juan guillermo tejeda

MANUEL VICENT, MACHO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on diciembre 19, 2010

hoy, en el país, todo mental por manuel vicent, y me cago en la madre que te parió, macho ________ El arte es una cosa mental, dijo Da Vinci. El tiempo y el espacio también son pautas de la mente, excipientes estúpidos de la naturaleza, que el tren de alta velocidad trata de aniquilar en este trayecto de Madrid a Valencia, recién inaugurado. En una cabecera de este viaje están las Meninas de Velázquez y el Jardín de las Delicias de El Bosco, en la otra los niños desnudos de Sorolla con el sol resbalado en la piel bañándose en el mar. En sólo hora y media este tren te llevará desde el Guernica de Picasso al perfume de algas y salmonetes de una sobremesa con el oleaje a tus pies como homenaje, o te devolverá desde la Malvarrosa azul a los musicales de la Gran Vía y a las noches ciegas de Madrid. En esta fusión del tiempo y el espacio serán una misma conquista los parasoles de la playa, las colas del museo del Prado, las mecedoras blancas, los conciertos en el pabellón de deportes, la sombra de una parra, las tabernas castizas del Rastro, las paredes de cal con persianas verdes, los bikinis de flores y las citas de fulgurante amor al mediodía de una a otra parte. Durante el trayecto, en el silencio del convoy, puede suceder cualquier calamidad. Mientras uno lleva el bañador en la bolsa y sueña con los bueyes rubios de Sorolla y las barcas de pesca con velas color mostaza e imagina a unas mujeres deslumbradas esperando en la orilla a los marineros puede que en el asiento de al lado una señora por el móvil le cuente con todo pormenor a su prima del pueblo la operación de vesícula que acaba de sufrir. “Hija, todavía me supuran los puntos, no te digo más”. Puede que mientras uno piensa que pronto volverá a extasiarse ante el cuadro de las Lanzas, la Maja Desnuda y el autorretrato de Durero, un ejecutivo de medio pelo le narre a un socio en voz alta por teléfono los detalles del negocio que están urdiendo a medias con dinero negro. “Si ese cabrón de concejal traga, esta vez, tío, nos forramos”. Un tren que arranca hacia el mar desde el museo del Prado y vuelve desde el horizonte cargado con aroma de erizos hacia el adusto caballero español de la Mano en el Pecho es aquella cosa mental, de la que hablaba Leonardo da Vinci. Hace mucho tiempo imaginé que el mar perdido de mi infancia rompería un día contra un ventanal del Café Gijón. Ese milagro ha sucedido.

ASSANGE

Posted in dignidad, ESCRIBO by jgtejeda on diciembre 18, 2010

leo en the guardian los detalles de la acusación contra Assange, y me parece de verdad muy poco creíble, si no un tongo; no puedo creer que se le encarcele por que se rompió un condón, y la chica siguió yendo a la cama con él una semana, después le vino la necesidad de ir a la policía…

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DARKER PURPOSE

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 26, 2010

Meantime we shall express our darker purpose.–

Give me the map there.–Know that we have divided

In three our kingdom: and ‘tis our fast intent

To shake all cares and business from our age;

Conferring them on younger strengths, while we

Unburden’d crawl toward death.

y este,

les cuento,

es mi propósito

más oscuro:

sepan que

he dividido

en tres nuestro reino

-me pasan el mapa por favor-

en mi más

directo intento

por sacudirme

de encima

las cargas

y trabajos

de mi edad

transfiriéndolos a

fuerzas más jóvenes

para así

arrastrarme yo

sin peso

hacia

la muerte

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NADA

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 21, 2010


a partir de mañana

en la mañana

voy a caminar

solo, lo más

solo posible,

pies en la tierra

sin ropa especial

huérfana la pupila,

disperso extraviado

todo lo que ya sé

de la vida

o del mundo,

ni planes ni

producciones

ni rutas dibujadas

de antemano,

quizá alguna

frase a medias

hilvanada

al paso

silencios, gestos

apenas:

