juan guillermo tejeda

ROSADO DE BANDOL (Y VIII)

Posted in cotidiano by jgtejeda on julio 24, 2012

esto lo pone arcadi espada en su blog de verano, que allá están en eso mientras se les abre la tierra —- He escrito alguna vez que la melancolía de los libros de viaje de Gaziel es una de las razones de su atractivo infinito. Gaziel viaja a los lugares y ve y cuenta lo que ya no está. La melancolía llega a su apogeo, casi manierista, cuando lo que se describe en los lugares es él mismo. Que ya no está. No porque no haya llegado, sino porque ya se ha ido. Muchas de las escenas de esos libros acaban con el viejo Gaziel diciendo aquí no volveré más. Creo recordar que en alguno de ellos incluye una cierta teorización sobre el asunto: dice que hay un momento en la vida de un hombre en que todos los viajes que hace son los últimos viajes.

La pregunta que me hago, con las maletas ya en la puerta de la casa de madame Engrand, es si, en realidad, alguna vez se vuelve. Hace un par de días escribió Capel un post sobre las decepciones. Volvió a comer una Sacher en Viena, después de muchos años. La encontró reseca. Se asombra. Y se extraña, porque, dice, la sacher siempre es la misma, con los mismos ingredientes y los mismos volúmenes milimetrados. Sí, la tarta sí.

Él no.

La tarta está reseca porque la memoria fue macerándola y la llevó hasta alturas míticas: el descenso a la realidad es vertiginoso y brutal, y vulgar. En aquella tarta estaban además gentes y cosas que han desaparecido o se han transformado: ese líquido se evaporó y es perfectamente explicable que la tarta esté reseca. Pero sobre todo está aquel que probó por vez primera la tarta y este otro que ilusoriamente cree que reincide.

Nunca se vuelve.

CACERÍA HUMANA

Posted in cotidiano by jgtejeda on febrero 26, 2012

Sobre Undangarín sé que existe hoy, más o menos, una opinión única: tolerancia cero para los que aprovechándose de sus altas vinculaciones y roles se quedan con dinero público. Y sin embargo, en mi caso, quisiera que no fuese culpable, o no fuese tan culpable, y sé que esto no depende para nada de mis deseos. Pero así como me repugnan la falta de probidad y el aprovechamiento corrupto, me chocan de igual manera los linchamientos. Nunca he creído en la justicia vociferante. Sé que se trata simplemente de resentimiento activado por una determinada conducta, de un momento en que las salvaguardas que permiten a alguien ostentar una determinada posición se desploman, y queda abierta la temporada de caza. Los privilegios de algunos resultan irritantes. El que haya gente demasiado rica o demasiado poderosa o demasiado cruel es una indignidad.

Sin embargo tan injusto es eso como hacer caer todo el peso de las humillaciones históricas sobre un sujeto, que además de haber faltado a la norma y haber sido descubierto, es probablemente un buen padre, o un amigo, o un lector, o algo, en fin, una persona provista de derechos y de dignidad sólo por haber venido a este mundo. Su conducta, la que sea, no nos da un pasaporte para entrar a quemarle la casa y a clavarle botellas astilladas en su abdomen, para escarnecer su nombre y aterrorizar a su familia. Los periodistas se prestan a eso, la turba ataca por las redes sociales y en poco rato estamos de nuevo en una atmósfera similar a la que reinó en Chile las semanas y meses después del golpe en contra de Allende. Y a la que hubo en la Alemania de Hitler o en la U.R.S.S. de Stalin. Culpa, histeria colectiva, opinión única, tolerancia cero, linchamiento, exterminio, alegría popular. Pero un extraño vacío legal, un limbo moral, permite que eso ocurra, cada vez más alegremente. Los jueces operan, entonces, empujados por estados de opinión donde está ausente no sólo la razón sino también el respeto por la dignidad humana. Las conductas indebidas deben ser castigadas, por cierto, pero no hay barbaridad que merezca la barbarie. No vamos a hacer cámaras de gases para gasear a los nazis.

Entiendo que detrás de esta causa judicial se trenzan combates políticos, monárquicos contra republicanos, etc., y que hay grupos que intentan minimizar las culpas del Duque de Palma sólo por intereses partidistas. Por ejemplo el diario la Vanguardia de Barcelona mantiene en ese sentido cierta circunspección.

Pero sobre los linchamientos mediáticos y respecto de los medios convertidos en tribunales de facto con el populacho detrás, sólo he visto a Arcadi Espada arremeter con fuerza. Una reportera junto a un equipo de enviados especiales a Washington intentó entrevistar a Undargarin, que después de unas fintas echó a correr, y la cámara de los periodistas se enfocó en su culo. El hombre había ido a dejar a su esposa y a los niños a un cine, se ven los tres niños salir de una van. Comenta Espada: Mientras mostraban el regio dorso, una voz en off, el fétido corifeo, iba diciendo: «¡¿De qué huye Urdangarín, de qué huye?!» La voz iba buscando la guillotina de la metáfora: ¡míralo, pueblo, el pelele, cómo huye de la justicia! Sin embargo el yerno solo hacía lo que cualquier demócrata asustado: huir de los navajeros.

