juan guillermo tejeda

DEMÓCRATAS DE VITACURA

Posted in enredillo by jgtejeda on marzo 19, 2009

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(en mi blog terra) Los chiquillos y chiquillas de Vitacura fueron a plebiscito el domingo. Ganaron aquellos que se oponían a los edificios en altura. Una buena costumbre que se inaugura, la de consultar no sólo a los tiburones inmobiliarios sino también a los vecinos.

Hay que considerar, sin embargo, que Vitacura puede permitirse rechazar obras de edificación, que en parte financian los gastos municipales. Puede hacerlo porque en Vitacura el gasto municipal por habitante es de 434 mil pesos al año; en cambio en Cerro Navia, donde vive gente con el mismo número de dedos y ojos que la de Vitacura, el gasto municipal es apenas de 69 mil al año por vecino, una séptima parte. Eso explica -mi viejo- que el edificio y la zona cultural de la municipalidad de Vitacura sean de mármol, y esto también puede ser la causa -me entiendes tú pues oye- de que hayan podido hacer en esa zona verde (y no en otra más seca) el magnífico parque Bicentenario, donde además entraron aportes privados.

¿Por qué los niños o las señoras de Cerro Navia tienen peores paraderos de buses (que son municipales), peores plazas, peores árboles, peores zonas verdes, peores veredas que los de la gente de Vitacura? El espacio público, por definición igual para todos, en Chile se convierte en distinto para todos, según el bolsillo.

Quien gana más tiene todo el derecho a vivir en una mansión superelegante. Para eso paga. Pero no hay derecho en que el consultorio público sea peor para la gente que tiene casas más modestas. Debería ser al revés: ser mejor. Nuestro ordenamiento municipal hunde más a los pobres y ayuda a los ricos, y debería, por el contrario, equilibrar las cosas.

Los demócratas verdes de Vitacura han logrado frenar a quienes creen que la ciudad es meramente un negocio. Aplaudámoslos. Pero preferiría, la verdad, una democracia santiaguina, de la ciudad entera, donde para participar no haga falta una tarjeta de crédito golden plus o una casa con piscina. Me asquea la división de Santiago en zonas ricas, no tan ricas, pobres o miserables. Mi ciudad es la ciudad de todos, así lo siento, así es en la realidad. Que todos valgamos lo mismo en la calle, que los semáforos o las veredas sean iguales para todos. Y que cada cual disfrute de sus riquezas en la intimidad de la vida privada.