la palabra se evapora

ante el frescor de la piel,

allá nos espera

el césped final

para qué

tanta cosa

dejo las tarimas

pedestales

y tribunas

arrumbadas en

bodega,

poca opinión

tal vez de pronto

un trozo de

experiencia vivida,

una sonrisa

un labio es mucho

soy un casual

una lengua de fuego

apagada

un río imposible de ver

en la noche

y esos son

mis colores, mi cuero

de lobo, de gato,

un trozo de nada buscando

a otros  trozos

de

nada

EL MISTERIO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 18, 2010

de la vida

HERMES

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 4, 2010
Bly: Hermes es el dios del sistema nervioso interno, cuando está entre nosotros nos ponemos ingeniosos, rápidos, conectamos corazón con piel, cerebro, genitales y lágrimas, unimos la parte nuestra que sufre con la que ríe. Es el dios de la imaginación compartida, a veces de lo obsceno, del silencio… Los conservadores sostienen que el verdadero aprendizaje no ocurre si Hermes está presente. Lamentable, porque siguiendo esa lógica rígida muchos departamentos universitarios se deshacen de los profesores que enseñan con el corazón. Por necesidad de asegurar el cumplimiento de la ley pierden contacto con la leyenda. Cuando en verdad, si la ley existe y la conocemos, es para a partir de ella ser leyendas, conectar nuestra parte visible con la invisible, darle sentido y emoción a nuestros actos. Vivir supone conocer los reglamentos, pero no quedarse enredado en ellos. Aprender y enseñar son actividades de conexión y vida, no de cortes y castigos.

ἀγωνία

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 1, 2010


agonía
(Del lat. agonĭa, y este del gr. ἀγωνία, lucha, combate).
1. f. Angustia y congoja del moribundo; estado que precede a la muerte.
2. f. Pena o aflicción extremada.
3. f. Angustia o congoja provocadas por conflictos espirituales.
4. f. Ansia o deseo vehemente.
5. f. Lucha, contienda.

DOS REYES

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on octubre 17, 2010

Más Bly. Dice: un gran tema en los cuentos de hadas es el de los dos Reyes. Surgen problemas con el propio padre -el primer Rey. Entonces uno tiene que abandonar el primer Castillo. Después de algún tiempo de sufrimiento y aislamiento, aparece de alguna manera un segundo Rey en escena, que cuando está de caza encuentra al héroe (o heroína), y lo adopta o le encarga una tarea. Comienza entonces una complicada danza donde el aventurero trata de establecer una conexión fructífera con el nuevo Rey. _____ en el cuento que cita Bly el joven logra ser admitido como ayudante de cocina en el Castillo y ahí trabaja humildemente hasta que un día el cocinero jefe le dice que en ese momento no hay nadie para llevarle la comida al Rey, y le pide al joven que lo haga. Pero el joven tiene el pelo dorado y no quiere que se le note, así es que se cubre la cabeza con un gorro. Al llegar a los aposentos reales con la comida, el Rey le objeta el gorro, y el joven dice que es porque tiene una herida en la cabeza, lo que irrita aún más al Rey, que lo manda expulsar… ¿cómo se le ocurre servir la comida con una herida en la cabeza? ______ están en el cuento todos los ingredientes del drama y epopeya de la iniciación: el rechazo del padre original, la ida de casa, la búsqueda de un segundo Rey o figura paternal, más bien un Maestro, esta vez elegido y al mismo tiempo ganoso de elegir al joven, lo que da respuesta a la necesidad desesperada de reconocimiento que éste tiene, el lento ascenso de posición en el nuevo escenario, los valores o talentos internos del aspirante (el pelo dorado) que no quiere mostrar abiertamente, la irritación del segundo Rey -el Maestro- por la sorda pasividad y falta de entrega del discípulo (su pretensión es nutrirse sin dar nada a cambio), el disimulo o mentira ante el poder, etc. ______ podemos recordar El Castillo de Kafka, donde el joven agrimensor K., pese a intentarlo durante toda la novela, jamás llega a presencia del Rey (la difusa autoridad máxima), y sus tareas jamás se precisan, incluso el texto mismo de la novela queda finalmente sin concluir…. esta versión no fructífera, angustiosa, puede conocer diversas formas, por ejemplo también aquella en la que el enfrentamiento del discípulo con el segundo Rey se produce paralelamente a la colaboración con él, o sea que, digamos, el tercer Rey (el propio joven en proceso de crecimiento) niega al segundo y el proceso se frustra, o a aquella otra en la que el segundo Rey (el Maestro) aplasta o explota al discípulo impidiéndole el crecimiento. Con todo, la relación del joven con el segundo Rey tiende a ser, aunque fundamental, de corta duración, y es que si el padre es un destino, un dato, el maestro es un instrumento elegido al que se puede renunciar en cualquier momento. ______ estas cuestiones son medio esotéricas, bueno quizá junguianas, o sea por ahí me dan aún un poco de desconfianza, pero de tener verdad la tienen… así lo siento.

