juan guillermo tejeda

JESÚS MARTÍNEZ CLARÁ

Posted in cotidiano by jgtejeda on marzo 18, 2012

Desde que entró como profesor en la Escuela Massana, hacia 1980, Jesús Martínez Clará se destacó como una voz tonante, ilustrada y reflexiva, alguien capaz de opinar con intuición y decisión en los claustros, desbaratando muchas veces los implícitos opacos en que el poder se desliza, y capaz también de convertir con unos pocos toques una modesta clase en una conferencia magistral, o una reunión en un motor de acción formativa.

Me sentí muy honrado cuando propuso mi nombre al equipo docente de Pla i Volum para que me trasladara yo de lo que entonces era Primer Comú, donde estaba sufriendo los rigores de una manera de trabajar a mi juicio demasiado programada y colectivista, a tal punto que los profesores estábamos perdiendo parte del gozo y la calidad que vienen con la libertad de cátedra. Soy un convencido, lo he sido siempre, de que el aprendizaje es sobre todo una experiencia, una transformación que viene marcada por el intransferible ser de las personas que en ella participan, por la dialéctica que se establece entre quienes quieren enseñar y quienes están para aprender, que no son números sinos mundos individuales, personas singulares dotadas de corazón palpitante, temores, ilusiones, rabias, alegrías y confiadas corrientes de afecto. El factor humano, pues, es relevante y en cambio, a medida que se adueñan del territorio de una escuela las programaciones generales que hacen felices a los burócratas, se va matando en vida la aventura de lo que día a día se va haciendo y que nace no de esquemas, sino de experiencias, de confianzas, de enfrentamientos, de conversaciones, de acciones comunes, es decir y sobre todo, de libertad. La desconfianza en la libertad es la gran destructora del aprendizaje, que queda reemplazado por procesos vacíos y sin embargo mensurables. Los profesores de Pla i Volum, en cambio, llevaban adelante un proyecto transdisciplinario orientado hacia la producción y hacia la reflexión, al que concurrían expertos en diversos saberes y estudiantes de diversas especialidades de arte o diseño. Pla i Volum era una miniacademia, un jardín creativo, un espacio abierto de producción artística y morfológica, una microbauhaus, es decir encarnaba y lucía al aire todo aquello que una auténtica escuela de jerarquías, horarios, programas y frustraciones aborrece.

En Pla i Volum me encontré, además, con un saber hacer y un saber decir que me sirvieron de mucho y estimularon mis facetas más agradables, que las tengo o las tenía entonces. ¡Cada vez que Jesús hacía al pasar un comentario especializado caía yo al poco rato sobre la bibliotecaria Lluisa Teixidor, encantadora ella, para indagar acerca de los primeros románticos, o del Ring de Viena, o de la oquedad, o de las sutiles distinciones que sobre el fragmento y la ausencia pueden hacerse contemplando la estatuaria griega! Volví a ser yo mismo, y mi cabello, aún denso y poblado, resplandecía bajo el sol de mi Barcelona querida. Yo formaba parte entonces, no puedo esconder este matiz de mi rememoración, de los parias sudamericanos, una casta que estaba en esos años por sobre los africanos y por debajo de los charnegos, perdonándoseme la expresión tan ruda, y me faltaba poco, en aquel tiempo, para tener que llevar cosido al brazo un brazalete rosa o amarillo o quizás de muchos colores vivos con la palabra sudaca, y eso, después de haber sido amorosamente acogido en los setenta por la gente de la ciudad, que se ocuparon de mis sufrimientos y me abrieron su casa, me hicieron un espacio, cosa que jamás he de olvidar mientras viva. Pero en fin, había sido llamado, y me sentí de nuevo alguien, y me puse con entusiasmo a trabajar con ellos.

Benet Ferrer –inolvidable, inconfundible– Javier Puértolas, Josep Carles Pérez, Jesús Prieto y Jesús Martínez Clará llevaban adelante un proyecto pedagógico único, al que me integré, y debo confesar hoy, treinta años más tarde, que jamás había tenido ni he tenido la oportunidad de vivir una experiencia en que aprendiera tanto. Como dice un proverbio egipcio que nos recordaba el profesor Jean-François Mabardi, si cuando enseñas no aprendes, entonces no estás enseñando. Mi recuerdo, aún hoy, es de un ambiente colorido, activo, abierto, generoso, productivo, ilustrado, todo ello en el bonito edificio gótico del antiguo Hospital de la Santa Cruz, cuyas piedras me conmueven, porque en ellas veo y leo el vínculo que los chilenos y demás americanos perdimos respecto a nuestra cultura europea, a los dolores y riquezas de la tradición clásica hervida en la olla del cristianismo, que a la sombra de la cordillera de Los Andes, bajo la caricia helada de sus nieves de invierno, aquí donde vivo ahora, parecen tan inciertos.