DEMASIADA IMAGINACION

Posted in enredillo by jgtejeda on abril 28, 2008

donner.jpg Fue Vicente Verdú, de vuelta de un viaje, el que dejó caer el título sobre la mesa, Contra la imaginación, dijo, y yo pensé al momento que no recordaba haber escrito aún ese libro, a pesar de tenerlo completamente dispuesto en la cabeza. De su autor no dio datos, ni recuerdo si dio su nombre, y sobre el libro añadió que sus primeras cuarenta páginas eran francamente buenas, y quizá dijo más, pero yo no estaba en nada, y sólo quería volver a Barcelona para llegarme a La Central y ver si me lo podía llevar aquella misma noche a casa. Estaba, claro que estaba, Antonio lo traía con su media sonrisa de buscador de perlas satisfecho, en la mano lo traía, una sobria cubierta azul negra de Fayard y flotando en letras pálidas Christophe Donner, Contre l’imagination.

“Un veneno infesta la literatura: la imaginación”. Así arrancaba. Así yo lo tenía también más o menos previsto, aunque creo que llegado el momento habría mantenido fantasma en vez de veneno para hacer más audible la parodia de la primera línea del primer manifiesto, y para reforzar el carácter que yo atribuyo a la imaginación y a los cultivadores de la escritura imaginativa. Un par o tres de páginas más adelante, sin embargo, me di cuenta de que la lectura de este libro iba a ser en extremo singular. Me vi preguntando a Donner —no tenía la menor idea de quién era, pero habían bastado tres páginas para hablarle de tú— y a éste que respondía de corrido, con una seguridad, una amenidad y una profundidad impagables. ¿Por qué en los orígenes de la ficción no se alude nunca a las circunstancias extraliterairas que obligan a un escritor a utilizarla?, me preguntaba. Ahí estaba él: “¿Para qué sirve la imaginación. A veces para salvar la piel. Uno tiene la necesidad de decir, pero no puede hacerlo, porque la policía estará al día siguiente en tu puerta. Es preciso entonces maquillar las palabras, inventar parábolas, localizar la historia en lugares lejanos y en tiempos remotos o futuros, allí donde el presente no puede reconocerse”. Donner seguía, a toda prisa, después de aludir a Wilde, describiendo las consecuencias de esta claudicación: las raíces cortadas del proyecto literario. Pero antes de cualquier objección posible ya estaba hablando de los escritores de hoy. ¡De los escritores libres!: “El escritor menosprecia la verdad y la hace pasar a un segundo plano, su trabajo principal consiste entonces en saber cómo no debe usar su libertad. Dicho de otro modo: qué estilo fabricarse. El mérito retrospectivo que se concede a las grandes obras no reside nunca en sus cualidades imitables, útiles para su arte, sino en la audacia que se reconoce a la mirada del artista sobre su época. Esta audacia, que tiene poco que ver con el estilo, contiene un ímpetu que puede venir de la irritación (Céline), o de una insumisión discreta, pasiva, como de un flirt con la neurosis (Kafka), pero es siempre en último término esta audacia inimitable la que determina la grandeza de estos escritores”.

Pedí un instante de calma para hablar de la novela. Fue un error: “A fuerza de consentirle el respeto que ella nos solicita, la pretendida vena imaginativa ha constituido un imperio. No solamente social, con los premios literarios que se le reservan, el éxito que se le garantiza, sino sobre todo un imperio intelectual y moral de lo más despótico. La imaginación se ha servido hábilmente de la novela para aniquilar la poesía, someter al relato y al cuento, repeler las crónicas hacia el fango del periodismo; la imaginación ha calumniado el diario calificándolo de nominalista, con todo el sobrentendido sexual y masturbador que eso comporta”.

Mucho más allá de las cuarenta páginas, de la aduana de Verdú, aparecía el yo. Hay palabras que estropean cualquier fiesta. Prueben con yo y verdad, y verán como los estetas empiezan a registrarse nerviosamente los bolsillos. Se comprende: siempre es más difícil detectar a un imbécil cuando miente en tercera persona. Donner cita a Deleuze. Lo cita para completar, en las humanidades, el trabajo que han hecho Bricmont y Sokal (Imposturas intelectuales) en la física. Dice Deleuze: “La literatura sólo empieza cuando nace en nosotros una tercera persona que nos desposee del poder de decir yo”. Dice Donner: “Estupideces. ¿Para qué sirve enviar personas a la luna, qué se espera de ellos, para qué se invierte todo este dinero. Se espera su relato. Y que nos digan yo.

No puedo desmenuzar todas las preguntas que siguieron. Me llevaría tres crónicas. Donner aún no ha sido traducido. Tengo como una obligación. Transcriptora. “La transcripción de lo real no es una obsesión estilística, y aún menos, la fuente de una corriente literaria, sino que se trata de la esencia misma del arte, del deber de la literatura. Porque es de nuestra existencia de la única que puede dudarse en el interior de lo real. Y el arte está incansablemente obligado a confirmar nuestra existencia allí. Se trata de un trabajo noble y sin fin”. Las últimas páginas de este libro admirable vinculan la ciencia, la literatura y el resto de las artes, enfrentadas a su reto secular. “Desnudas frente al hombre y encargadas del mismo deber: saber”.

Todo el descrédito de la literatura está en la imaginación.

ARCADI ESPADA SOBRE OBAMA Y EL VOTO DE PERTENENCIA

Posted in pillo by jgtejeda on marzo 14, 2008

http://www.arcadiespada.es/

lo de Misisipi, y lo que está sucediendo en el resto de la América demócrata, es poco sorprendente. En primer lugar, es el resultado de la relativización de las ideas en la política. Ni Hillary Clinton ni Obama han obtenido esos apoyos por sus ideas. Ni siquiera por sus ideas respecto al grupo que encarnan, lo que hasta cierto punto podría haber sido razonable. Su éxito en el grupo no estriba en lo que dicen sino en lo que son. El ser es cada vez más importante en la contemporánea deportivización de la política, donde uno no atiende a la calidad del juego sino a los colores que siente….