REAL

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on octubre 11, 2010

personas que habitan (brillantemente) lo virtual <<<< + >>>> personas que se mueven (humanamente) en lo real

PURCELL

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on septiembre 20, 2010

no siempre es dulce postear

EXPULSADO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on septiembre 19, 2010

–Upon my word it makes my blood boil to hear anyone compare Aristotle
with Plato.

–Which of the two, Stephen asked, would have banished me from his
commonwealth?

upon my word: doy mi palabra (upon es sobre, se usa para denominar lugares: stratford-upon-avon, siendo avon el río) / it makes my blood boil: me hace hervir la sangre (fuerte expresión) / to hear anyone: escuchar a quien sea / compare aristotle with plato: comparar a aristóteles con platón (siempre fue platón el favorito, el brillante, y por cierto el errado) / which of the two: cuál de los dos (desde el escepticismo todas las sabidurías son un poco lo mismo) / stephen asked: preguntó stephen (stephen dedalus, el artista adolescente) / would have banished me: me hubiera expulsado (banish, prohibir, desterrar, expulsar) / from his commonwealth: de su república (el término inglés es riqueza común, no es para nada lo mismo que república, del latín, cosa del pueblo)

AMSTER DESESPERADO

Posted in ESCRIBO, pasado by jgtejeda on septiembre 4, 2010

algo así, por ejemplo ______________ Amster fue para mí, en una época -cada vez que venía de visita a Santiago durante los años ochenta- el hilo que comunicaba la atrocidad enceguecedora de la dictadura con el recuerdo aún vivo en mi corazón de ese otro Santiago perdido, republicano, la ciudad que había estallado en llamas y había perdido el alma como resultado de nuestras luchas.

Así es que, salido apenas del avión que aterrizaba pesadamente en mi tierra perdida atravesando el algodón brumoso de nubes de invierno que cubría la ciudad, recién  recuperado mi cuerpo del jet-lag, o sea días después, oloroso ya a familia materna y paterna, a marraqueta, a cazuela, a zapallitos italianos, me deslizaba invariablemente hacia la calle San Diego, donde estaban las librerías de viejo.

Yo no quería, en verdad, como me aconsejaban, visitar muchas veces el Jumbo, triunfalmente instalado donde antes había estado el depósito de los trolleys en Bilbao con Latadía -ahora tenemos nosotros también un gran supermercado estilo americano, decían, y yo pensaba que si ese era el resultado de tanta muerte y tanta humillación realmente la gesta no parecía haber valido la pena-, ni tampoco merodear por los Caracoles a fin de comprar cosas importadas de marcas internacionales en esas tienduchas en rampas de las que estaban todos tan orgullosos. El Metro me sumía en un estado de miedo, de inquietud ansiosa, con tanto silencio, todos esos seres, mis compatriotas, cuyos gestos me parecían anormales, era como si sólo pudieran desplegar el cuerpo en ángulos rectos. Me sentía rodeado de robots, de identidades devoradas por la amnesia, de seres dolientes o dañinos para los cuales la conexión natural entre el alma y el cuerpo era carecer de conexión. Y además todos sonreían, gastaban mucha energía en simular que todo esa rareza no era rara, trataban de autoconvencerse de que eso era normal. Los titulares de los periódicos, villanías casi siempre, ataques cobardes en contra de quienes no podían defender ni su integridad física ni su honor, se me clavaban como navajas en el estómago. La televisión me daba arcadas, era una reacción literalmente física, ay esa satisfacción de los locutores, aquellas bocas convertidas en esfínteres, qué atroces esos concursos innobles, los animadores que llevaban en la mano una libreta de ahorro o un tarro de alguna mierda soluble, identificándose amablemente con los productos del caso, aquellos programas infantiles de cuando el color aún no acababa de ajustar del todo en unos televisores con caja de madera y botonera que sonaba mucho, oh dolor de mi alma, ay tierra mía arrasada. Con mucho esfuerzo me pagaba yo a mí mismo una vez al año esas antivacaciones para ir del verano al invierno, de la democracia a la tiranía, del desarrollo al subdesarrollo, para hundirme otra vez en un pasado de pesadilla, en un escenario de frialdad, error y ausencia de humanidad, y no sabía qué me llevaba, qué me traía. Algo de mi ser se había quedado enredado en tales malezas, y mi destino era ese, volver atrás, regresar eternamente al hielo, a la diarrea, a la tortura, a la hipocresía, al miedo, a la soberbia miserable.

