juan guillermo tejeda

HONOR PERDIDO

Posted in politik by jgtejeda on junio 8, 2011

Thomas Hobbes_____ no hay nada que aflija más a los hombres que la pobreza, esto es, la falta de aquellas cosas que se necesitan para la preservación de la vida y el honor ……… Hobbes es una especie de Jaime Guzmán, un brillante formulador que arrastra una implacable carga conservadora. Leerlo es casi siempre un goce o un pavor, salvo cuando incursiona en cosas religiosas en las que no creía mucho. Esta sentencia sobre la pobreza trae el tema del honor en peligro, de la humillación que significa la carencia, y habitualmente se mide a los pobres (los miden mucho) por las calorías o por los electrodométsicos, dejando de lado lo insultante que significa carecer de cosas mientras otros sí las tienen aseguradas. ¿Estudiaremos lo que significa a cada rato, desde el realismo o desde la paranoia, el honor atropellado por los demás, o el miedo a ello? También dice Hobbes que uno de los mecanismos que desencadena la guerra es el temor a que el otro nos haga daño… Hay un libro de Böll, El honor perdido de Katharina Blum, lo leí hace mucho y siempre lo he tenido presente, una chica que durante el caranal (alemán) pasa una noche de amor con un joven perseguido por la justicia por terrorista, y entonces la prensa se lanza sobre ella a destruirle el honor, le desperfilan públicamente la personalidad, la tratan de puta, de ayudista de los terroristas, etc… lo que en los medios se da como cacería, en los pobres se da como indiferencia, en ambos casos el honor queda perdido.

MEMORIAL

Posted in politik by jgtejeda on noviembre 8, 2008

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El memorial a Jaime Guzmán es, al mismo tiempo, un homenaje al senador víctima del terrorismo, y un saludo al terrorismo de estado de la dictadura a la que Guzmán dedicó sus talentos y su vida política. De allí el interés de sus promotores de contar con la presencia de Bachelet en el acto inaugural, y el enojo por finalmente no tenerla allí: ella tenía como función hacer de lavadora institucional de los crímenes pinochetistas. Bajo el manto de la personalidad carismática de Guzmán y del atentado terrorista que sufriera, se esconde la validación de los hechos de sangre que son el pilar de la institucionalidad que hoy vive Chile: ese es el verdadero alcance del memorial, blanquear la culpa, dar carácter de épica histórica oficial a lo que fue un régimen criminal y corrupto.  Los dos ministros de Bachelet  en la inauguración avalan con su presencia los valores y hechos del pinochetismo, y señalan a nuestros jóvenes el ejemplo de Guzmán como un modelo a seguir: hagamos muchas dictaduras; consideremos la tortura, el exilio, las desapariciones y campos de concentración como herramientas inevitables del orden. O han caído en la trampa, o secretamente les gusta esta operación de lavandería histórica y se avienen a ella con el pretexto de la convivencia democrática y el pluralismo.

La democracia, sin embargo, no es un término medio entre opiniones que están más o menos a favor del terrorismo y según de quien venga y contra quien se ejerza, sino que es justamente la cara opuesta del terrorismo. Los regímenes democráticos pueden ser quizá débiles o trabajosos en cuanto requieren siempre negociaciones entre grupos y miradas diversas, pero no pueden serlo jamás en el terreno de los principios. Si rechazamos el terrorismo, rechazamos también el terrorismo de estado y toda la putrefacta condición de los regímenes dictatoriales. Chile cuenta ahora con su primer monumento a la dictadura, bendecido por las autoridades democráticas. Vendrán más. Más opiniones sobre este tema aquí>>>>>. Y también aquí>>>>>.

BACHELET, LA PRESIDENTA QUE INAUGURA EL PRIMER MONUMENTO CHILENO A LA DICTADURA

Posted in politik by jgtejeda on octubre 9, 2008

Me conmociona que la Presidenta de la República asista a la inauguración del Memorial a Jaime Guzmán. Es este el primer monumento a la dictadura. Una dictadura no debiera tener monumento alguno en el espacio público de una democracia. Apoyar esta iniciativa por parte de nuestras autoridades democráticas y republicanas ha sido y es un error de proporciones mayúsculas, una debilidad, una confusión de conceptos que no se pueden confundir. Pongo de nuevo aquí un artículo que publiqué en terra.cl hace unos meses y que ha traído enormidad de comentarios (están todos en la página correspondiente).

