidas”. Igual se reconoce cualquier colegio porque está rodeado de un muro o una reja, y los pequeños reclusos saben que no salen del presidio en menos de diez años. El juego es el mismo: se trata de que los niños dejen de disfrutar de su cuerpo y de su tiempo y se acomoden a la geometría institucional a cargo de unos profesores de pupilas apagadas. Hay un evidente abuso infantil en todo ello. Los niños aprenden en el colegio a recitar materia que debieron aprender bajo amenaza, a alejar su corazón de las delicias del conocimiento, al tiempo que se entrenan en el sutil arte de las pandillas o de la resistencia larvada en contra del establecimiento. Está bien, debemos adaptar a esos pequeños salvajes que son los niños a los usos culturales de la sociedad porque así todos salimos ganando. Sin embargo muchos colegios son un primer paso al odio al trabajo, a la astucia para sobrevivir, al doble lenguaje, a una hipocresía de buenos modales rellena de resentimiento.

La última moda es encarcelar a aquellos padres cuyos hijos no van a estas cárceles para niños. Se trata de que los menores no pululen por la calle ni estén en la casa, cuando son precisamente la calle y la casa los lugares donde la vida transcurre de manera natural y sin artificio. Si las calles no son seguras y las casas están vacías no es ciertamente culpa de los niños sino de los adultos. Pero, en fin, cada cual a su cárcel, que así es más ordenado. JGT.

TODOTERRENO: ZAPATOS DUROS

Posted in normal by jgtejeda on marzo 12, 2008

(publicado hoy en Las Últimas Noticias) ……………… Juan Guillermo Tejeda

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Recién terminado un breve viaje intercontinental (no quiero irritar a nadie, no quisiera), lejana ya la ciudad barroca, festivalera y a la vez moderna en que pasé unos días, aterrizo en lo mío, en Santiago. Qué fea me parece esta cosa, y tanto que la quiero. Qué falta de estructura, cuánto peladero. No es que no hayamos avanzado, las cifras están allí, las exportaciones, los malls, en fin, los cajeros automáticos y el roaming y la pantalla extraplana, pero así y todo esta cuestión, como armado, no tiene pies ni cabeza.

El día a día está hecho de fragmentos, de detalles aislados. Sin embargo los humanos, para huir del pánico, para no enfrentar el vacío, armamos totales y a esos totales les ponemos nombres. Vemos el trozo gris de baldosa rota, acariciamos con la mirada una mancha de sol, y más allá una mata de cables colgando de una casa de dos pisos: del zapping de aquellos fragmentos hacemos una calle, quizá un barrio. Pues bien: me parece ahora que los fragmentos urbanos de esta ciudad maldita no pegan unos con otros, o pegan bastante menos que los de otras ciudades más afortunadas. Cuesta mucho componer una curva amable a partir de lo disímil. Pero somos empeñosos los chilenos, y nuestra pupila perceptiva logra finalmente fundir en un todo medianamente digerible lo que se va amontonando por obra de la casualidad o del abandono. Edificios gigantescos que devoran a los pequeños, bolsas de plástico flotando a diez centímetros del asfalto recalentado, y vengan el chalet con enrejado de fierro o la mansarda imposible. De esta suma de ocurrencias hecha con sumas muy diversas de dinero no es que no salga nada: sale este ratón gigante que llamamos Santiago, de cuyas deformidades no nos percatamos porque estamos dentro.

Pero el paseo por aquella ciudad hermosa me ha cambiado la vista. En fin, allí se respira una historia que los santiaguinos no nos soñamos, y por eso es que las cosas mismas de la calle nos dibujan un paisaje, guiándonos a través de unos reglamentos misteriosos. He regresado con los ojos demasiado limpios, y no puedo dejar de percibir el pegote de ruidos y de manchas en que vivo, las personas agachadas, las ventanas grises. No es justo que mi propia ciudad me parezca insufrible, lo sé, y tampoco me va a durar. Dentro de unos días mis ojos de ratón se las arreglarán para hacer de este mercado persa santiaguino un lugar habitable. Le voy a ir poniendo a Santiago, desde el vacío, la estructura de la cual carece. Como unos zapatos duros que se van amansando con el uso, regresará esta ciudad a mis brazos. Recuperaré su piel tibia y dorada, su calidez de siempre. Aunque de pronto, por la noche, se me aparecerá quizá otra vez el vapor helado de la fealdad ambiente, porque la fealdad es fragmento que no se suma, trozo que se odia con el resto. Y así es la vida santiaguina.