Durante las noches afectadas por la restricción de vehículos mi cuerpo acalambrado me hacía sentir tan raro y vacilante, no sabía yo si el país se había enfermado gravemente, o si la enfermedad estaba creciendo dentro de mí, y fuera verdad una cosa u otra, o ambas, era evidente que algo muy insano y descompuesto se arrastraba como mala miel entre nosotros, entre todos nosotros, los vencedores y los vencidos, los conscientes y los inconscientes, al tiempo que lo socialmente correcto era siempre hablar de otra cosa, permanentemente y sin excepciones dejar sin mencionar lo atroz, no nombrar lo innombrable que por lo demás abarcaba a casi toda la realidad. De tal manera que mis lágrimas rodaban silenciosas, escasas y heladas después de haber sido invitado con tanto cariño por mis antiguos amigos y parientes a cenar, a tomar trago, a comer papayas al jugo, a conversar distanciada y educadamente, en esas noches heladas era yo un solo llanto incapaz de fluir con generosidad, y en ese llorar avaro me daba cuenta yo de que mi infancia y mi adolescencia y mi primera juventud no sólo habían pasado ya, irremediablemente, como pasan y desaparecen cada día, cada mes, cada década,  liquidadas por la mano inmisericorde del tiempo, sino que además estaban hundidas, desfiguradas, incapaces de generar otro recuerdo más que una desesperada nostalgia, épocas hermosas de mi vida atrapadas en el reino de lo irrecuperable, en la vagina cancerosa de un mundo absurdo que se disolvía sin dejar rastros.

Mis pasos me llevaban, pues, irremediablemente, hacia los libreros de viejos, así les han dicho siempre en Santiago a los comerciantes de libros usados, de la calle San Diego. Yo atravesaba el denso smog invernal de la ciudad pensando en aquel otro verano distante, el de mi nueva ciudad, que con cada viaje a mi antigua tierra maltratada dejaba yo de disfrutar. ¿Por qué regresaba una y otra vez a esta fuente de dolores? ¿Qué densidad deshecha, qué color podrido me empapaban el sentimiento? No sé, era como si otro ser más primitivo, incompleto, me empujara desde dentro una y otra vez hacia el desastre, a lo que había detrás del desastre, al otro lado del muro, más allá de lo que nadie quería ver. A la papa, como sugirió burlón y temblando de frío en su abrigo grisáceo, uno de los libreros a los que visité entonces. Era quizá mi amor, el amor a mí mismo, al niño o joven que había sido, al chileno democrático y republicano de otro tiempo, al colegial que durante diez años había sido crucificado de lunes a sábado por los miserables y resentidos y racistas y autoritarios y mentirosos curas del Liceo Alemán,  a ese joven, yo mismo, que pese a sus crucifixiones había logrado perseverar en su ser gracias a la gloriosa Universidad de Chile. Era esa pasión, esa lealtad ciega y sin destino hacia mi propio yo pisoteado por las botas repulsivas de la historia, era esa nostalgia de lo destruído lo que me hacía retroceder durante esos inviernos hacia el centro, hacia la parte menos elegante de la Alameda, ahora denominada Avenida del Libertador Bernardo O’Higgins. A O’Higgins le habían construido nuestros gallardos militares un túmulo de mala piedra y una llama eterna para blanquear ellos sus atrocidades con la figura del que había sido Dictador Supremo, situación que me complicaba porque O’Higgins había significado siempre para mí algo muy importante, como la bandera, como el nombre del país, como la calle, y ahora todo esos símbolos tan queridos, ese marco virtual de conceptos en los que me había formado, eran de otros, de los que se gozaban del dolor mío y del dolor de mi gente, de los que tomaban pisco sour y whisky mientras en los recintos de tortura gemían y morían los derrotados, los estropajos humanos de esa vuelta histórica. O’Higgins y la Alameda, nuestra historia y nuestra economía, nuestra tradiciones, el país entero, eran ahora propiedad de los abusadores.