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aparecido en http://www.terra.cl – 28 de febrero de 200, Juan Guillermo Tejeda >>>> La fuerte personalidad de Jaime Guzmán lo sitúa como un político chileno excepcional: ejerció con claridad un liderazgo carismático sobre una derecha dispersa y abatida, apoyó con fuerza a un Alessandri que resultó derrotado frente a Allende y, convertido este en Presidente, destinó sus energías a combatir al gobierno de la Unidad Popular. Parecía increíble que aquel menudo abogado de hablar tan católico, con un chalequito gris y un discurso de derecha medieval con matices fascistas -admiraba a Franco- e integristas -había sido colaborador de la revista Fiducia- pudiera calar en la sociedad chilena.

Tuvo éxito en este empeño, encabezó la resistencia a Allende, se batió con valentía y decisión contra las sombras del marxismo, y se transformó así en una figura fundacional de la dictadura pinochetista. Jaime Guzmán fue un político no tradicional, un polemista brillante y un negociador de enorme habilidad. Durante los años de Pinochet su rol fue, más que el de un actor, el de un contralor ideológico. Lo suyo era mandar a los que mandan, ejercer influencia, trazar la escenografía de la obra más que desempeñar roles específicos. Una de sus obras fue la Constitución del 80, una pieza profundamente antidemocrática.

Los trabajos académicos de Renato Cristi, Carlos Ruiz y Pablo Ruiz-Tagle muestran no sólo la raíz conservadora, integrista, de sus ideas, sino también el embrujo que estas ideas ejercieron sobre la derecha chilena durante la dictadura de Pinochet. Podríamos afirmar que tanto el pinochetismo como la democracia vigilada y el espacio público devaluado que vinieron después son obra de Guzmán.

La figura de Jaime Guzmán es excepcional por haber sido capaz de hacer una lectura -errada o no- de largo aliento sobre la realidad nacional, uniendo a su visión teórica una decidida y exitosa acción práctica. Fundó la UDI, el partido más nítido de nuestra derecha, y preparó el desembarco de los poderes fácticos en el nuevo contexto democrático.

Jaime Guzmán fue, por último, una persona austera, de convicciones religiosas profundas, poco amigo de oropeles, de costumbres algo atípicas. Su trágica muerte, ocasionada por un atentado terrorista en los inicios de la transición, conmovió profundamente a la clase política y al país.

Se entiende perfectamente que sus partidarios quieran levantarle un memorial: tal es el nombre escogido para el monumento que se va a inaugurar pronto en Vitacura. Sin embargo es preciso pensar que ese monumento es, a la vez, un homenaje a su persona y a la dictadura de Pinochet. Ambas lecturas están fatalmente ligadas. La vida política de Jaime Guzmán consistió básicamente en preparar, administrar y finalmente amarrar el legado de una dictadura. Dictadura violenta, cruel y según se ha sabido claramente después, corrupta, que dejó una profunda herida de ejecutados, desaparecidos forzosos, exiliados, represaliados, torturados. Pasarán décadas hasta que todo aquel desorden pueda ser reordenado.

Y la pregunta que surge es: ¿es correcto que en una sociedad democrática se levante un monumento a una figura pública que se identifica cabalmente con una dictadura? ¿Está Chile dispuesto a erigir estatuas a quienes, por las razones que fuesen y desde las ópticas que sean, forjaron un régimen tan contrario a los valores compartidos de esta sociedad? ¿Corresponde destinar trozos de espacio público a este tipo de homenajes? ¿Qué señales estamos enviando a las generaciones más jóvenes? ¿Será este quizá el primero de una serie de monumentos a ídolos de la dictadura? La excepcionalidad de la figura de Jaime Guzmán y sus notables cualidades personales no pueden hacer olvidar su rol estructurante del pinochetismo. Guzmán es una figura histórica, que sin duda será estudiada a fondo en los años venideros. Pero eso no hace de él necesariamente un ejemplo.

Por cierto que pueden los seguidores de Jaime Guzmán levantar los monumentos que consideren convenientes, faltaría más, están en su derecho. Lo sensato sería hacerlo en espacios privados y, que se sepa, las calles de Vitacura continúan siendo espacio público. Mientras en España han sido retirados de calles y plazas todos los monumentos que ensalzan a figuras dictatoriales, en Chile comenzamos recién a instalarlos.

