juan guillermo tejeda

SAVATER: DECADENCIA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Posted in pillo by jgtejeda on octubre 11, 2008

FERNANDO SAVATER::::: El proceso de corrupción gradual de la escuela republicana sigue pautas que nosotros en España conocemos ya bastante bien: los reaccionarios de derechas que se oponen a la separación efectiva de la Iglesia y el Estado pretenden en cambio imponer la separación gradual del Estado y la educación. A este fin procuran presentar como una “modernización” cuanto favorece el crecimiento de la escuela privada, con un truco impecable: lograr que quienes compiten con ella desde lo privado, por medio de concertaciones, lo hagan con el apoyo de los mismos fondos públicos. Más hoy en EL PAÍS>>>>>>>>>>>>

PARLAMENTARIOS PRIVADOS

Posted in profesor by jgtejeda on junio 18, 2008

JORGE INSUNZA H.: EL DESCONOCIMIENTO DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA (en El Mostrador) >>>>>>>>>>>>> Haciendo un juego estadístico muy simple podríamos mirar los curriculums de los congresistas y comprobar si ellos y ellas estudiaron en escuelas y liceos públicos. Al hacerlo he encontrado lo siguiente -a partir de los datos que están publicados en la página del Congreso-: de los senadores un 61% realizó su enseñanza media en colegio particulares pagados, cifra que se eleva a un 68% en el caso de los diputados. Otro dato interesante es que aproximadamente el 42% de los senadores y 35% de los diputados estudió en colegios ubicados en cuatro comunas de Santiago que ostentan los mayores ingresos económicos de la población chilena (Las Condes, Vitacura, Providencia, Lo Barnechea). Hay que decir que estos colegios particulares representan menos del 8% de los establecimientos educacionales.

TODOTERRENO: NOS GUSTAN LOS ESTUDIANTES

Posted in ocurrencias by jgtejeda on junio 18, 2008

(por J.G.T…..publicado hoy, en www.lun.cl) ______________ Nos gustan los estudiantes porque, aunque se equivoquen, aunque de pronto se pongan insolentes o derechamente vándalos, llevan en su corazón una sustancia que el resto del país ha perdido: la integridad. Desde su integridad nos dicen estos revoltosos que estamos haciendo mal las cosas como país. Hablamos mucho de la educación y ofrecemos un sistema con una muy mala educación. Educarse bien quiere decir hoy entre nosotros algo así como trepar por la carrera del arribismo gracias a la plata de papá. Educarse bien es tener buenas relaciones, barrio adecuado, y dejar atrás al perraje. Educarse bien es -en realidad- educarse mal, aprender a ser ratas. Y este estilo perverso no le gusta a los niños, porque ellos son más derechos. Hablamos de educación pública pero la educación pública chilena es impresentable. ¿Dónde se ha visto tener una doña institución como la Universidad de Chile y aportarle el fisco a duras penas, forcejeando, el 20% de su presupuesto? En los Estados Unidos, que son tan neoliberales y anglosajones, el propio Schwarzenegger le pasa a la Universidad de California sobre el 50% de su gasto, y en Europa el apoyo estatal a las universidades, casi todas públicas, bordea el 80%. Ningún país desarrollado descuida a sus universidades estatales. Pero los chilenos queremos decir con la boca que tenemos universidades públicas y al mismo tiempo negar con el bolsillo la posibilidad de que éstas subsistan. Eso se llama inconsistencia. Eso es lo que la integridad de nuestra juventud resiente. Nos perdonan que seamos más viejos y más bobos. Pero no nos perdonan la hipocresía. ¿Para qué ser hipócritas? Si nos dan asco las universidades públicas, démosles el bajo, cerrémoslas de una vez. Si, por el contrario, creemos como cualquier país de los más ricos que sin universidades públicas no se desarrollan ni la ciencia ni las humanidades ni las artes ni la ciudadanía ni el pluralismo ni, finalmente, el conocimiento, entonces tengamos universidades públicas. Pero de verdad. Pagando la cuenta. Ordenando el sistema. Modernizando la gestión y poniéndola al servicio de quienes lo necesitan. Porque hoy, con más de 700 mil estudiantes a uno o dos millones al año cada uno, los chilenos gastamos más que nunca en universidades: pero estamos financiando un sistema desestructurado, sin regulación, de calidad irregular, que finalmente en lugar de acortar la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos, la agranda Queremos que nuestros niños y niñas dejen de revolverla y hagan las tareas, de acuerdo. Pero antes hagamos los ciudadanos y los políticos nuestras tareas. Seamos consistentes. Apoyemos nuestros dichos con nuestros hechos. Equilibremos el sistema. Tengamos buenas universidades privadas, y buenas universidades públicas.