Yo bordeaba los edificios amenazantes cuyas ventanas estaban cubiertas de unas películas donde uno se miraba como ante un espejo, al tiempo que desde dentro miles de ojillos sagaces lo observaban a uno, y por eso era importante caminar como robots, sin expresión, y desde la Avenida Bulnes buscaba nuevamente la calle San Diego, castigada por las micros ruidosas, por el comercio ambulante, por la miseria, por la indignidad ciudadana. Había unas nuevas señoritas, que me imaginaba yo novias o esposas, en este caso señoras, de tenientes o capitanes, damas erguidas, carnosas, pero sometidas a una vestimenta y un cuidadoso tratamiento capilar y de uñas que las identificaba como mujeres ya asignadas, aunque triunfantes. El país, proclamaban al andar, o así me lo parecía, se había librado del marxismo, de los extremistas, de la política, de la democracia, de los parlamentarios, de la libertad de prensa, del desorden, del chacoteo, de la alegría cotidiana, de la conversación, de la humanidad.

Pero yo, como un animal antiguo y tenaz, me deslizaba hacia mi calle, hacia esa zona incierta donde aún reinaban penumbrosamente los libreros de viejos, y caminaba por esos pasadizos en los cuales, durante mi primera adolescencia, había perseguido yo a través de libros prohibidos y de revistas europeas de segunda mano el temblor de la carne, tan escasa entonces a la vista. Y regresaba yo a esos santos lugares, notándolos más modestos, más castigados, envejecidos, doblados en sí mismos, y pese a todo, como si de una película de realidad virtual se tratara, traspasaba la máquina del tiempo y me allegaba a esas vitrinas donde podía ver de nuevo los libros que habían estado en la biblioteca de mi padre, los libros de mi infancia, las portadas de siempre, ese papel amarillento, esas solapas cuarteadas, y un tenue llanto repleto de verdad venía a rescatarme del infierno, todo ello bajo la mirada alerta, acuosa de unos libreros entumidos que poco esperaban ya de la vida. Afuera seguía atronando el  ruido de los vehículos militares, mientras un ácido olor a kiwi empapaba a la cordillera tan blanca aunque invisible por la contaminación, pero dentro de cada una de esas minúsculas tiendas se desplegaba el paisaje tenue de un pasado que, sí, había ocurrido y respecto del cual yo, no, no estaba loco.

Cargado con dinero de Barcelona, repasaba con la yema de los dedos esas portadas de los libros que en otro tiempo habían sido míos, porque al irme precipitadamente del país en 1973 decidí poner a la venta la biblioteca de mi padre, y allí se fueron las ediciones de Aguilar, esos tomos cuidadosamente encuadernados en cuero e impresos en papel biblia aunque en traducciones tan castizas que le daban a uno un sueño irremediable, libros, los españoles de Franco, en los que nunca nadie jamás hacía acto alguno relacionado con la procreación, de tal manera que se imaginaba uno que los seres humanos nacían de la partición simple de alguno de los que figuraban, siempre vestidos, como progenitores. Obras Completas de Dickens, de Oscar Wilde (una hazaña), de García Lorca (otra hazaña), de Shakespeare en una traducción infame. Lo mejor venía de las ediciones argentinas, por ejemplo de El Ateneo tenía mi padre la Ilíada y la Odisea con ilustraciones de Flaxman, y también era argentina una Mitología Clásica muy bonita, o en otras colecciones había tenido yo acceso a Henry Miller, a Mauriac, a Sartre, a tantos otros. Y estaba además todo lo de Zig-Zag, de Nascimento, de Ercilla, o sea también, finalmente, los modestos libros chilenos. En ellos seguía latiendo, lo sabía yo bien, el pulso de Mauricio Amster, su oficio aplicado y no siempre genial, aunque luminoso tantas veces. Amster había diseñado quizá la mitad o incluso hasta el 70% de todos los libros chilenos publicados entre 1940 o 1980, año de su muerte. Era una máquina de diseñar, y haciendo aparecer o no  su nombre en los créditos o en el colofón había trabajado para Zig-Zag, para Ercilla, para Editorial Universitaria, para la Universidad de Chile, para Editorial del Pacífico, para la Sociedad de Bibliófilos, para Babel, para Cruz del Sur, para la muy católica y conservadora Editorial Difusión, para Neruda en persona, y en fin, para lo que se le pusiera por delante en esa época venturosa en la que Chile producía y exportaba gran cantidad de libros.