DIARIO DE UN PROFESOR: ¿QUÉ ES, EXACTAMENTE UNA “TOMA”?

Posted in profesor by jgtejeda on junio 17, 2008

Las “tomas” arrancan de las antiguas luchas obreras, campesinas y sobre todo poblacionales. Ante una situación de explotación o marginación miserable, los explotados en su desesperación optaban por ocupar una fábrica, un predio agrícola o un terreno para irse allí a vivir. Las migraciones causadas por el auge industrial y el declive del campo llevaron a las grandes ciudades a un cinturón de familias que no tenían donde plantarse. Soliían entonces “tomarse” algún terreno mínimamente habitable y allí establecían sus poblaciones callampas. Muchas veces eran desalojados a la fuerza, con muertos o heridos. Otras ocupaciones, como la población la Victoria, lograron asentarse y formar finalmente parte de la ciudad.

Entretanto -estamos hablando de los años sesenta- en las universidades a las que llegaba una elite formada en parte importante por los hijos de familias acomodadas y en parte menor por familias en ascenso con algunas inclusiones mínimas de hijos de obreros o campesinos, en ese ambiente universitario concientizado se desarrollaba un instintivo movimiento de solidaridad hacia aquella otra gente que no tenía más remedio que “tomarse” un predio, una fábrioca o un campo, empeñando en ello incluso la vida. De pronto, un los universitarios “se tomaron” sus universidades. En Chile el movimiento comenzó en la elegantísima Universidad Católica en 1967, un año antes que las revuelktas de mayo del 68 en París. Los chicos de la UC, comandados por el estudiante de medicina y Presidente de la FEUC Miguel Angel Solar (apodado Condorito por su característico perfil, estaba en el Liceo Alemán un par de cursos más arriba que yo y era muy buena persona), le pusieron a la Casa Central de la UC un candado en la puerta. Como su acción no fue celebrada -sino al revés- por los medios de prensa conservadores, desplegaron en el frontis de la severa Universidad Católica un gran lienzo que decía: CHILENO, EL MERCURIO MIENTE. Eso fue hace 40 años, cuando la Alameda era una arteria respetable por donde pasaba “todo el mundo”. Los estudiantes “gremialistas” que se oponían a la toma estaban liderados por Jaime Guzmán, y más tarde recuperaron la Universidad Católica y ensayaron en ella un sistema de gobierno que se replicaría luego durante la junta militar de la cual fue Guzmán el principal asesor e ideólogo.

En fin, los estudiantes rubios y de colegios privados se habían “tomado” -como los obreros o campesinos”- un espacio, en este caso un espacio universitario. Y se dejaban barba, se ponían poncho y leían a Marx. La toma, como gesto épico, político y publicitario, se multiplicó en Chile. No hubo en esos años universidad ni facultad ni sala de clases ni pizarrón que no fueran “tomados” por los estudiantes. Como existía la autonomía universitaria, los carabineros no podían impedir las tomas, y los rectores y decanos, preocupados de sus asuntos académicos, dejaban hacer. De tal manera que aquello que para los pobladores significaba a a veces metralla, a veces culatazos y a veces cárcel, para los jóvenes de las universidades chilenas significaba quedarse con el local día y noche para disponer de él, aparecer en los periódicos y avanzar en al lucha política, siguiendo los dictados de los muchísimos comités centrales de los numerosos partidos y fracciones izquierdistas de aquel tiempo. Algunos de los dirigentes de esas tomas fueron duramente perseguidos durante la dictadura militar.