EDUCACIÓN PÚBLICA: EL DESCUBRIMIENTO

Posted in profesor by jgtejeda on junio 18, 2008

Horas antes de votar una nueva ley de educación para Chile, un grupo de parlamentarios gobiernistas “descubre” la educación pública. Lo mejor de este país nuestro proviene de la educación pública, es decir de la Universidad de San Felipe en la Colonia, y ya en la República de la Universidad de Chile y sus sedes, así como de los liceos fiscales, del Instituto Pedagógico, de la Escuela de Normalistas, etc. La dictadura produjo sequía (o perversión) estatal y amnesia histórica, y hoy nos vemos desnudos de institucionalidad pública en educación, contrastando con todos los países desarrollados. La educación pública no es “para los pobres”, es para todos. La educación pública no es una especie de casa de misericordia para quienes no quedaron en un colegio de curas: es una escuela de ciudadanía, un espacio de participación donde no hay patrones ni amos. Reconstruir ese espacio en condiciones modernas y de gestión responsable adaptadas al contexto de hoy es una bonita tarea. ¿Por qué privarnos?

EMPRESARIO EDUCATIVO

Posted in profesor by jgtejeda on junio 15, 2008

Lo que va a ser -o no ser- durante los próximos veinte años la educación pública en Chile pasa previamente por el cedazo millonario de Piñera. Allí van los ministros a pedirle permiso. Piñera no es senador, ni diputado, ni alcalde ni ministro ni nada, se limita a financiar a los partidos de la derecha, y eso le da cupo para dibujar el futuro. Háblenme de lucro.

MINISTRA PERDIDA

Posted in normal by jgtejeda on junio 14, 2008

No entiende la ministra de educación por qué se le echan los niños y los profesores a la calle pidiendo educación pública, cuando la ley ya la consensuaron en una mesa de aquellas donde el tecito se sirve con el azúcar puesto y la cuchara amarrada al plato. Barrunta que es quizá por el sistema binominal, que impide a comunistas y humanistas estar en el parlamento y sentarse en una mesita así. Puede haber algo de verdad en esta astuta hipótesis, aunque el “olvido” de la educación pública en Chile rebasa con mucho a los rojillos. Basta ver las cifras y constatar que, en el entorno de la OECD, Chile es el país cuya educación está más privatizada, aunque reciba aportes públicos. La plata pública chilena va a la educación privada, y lo que el clamor popular intuitivamente parece buscar es que la plata pública vaya a la educación pública. Quizás sea esta la explicación de tanto alboroto. Además hace bien capear un poco.


SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

Posted in profesor by jgtejeda on junio 11, 2008

(UN ESTUDIANTE ACERCA DE SU UNIVERSIDAD) MANUEL PINO, EN CIUDAD VISUAL: Si Rembrandt fuera mi maestro no me separaría de él, por lo menos hasta el momento en que le haya estrujado el conocimiento y lo comience a considerar un viejo fome, con ideas fomes, y sus monos fomes. Hoy en día poco a poco el mercado comienza a inundar nuestras aulas: el alumno llega, el profesor hace su cátedra, el alumno se va; y para colmo de males, todo apunta a que en un futuro el contacto alumno-profesor será a través de un computador. Solo quisiera concluir una sola idea y dejar sobre la mesa las otras. Las únicas veces que me he sentido realmente en un taller en la universidad ha sido en momentos de paro, específicamente en los años 2005 y el actual 2008, años en que creamos y reabrimos el “taller mano alzada” respectivamente. MÁS AQUÍ>>>>>>>>>>>>

LA GUERRA DE LA EDUCACIÓN EN CHILE

Posted in ocurrencias by jgtejeda on mayo 16, 2008

TERRA MAGAZINE / Juan Guillermo Tejeda __Santiago, Chile

La educación en Chile tiene algunas características difíciles de negar. Es profundamente clasista e inequitativa, favoreciendo más a los que tienen más y menos a los que tienen menos. Su calidad es muy baja si la sometemos a indicadores internacionales. Ampara a negociantes oportunistas que nada tienen que ver con la educación. Promueve escandalosamente el adoctrinamiento religioso de los niños con apoyo de fondos públicos. Además, siguiendo tendencias de políticos o sociólogos, se la ve como una herramienta para surgir en la escala social, desviándola de su fin natural que es el de formar personas integrales. Nuestros colegios y universidades no fomentan la integración, sino la discriminación y segmentación de la sociedad. La educación chilena es una de las más privatizadas del mundo, una de las menos reguladas.