Yo trataba de llorar sobre esos libros aspirando su olor antiguo, que me trasladaba a los felices sesenta. No sabía yo de niño que habitaba una época feliz, y es que la felicidad se aparece a la vista sólo cuando cesa. Ahí estaban de nuevo, ante mis ojos, los cuidados créditos de Amster, sus escondidos colofones, sus letras A de dibujo clásico, la caligrafía insistente y de aire medieval, las portadillas, el aire para lucir las ilustraciones, ese oficio puntilloso y centro europeo rebotado por casualidad a nuestra periferia. Cada semana diseñó Amster durante cuarenta años  quizá cuatro, o diez, o veinte nuevos diseños de libros y revistas, utilizando en esa era predigital la regla de picas, la maqueta a lápiz, el encuadre de las imágenes con lápiz graso, y mucha visita a impenta. Se desplegaba allí, en esas ruinas a la venta en aquellas librerías periféricas, esa inmovilización de la realidad que propone el libro, de la que Amster había sido el supremo cocinero, y que al poder ser de nuevo vista por mis ojos atravesados por la tragedia histórica, me indicaban que lo vivido había sido tal cual lo había yo vivido, y no del modo cruel que ahora me lo querían contar, que mi pasado era algo y no la nada, que mis referentes seguían existiendo aunque fuese en aquellas desvencijadas librerías de aquella calle a la que no iba la gente exitosa…… ____________ etc, etc, etc.

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BOWLES

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on agosto 29, 2010

mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra ___ paul bowles

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MILAN IVELIC, ENEMIGO DEL ARTE CHILENO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on julio 22, 2010

(hoy, en the clinic) _____ Indignación me han causado los comentarios del todavía director del Museo Nacional de Bellas Artes (lleva ya 17 años en ese sillón) en una entrevista publicada por The Clinic, dando por buena la censura a que sometió mi exposición Ferocitas, presentada en enero pasado en la Sala Chile del museo. No le ha bastado con dañar a un artista, ahora se ufana de ello.

Abusando de sus atribuciones, Milan Ivelic me forzó entonces a una negociación muy desagradable, impropia, en pleno montaje. Blandiendo un índice amenazante (que lo tiene de gran tamaño) y desde la altura de sus dioptrías, este funcionario se paseaba con mirada inquisitiva ante las obras dispuestas cuadrangularmente en el suelo de la sala, apartando algunas que iba disponiendo en unos montoncitos. Yo estaba entonces preocupado de la iluminación y de la correcta adherencia de un papel mural en uno de los paneles, que era cosa técnicamente compleja. Me había gastado tres millones de mi bolsillo entre catálogos, marcos, vitrinas, y aunque mi primer impulso fue el de mandarme a cambiar con mi exposición, finalmente me decidí a hacer lo posible para salvar el esfuerzo realizado. Había allí diez años de trabajo cuidadoso, y seis meses de dedicación casi exclusiva al proyecto. Quizá no debiera haber entrado en esa transacción.

Siempre he pensado que el Museo pertenece a la República de Chile, no a Milan Ivelic, y que se trata un espacio dedicado al arte, no a la diversión de las familias como pretende estúpidamente este señor. Para eso están Fantasilandia, los malls, las tiendas de donuts, los títeres, los videojuegos y tantas otras cosas. ¡Que exista al menos un espacio público destinado a que se encuentren allí los artistas y la gente, un recinto donde se hable de los asuntos que han recorrido medularmente la historia del arte desde que el hombre existe: la muerte y la vida, el cuerpo humano deseante o enfermo, la ciudad y el paisaje, el pasado y el futuro, lo masculino y lo femenino, lo bello y lo corrupto, lo naciente y lo desfalleciente, la soledad y los demás, todo eso que bulle en el corazón y en la mente! Por alguna razón vemos a la entrada del Museo esa espléndida escultura de Rebeca Matte con dos cuerpos desnudos en bronce, “Unidos en la gloria y en la muerte”. Por eso, supongo, alguien dejó en el primer piso una disminuida copia en yeso del célebre Apolo del Belvedere (por cierto con su pene a la vista), que tanto comentario erótico provocó en su tiempo por parte de su descubridor Winckelmann. En fin, como en el psiconálisis, como en la medicina, el arte para ser de verdad, para estar vivo, necesita de una mirada inclusiva y no de una mentalidad policial. El trabajo de los artistas tiene que ver con la belleza y la verdad, no con las aduanas.