Han pasado los años, ha cambiado mucho el mundo, aparecen los cajeros automáticos, internet y tanta otra cosa, y las “tomas” siguen allí. Son un gesto, un símbolo profundo de algo, una actitud. Los que se toman la casa central de la Universidad de Chile no son pobladores desesperados. Son, perdonando la atroz expresión, clientes de los servicios (pagan por ellos), o dueños de los mismos (en cuanto ciudadanos chilenos), en su enorme mayoría no tienen que costearse la existencia, y saben que cualquier mínima magulladura que sufran durante la aventura de la toma aparecerá lujosamente en la prensa. Quienes “se toman” un establecimiento público son, en rigor, ciudadanos que privan a los demás ciudadanos del acceso a ese bien que por ser público es de todos. Son, a fin de cuentas, privatizadores que con su acción pretenden dar fe de su amor por lo público. Como los desesperados pobladores que ocupaban un terreno vacío expropiándoselo a sus dueños privados, estos jóvenes ocupan un espacio público en uso expropiándoselo temporalmente al resto del país. ¿De qué manera leen los demás ciudadanos estas acciones? Habría que verlo. Quienes están encargados por la sociedad de gobernar las universidades públicas “en toma” (las comillas están allí porque la toma no es una figura legal, es decir que es ilegal, y por lo tanto no existe un protocolo público para tratar con ella salvo el considerarla lo que es, un acto ilegal y proceder por la fuerza, y esto no se hace), estas autoridades sencillamente hacen dejación de sus responsabilidades, que se especifican en diversos reglamentos y leyes, pero da lo mismo. Porque el hecho cultural es el que manda, y según esa realidad las tomas son, en general, buenas, ya que buenas son las ideas a partir de las cuales se deciden y se ejecutan.

La “toma” reiterada de ciertos espacios públicos -la gloriosa y desmejorada Universidad de Chile entre ellos- puede leerse hoy por los ciudadanos corrrientes como una acción desesperada, a la manera de los proletarios de antaño. O como una acción política respetable. O como una costumbre simplona sin mayor efecto ni positivo ni negativo. O como un deterioro progresivo del espacio público al que la toma dice defender. O como un abuso más, aunque envuelto en papel luminoso. ¿Cómo se puede defender la necesidad del espacio público, de la educación pública, privatizando precisamente esos espacios?….” quiero que esto sea de todos así es que me lo tomo y no dejo entrar a nadie”. Este es un misterio que a mí, personalmente, me cuesta mucho comprender. Quizá me falte algún chip.

CAMBIEMOS LA CONSTITUCIÓN

Posted in politik by jgtejeda on junio 3, 2008

 DE EL MOSTRADOR >>> Editorial_______ La agonía de la Constitución de 1980

La crisis actual en el sistema político es transversal. Implica desavenencias tanto al interior de los partidos y coaliciones, a uno y otro lado del espectro político, como entre los poderes públicos e instituciones. El Congreso respecto del Poder Judicial, éste respecto del Tribunal Constitucional, la Contraloría versus el Poder Ejecutivo, y muchas variantes más. Todos expresan un tipo de malestar que les impide elaborar un sentido común necesario para encauzar sus problemas sin conflictos mayores, hasta el punto de crear la perspectiva de un eventual bloqueo institucional. Es común que en tales circunstancias los problemas exploten en los ámbitos de mayor debilidad. Hoy el “lado flaco” está siendo el ámbito electoral. Forzado por los partidos políticos, en su momento de mayor debilidad. Lo más vistoso de la crisis se vive en la Concertación, que en las últimas horas ha experimentado un rudo despliegue de sus principales líderes históricos, y en el propio gobierno, para frenar una iniciativa de liberalizar la coalición, adoptada por el PPD y el PR. Pero el fenómeno es general. En la oposición, aunque se busca manejar con sordina las disputas internas, no se ha podido evitar que ellas escalen a conflictos judiciales o escándalos de corrupción, lesionando la necesaria cohesión requerida para llegar a ser gobierno. Pero hay más. Tanto en la oposición como en el oficialismo una camada de dirigentes jóvenes se atreve a desafiar el núcleo ordenador de la política de sus respectivos bloques, y abrir competiciones que claramente se encaminan a terminar con la práctica de la política consociativa que ha predominado en el país. Como dijo hace unos meses el ministro de la Segpres, buscando una plaza pública para la política que Chile no tiene. Ello pone como telón de fondo el agotamiento de la Constitución de 1980 – reformas incluidas- para expresar la plena normalidad política y social que vive el país. Especialmente su fuerte crecimiento económico, el cambio visceral en los patrones de conducta de sus habitantes, sus atavismos, miedos y esperanzas, que se enfilan a un rumbo totalmente distinto al de hace unos pocos años. Por ello, no parece acertado que las elites políticas sigan exigiendo a sus adherentes, y a la ciudadanía en general, comportamientos que corresponderían a las pautas de los años noventa, en plena transición a la democracia. >>>>>> seguir leyendo aquí>>>>>>>>