Con todo, es preciso dejar establecido que en Chile no existe analfabetismo, que todos los niños tienen educación, y que a la universidad y demás instituciones de educación superior llega casi la mitad de la población juvenil en edad de hacerlo, lo que es una cifra muy alta según estándares internacionales.

La batalla de la educación es, además, una operación confusa sobre la cual cuesta formarse opinión, ya que concurren a ella cuatro huestes o bandos.

Están por una parte los herederos de la dictadura, amigos del lucro, de la opacidad, del desvío subrepticio de fondos públicos para hacer negocios, y que, en todo caso, apuestan por una educación autoritaria, elitista, donde los valores ciudadanos no tienen vigencia alguna.

En la trinchera más lejana a éstos están los revolucionarios que lo piden todo, y que estarán siempre en la calle, en la protesta, en la toma, en la no negociación. El incendio permanente del sistema provoca simpatías y genera por cierto algunos avances, como ocurrió con los pingüinos, jóvenes estudiantes secundarios hastiados de recibir una educación paupérrima y discriminatoria. Pero al mismo tiempo, desde sus ideales totalizantes, este grupo no percibe las diferencias y ve como inservible a todo lo que no se acomoda a su particular idea de cambio, un cambio que sólo será real con la caída del capitalismo, el fin de la globalización y el desplome de las instituciones burguesas… En los hechos, la acción revolucionaria genera espasmos mediáticos intermitentes que no tocan finalmente a los procesos políticos y económicos que deciden qué educación vamos a tener.

Al Ministerio de Educación han llegado con la nueva ministra los expertos y amantes de lo que podríamos llamar la postura comunitaria o católica, cercana a posiciones conservadoras moderadas, y que en el último tiempo se ha aliado con algunos grupos del liberalismo ilustrado local. Su ideal, encarnado en la Universidad Católica, es elevar la calidad; mantener el sistema que existe limando un poco sus aspectos más sórdidos; asegurar el predominio del adoctrinamiento religioso; y establecer una amplia zona gris entre educación pública y educación privada, de tal manera que sea posible un continuo deslizamiento de los fondos públicos a los establecimientos privados que cuentan con buenos baños y estudiantado rubio. El estado sería un modesto regulador entre privados y, llegado el caso, un distribuidor de limosnas a los más desposeídos (la mayoría del país). Una de sus herramientas más exitosas ha sido la aplicación de criterios abstractos de calidad, sin considerar las heterogeneidades o marcas históricas de la educación chilena.

Por último, late en el alma nacional el ideal republicano de la educación, cuyo bastión en la educación pública de calidad. Basándose en la educación fiscal histórica y en la Universidad de Chile, este grupo considera que basta mirar el funcionamiento de los sistemas educacionales de Europa o de los países anglosajones para percatarse de que en Chile falta más Estado en la educación: en los Estados Unidos el 80% de los universitarios va a universidades públicas, y en Europa las universidades públicas son casi el 90%. ¡Qué diferencia con nuestro sistema tan desigual y privatizado, tan tercermundista¡ El Estado chileno crea universidades pero les niega los fondos para operar adecuadamente, y eso es una hipocresía. La educación pública lo es realmente si es capaz de convocar, a través de establecimientos de calidad, a estudiantes de diversos grupos sociales y económicos. Sus ideales son la no discriminación y el no adoctrinamiento religioso. Sus pecados, la burocracia, la cultura de la queja y la persistencia de masonerías sumergidas.

Ojalá que nueva ley de enseñanza no sea una continuación edulcorada de la que hay sino un cambio que refleje los valores históricos y profundos de nuestro país, y que se expresan en la igualdad de oportunidades, en el pluralismo, en la sana convivencia entre lo privado y lo público sin que uno devore al otro. Todo ello sólo es posible si la educación pública recupera en Chile un nivel que le permita funcionar según estándares internacionales de calidad.