Mi exposición estaba centrada en el cuerpo humano, o mejor dicho en mi propia vivencia subjetiva y profunda del cuerpo, o del espíritu, o de lo que sea finalmente este envase animado en que pasamos la existencia, y en mis cuadros comparecían muchas de las visiones de fragilidad, potencia, abandono, soledad, dolor, amor, amistad, pertenencia, cambio, entusiasmo, que son propias de las mutaciones físicas, que eso es estar vivo. Pero hete aquí que este director extraviado comenzó a contabilizar con su dedo castigador los penes en estado de erección (28 en total de 129 obras), exclusivamente los penes y no los corazones (14), ni las cabezas (165), ni las manos (276), ni las vísceras desplegadas (8), ni los resplandores (34), llamándome a continuación a su deprimente oficina para confesarme que por mi culpa hacía tres días que no lograba dormir. ¡Qué tragedia! Creo que el sueño delicado o profundo de un funcionario tiene poco que ver con el arte, pero de eso estábamos hablando en su despacho, oh vergüenza y escarnio para los artistas de este país, siempre basureados, habitualmente mal pagados, mirados con ojo sospechoso por los suegros, por los bancos, por quienes dan en arriendo departamentos o casas, por los ejecutivos de las empresas, a ver esos chascones raros, esos inútiles, esos flojos festivos, esos afeminados, esos psicópatas, al tanto que estos pretendidos especialistas cuyo sueldo se justifica si ayudan y no si nos hostilizan se llenan la sucia boca con florituras mentirosas acerca de la cultura y de la libertad de expresión. ¡Miserables!

Empeñado en dibujar lo para Milan indibujable, estaba siendo forzado yo a darle mejor sueño a este señor. ¿Qué es en verdad lo dibujable? Tragándome el asco, tuve que argumentar. Le hice ver que eran piezas íntimas, de formato pequeño, acuarelas nada realistas, centradas en la soledad, y que para quien pretenda ver porno duro lo mejor es ir directamente a Google. Pero Google no le preocupaba. Y que, añadí, si es por penes en estado de erección lo invitaba yo a él a recordar la expo precolombina con que se inauguró el Centro Cultural del Palacio de la Moneda, con muchos presidentes, ministros, primeras y segundas damas, y en esa expo había aproximadamente cuatro o seis veces la cantidad de falos que en la mía, más modesta, y además los precolombinos eran en tres dimensiones, oh terror de las noches milanescas. Observé adicionalmente que quienes forman parte de sectas laicas o religiosas convencidas de que el falo no existe o que si existe no debiera ser representado, pueden muy bien vivir de acuerdo a ello en la privacidad de sus vidas, pero que no es justo imponer tal censura anatómica a los demás conciudadanos en pleno siglo XXI. Le recordé que le había llevado a ese mismo despacho varias de las obras, incluyendo una de las censuradas, y que personal del Museo había podido ver en mi estudio la exposición completa. Sus argumentos eran siempre muy pobres, o sea no eran argumentos sino apenas regurgitaciones prejuiciadas y temerosas, más propias de un salón que de un museo. Pero él tenía las llaves en su mano, y debí inclinarme, no debía haberlo hecho pero hacía mucho calor y me daba lata pasarme el verano denunciando el abuso de poder de un funcionario de mente anquilosada.

Logró el hombre finalmente que retirara yo tres obras de la muestra, me comprometí a amortiguar aún más la ya penumbrosa iluminación de otras (cosa que no conseguí hacer, tuve problemas técnicos) y convinimos en poner en la entrada un letrerito advirtiendo a los adultos de que allí dentro había representadas partes del cuerpo humano que son partes del cuerpo humano. Oh my god!

Pasarán los años y este censor, como muchos otros, será justamente olvidado. Nada sabrán de él las futuras generaciones. Pasarán los años, y los artistas seguiremos obsesionados con aquello que se quiere eliminar de la realidad. Porque en tiempos oscuros siempre los creadores han estado presentes, por suerte, para hablar por la boca muerta de los otros, para desplegar en toda su irradiante belleza la complejidad de la existencia, para mostrar el estallido cotidiano de las pasiones humanas, para traer a presencia el tema de la tortura cuando ha habido tortura, para denunciar el racismo y el clasismo que tanto nos empequeñecen, para reclamar el esplendor del cuerpo y la diversidad del espíritu humano, para luchar por la libertad de expresión y demás derechos fundamentales, para preservar la belleza del entorno, la dignidad de las ciudades, la majestad de las personas. Y esto no forma parte de un programa o de una postura política, es algo más profundo: es la convicción de que el ser humano constituye una integridad, y que todo lo que le pertenece forma parte de nuestra condición, y que los mutiladores, los censores, los torturadores, los hipócritas, los bobos, los parceladores, los abusadores, son nuestros enemigos.