Jaime Guzmán, primer monumento a la dictadura

Posted in normal by jgtejeda on marzo 3, 2008

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aparecido en http://www.terra.cl — 28 de febrero de 200, Juan Guillermo Tejeda

La fuerte personalidad de Jaime Guzmán lo sitúa como un político chileno excepcional: ejerció con claridad un liderazgo carismático sobre una derecha dispersa y abatida, apoyó con fuerza a un Alessandri que resultó derrotado frente a Allende y, convertido este en Presidente, destinó sus energías a combatir al gobierno de la Unidad Popular. Parecía increíble que aquel menudo abogado de hablar tan católico, con un chalequito gris y un discurso de derecha medieval con matices fascistas -admiraba a Franco- e integristas -había sido colaborador de la revista Fiducia- pudiera calar en la sociedad chilena.

Tuvo éxito en este empeño, encabezó la resistencia a Allende, se batió con valentía y decisión contra las sombras del marxismo, y se transformó así en una figura fundacional de la dictadura pinochetista. Jaime Guzmán fue un político no tradicional, un polemista brillante y un negociador de enorme habilidad. Durante los años de Pinochet su rol fue, más que el de un actor, el de un contralor ideológico. Lo suyo era mandar a los que mandan, ejercer influencia, trazar la escenografía de la obra más que desempeñar roles específicos. Una de sus obras fue la Constitución del 80, una pieza profundamente antidemocrática.

Los trabajos académicos de Renato Cristi, Carlos Ruiz y Pablo Ruiz-Tagle muestran no sólo la raíz conservadora, integrista, de sus ideas, sino también el embrujo que estas ideas ejercieron sobre la derecha chilena durante la dictadura de Pinochet. Podríamos afirmar que tanto el pinochetismo como la democracia vigilada y el espacio público devaluado que vinieron después son obra de Guzmán.

La figura de Jaime Guzmán es excepcional por haber sido capaz de hacer una lectura -errada o no- de largo aliento sobre la realidad nacional, uniendo a su visión teórica una decidida y exitosa acción práctica. Fundó la UDI, el partido más nítido de nuestra derecha, y preparó el desembarco de los poderes fácticos en el nuevo contexto democrático.

Jaime Guzmán fue, por último, una persona austera, de convicciones religiosas profundas, poco amigo de oropeles, de costumbres algo atípicas. Su trágica muerte, ocasionada por un atentado terrorista en los inicios de la transición, conmovió profundamente a la clase política y al país.

Se entiende perfectamente que sus partidarios quieran levantarle un memorial: tal es el nombre escogido para el monumento que se va a inaugurar pronto en Vitacura. Sin embargo es preciso pensar que ese monumento es, a la vez, un homenaje a su persona y a la dictadura de Pinochet. Ambas lecturas están fatalmente ligadas. La vida política de Jaime Guzmán consistió básicamente en preparar, administrar y finalmente amarrar el legado de una dictadura. Dictadura violenta, cruel y según se ha sabido claramente después, corrupta, que dejó una profunda herida de ejecutados, desaparecidos forzosos, exiliados, represaliados, torturados. Pasarán décadas hasta que todo aquel desorden pueda ser reordenado.

Y la pregunta que surge es: ¿es correcto que en una sociedad democrática se levante un monumento a una figura pública que se identifica cabalmente con una dictadura? ¿Está Chile dispuesto a erigir estatuas a quienes, por las razones que fuesen y desde las ópticas que sean, forjaron un régimen tan contrario a los valores compartidos de esta sociedad? ¿Corresponde destinar trozos de espacio público a este tipo de homenajes? ¿Qué señales estamos enviando a las generaciones más jóvenes? ¿Será este quizá el primero de una serie de monumentos a ídolos de la dictadura? La excepcionalidad de la figura de Jaime Guzmán y sus notables cualidades personales no pueden hacer olvidar su rol estructurante del pinochetismo. Guzmán es una figura histórica, que sin duda será estudiada a fondo en los años venideros. Pero eso no hace de él necesariamente un ejemplo.

Por cierto que pueden los seguidores de Jaime Guzmán levantar los monumentos que consideren convenientes, faltaría más, están en su derecho. Lo sensato sería hacerlo en espacios privados y, que se sepa, las calles de Vitacura continúan siendo espacio público. Mientras en España han sido retirados de calles y plazas todos los monumentos que ensalzan a figuras dictatoriales, en Chile comenzamos recién a instalarlos.

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