juan guillermo tejeda

ALEGRES LLAGAS

Posted in cotidiano by jgtejeda on julio 22, 2012

Para mí que el afecto realizado o vivo, al que podemos llamar amor, también amistad, cariño, etc., supone tres cosas, eso voy aprendiendo a través de mis alegres llagas: una afinidad profunda, disponibilidad, y una actitud de respeto.

No podemos inventarnos (tampoco negar artificialmente) relaciones o afectos, es preciso esperar a que entre otra persona y uno brote esa cercanía o corriente natural a la que llamamos afinidad, o también enganche emocional profundo, una familiaridad o pasado individual que de pronto aparece milagrosamente como compartido, o complementario. Son escasas en la vida estas afinidades, pero están ahí, y son parte de nuestra identidad, de lo que somos.

La disponibilidad personal puede parecer algo menor, pero en verdad muchos afectos muy bonitos no logran desarrollarse o dar frutos debido a que uno de los implicados ha asumido ya algunos o muchos compromisos, o debe marcharse a otro lugar, o no le conviene por alguna razón, o pertenece a un medio muy distinto, o siente ambivalencias, o tiene miedo de su propia corriente amorosa, o ha experimentado anteriormente sufrimientos en situaciones similares,  etc. Alguien que en un tiempo tiene mucha disponibilidad puede tener menos en otro momento. El miedo profundo a ser abandonados o maltratados por alguien a quien nos entregamos suele ser motivo para que muchas veces no estemos disponibles..

Por lo que se refiere al respeto, se trata de un movimiento, de una actitud de no estar ni muy distanciado ni muy pegado, aunque sí cerca. El respeto depende de la mirada atenta hacia la otra persona (no la mirada penetrante o invasora) y pasa por  considerarlo en su condición de ser vivo y autónomo, guardando las debidas distancias. Se opone tanto a las lejanías de la burla, el desprecio, la descalificación, el etiquetado, el abandono, la expulsión, la omnipotencia, etc., como en sentido opuesto a la posesión, la dominación, la violencia, el insulto, el sofoco, la demanda imperiosa, etc., zona de control donde se suprime por la fuerza la distancia y la fusión resulta destructora. El respeto mantiene la plena identidad de ambos y precisamente por no empequeñecer uno al otro, por mantenerse cada cual en sus magnitudes y florecimientos naturales, tiene como premio el libre flujo del afecto y la creatividad en ambos sentidos del afecto, dar y recibir sin obligar. Aunque en el amor hay zonas o tiempos de fusión, esa proximidad máxima supone respeto, es decir la plena libertad de ambos para restablecer y graduar las distancias, para seguir mirándose.

Estos tres factores de lo amoroso están en permanente fluctuación, toda vez que somos seres orgánicos, cambiantes y limitados, con múltiples facetas que desarrollamos continuamente. Y además, a menudo, bastante ineptos. (…..lectura de El respeto o la mirada atenta, de Josep María Esquirol)

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