Juan Guillermo Tejeda

OS DEJO POR UN RATO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on junio 21, 2010


demasiadas distracciones, además estoy de llanero solitario…. no puedo seguir el blog por ahora… os amo ____ fans, podéis ir aquí

COETZE, VERANO

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on junio 7, 2010

Coetze, en Verano ________  Él lee las noticias y se siente sucio. ¡De modo que a esto es a lo que ha regresado! _____  Coetze está en la Sudáfrica de 1972, yo regresé a la pesadilla del Chile de 1988. Sentirse sucio con las noticias, conozco bien la sensación, sentirme sucio con lo que yo no he hecho del todo, o apenas en una parte minúscula, las noticias somos todos finalmente, y cuando son ruines como en las que sabíamos en tiempo de la dictadura uno se siente asqueroso. Este año, pensé en el verano, será verano todo el año, y así ha sido. Laus Homini! ………

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HONESTIDAD BRUTAL

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on mayo 22, 2010

brad blanton, psiq rudo, retirado, en su libro radical honesty: _______ la neurosis es esencialmente una negativa a aceptar lo que está ocurriendo en el presente …. un neurótico es una persona que incesantemente le exige a la vida que sea de otra manera a como es (todos negamos a veces, un poco, la realidad sostiene blanton; el neurótico tiende a negar mucho, intensamente, y siempre) ___ así, la neurosis es un nombre para la negación sistemática de la sexualidad, la agresión, la alegría, la rabia, el amor y otros sentimientos. La clave para curar la neurosis es no sólo identificar los sentimientos que están siendo negados sino también que la persona sea capaz de admitirlos.___ aparte de que mi counter (blog stats, arriba der.) superó las 250 mil visitas, grrrrraumpf!

SALIR DE LA NADA

Posted in dignidad, ESCRIBO, kunst, placer by jgtejeda on mayo 20, 2010

caigo por casualidad en School of Rock, y a media película, me aguanto en ella porque escuché decir que Black es algo, yo lo ubicaba un poco, etc., corre la cosa y detrás de un filme típico norteamericano, de los chistes y personajes (que son afortunados), me empiezo a emocionar con una sólida lucha del gordo en contra del sistema, aunque no lo hace como un rebelde sino como un desesperado; no por ideales sino por salvar el pellejo, por salir de la nada, por ser algo, y eso es lo que le da simpatía ___ el loco no pretende sermonearnos…. es que la ética, finalmente, consiste en lo de Spyke Lee: do the right thing …… lo correcto a veces es incorrecto, o se ve un poco raro, etc., pero tiene un brillo natural, una consistencia interior, se trata de lo que para uno es correcto _______ y además, su simpatía, su energía dispersa……. Black es un personaje que no se gusta mucho a sí mismo, tampoco acierta en sus relaciones con los demás, aunque no se cambiaría por otro: es él. Su gracia es su falta de gracia, su éxito es su dificultad con el éxito, es un Woody Allen de nuestro tiempo, no cerebral sino visceral. ____ es lo generoso (generosidad de cada cual consigo mismo) contra lo mezquino (normalidad impuesta desde fuera según formularios estandarizados) ____ la película toca dos temas que me atraviesan, la pedagogía y el arte ___ y la moraleja: cree en aquello que crees, hazle caso a lo que le haces caso…. y para eso vas a tener que inventarte tu propio camino muchacho, oh yeahhh ____ igual sigo pensando que a lo mejor el compadre no tiene significado alguno, es simplemente eso que vemos

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TIEMPO Y ESPACIO

Posted in ESCRIBO, extraño by jgtejeda on mayo 6, 2010

mi hija tiene ya sus propios hijos…. Borges me sale de una estantería, poético, comparando el tiempo infinito con el nuestro que es tan poco….. estoy de paso y no estoy en esta ciudad… tengo el alma en Santiago, a 12 mil kms de distancia…. son las 9 de la mañana, o sea las 3 en mi cuerpo….

630

Posted in dignidad, ESCRIBO by jgtejeda on abril 25, 2010

Cumplo 630 años de edad, o algo así. Me pregunto en qué momento pasa uno a ser un anciano. Palabra de origen latino, antianus, que viene de ante, o sea antiguo…. No significa un cambio de estatus, sino simplemente una suma de años. Pero anciano me imagino yo el que arrastra las patas y se tira pedos, no tiene dientes y es un estorbo de uñas amarillentas. En algún momento pasa uno a ser eso, y sigue diciendo “me siento joven”…. / los fondos de Rembrandt, las miradas, la luz que resbala….