Pla i Volum siguió exitosamente su andadura tras mi marcha a Chile (cosa que no dejó de irritarme un poco, oh vanidosa y mezquina percepción de la realidad que tenemos a menudo los humanos) y tras la incorporación de Gabriel, y de Ferrán Giménez, Armando Gascón, Elisabet Puig y Carles Selicke derivó en la Zona Intermedia y finalmente en Opción Intermedia. Un proyecto de formación artística orientado en primer lugar, en palabras de Jesús, hacia la búsqueda de una zona de relaciones interdisciplinares que armonicen de un modo práctico. Se trata, pues, no sólo de atender a la confluencia de saberes, sino también de orientarse a la calidad de la experiencia, y al producto de ella. Pero es relevante en este programa, sobre todo, la actitud. La pedagogía, señala Martínez Clará, la llevan a cabo un grupo de profesionales con trayectoria profesional reconocida y especializados en cada materia que combinan su actividad e investigación privada con el complemento de la enseñanza… El alumno encuentra un referente de calidad contrastada, pero también alguien que investiga, ensaya, duda, se desarrolla al mismo tiempo que el alumno. La relación entre alumno y profesor está basada en el respeto y en la confianza mutua. El principio pedagógico principal es que el profesor tiene necesidad de explicar, comunicar su experiencia y el alumno adulto tiene un estado de necesidad por conocer esa experiencia con una actitud de disposición y trabajo constante.

Más allá de la experiencia de estos cursos, los principios y valores que los sustentan constituyen para Jesús el hálito interior que ha movido su hacer durante décadas en la Escuela Massana. Se trata de que la enseñanza esté dada por profesores activos en el medio. Se trata de que los estudiantes encuentren un espacio donde el crecimiento y la creación sean posibles. Se trata también de compaginar disciplinas desde la libertad, la razón, la iluminación y los valores humanos. El proyecto pedagógico que Jesús Martínez Clará denomina finalmente Opción Intermedia, y que tuvo ocasión de explicar integralmente en las jornadas del Congreso Internacional organizado por la Hogenschool voor de Kunsten Utrecht y celebrado en la Escuela Massana de Barcelona con asistencia de profesores de Holanda, Francia, Alemania y Canadá, es un proyecto de vida, un modelo pedagógico.

En su libro Entre la inspiración y el proyecto. La zona intermedia (Edicions de l’Escola Massana, Barcelona, 2011), Jesús Martínez Clará despliega este modelo a través de una recopilación de textos, es decir presentaciones, artículos, epigramas, cartas, conferencias, todos los cuales inciden de una u otra forma en los principios orientadores de su modelo de enseñanza. No conozco mejor crónica que esta de los últimos treinta años de la Escuela Massana. Todos los textos hacen referencia a hitos concretos, a obra de los profesores o alumnos de la escuela, al resultado de los afanes que mueven a estos seres, los creadores, a proponer formas nuevas y a trvés de ellas, nuevos relatos del mundo. Jesús, así, olvida los organigramas y pasa por alto los planes de estudios o los reglamentos, para concentrar la mirada en las dos vísceras centrales de lo que finalmente es una escuela: la experiencia y el producto. El listado de artistas es notable, y a cada uno de ellos le dedicó el profesor, en su momento, la atención y la reflexión sin las cuales no es posible construir cartografía alguna del tejido artístico. No estamos tan sólo ante una crónica de hechos, que lo es, y que al serlo organiza en el tiempo una aristocracia de acontecimientos, obras y protagonistas. Crónica local, por cierto, como toda crónica, pero que al tratarse de la Escuela Massana y de la ciudad de Barcelona entre 1980 y 2010, trae a presencia los temas y las vivencias de la escena europea y mundial del arte y el diseño.

Me dijo en una ocasión Jesús que el arte no avanza, que al contrario de lo que ocurre en el dominio científico, lo mismo puede valer un mosaico romano que una pintura manierista o una instalación contemporánea, y siendo así lo nuestro, una ciencia que no es tal, un conocimiento que jamás es negado por el que viene, algo hay de infinito en esos mapas que nos lleva a las referencias borgianas o a las leves profundidades orientales, profundidades que yo, materialista como soy, no llego a entender tan bien como Jesús. Aparecen, pues, en los textos de Jesús, no sólo su programa, no sólo su talante de maestro, y no sólo los hechos relevantes que hacen crónica e historia, sino también una estética, un discurso hilvanado al filo de la poesía y de las lecturas clásicas o ilustradas que nos habla finalmente de las cuestiones eternas: la inspiración, el amor, el movimiento, la belleza, la teología, la sociedad, la forma, la academia, la virtud, la muerte, la imperfección, la intimidad, la naturaleza, el deseo, la verdad, el enigma, y sobre todo, siempre, del incesante, interminable, misterioso banquete del arte.

Mi mirada, no se me escapa, es la de un chileno, perdido en la periferia, que de vez en cuando reaparece en Barcelona después de haber pasado allí, hace ya tiempo, catorce años bien vividos, y por eso debo pedir se me disculpen zonas completas de la percepción que sé, existen, pero no las tengo yo alojadas en la mente. He disfrutado de la amistad de Jesús, frecuentemente conversamos no sin pasión, recibo con mayor o menor dosis de humildad sus reprimendas, gozo de su compañía, atiendo a su parecer, a su voz, me halaga su acogida, y me siento especialmente feliz de todo ello.

La cautela primordial de Jesús Martínez Clará, su amor por el orden, su curiosidad ante los estruendos, su escepticismo hedonista y mediterráneo cruzado de aromas orientales, su curiosidad suspendida o detenida, no sé bien cómo decirlo, impregnan su decir de fuerza interna y de poesía. La sensatez, en el arte, puede tomar forma de lluvia o de sequía, de planicie, de sombra o de volumen insoportable, incluso de locura individual o colectiva, y en medio de esos accidentes, durante treinta años, con buen o mal tiempo, ha estado él cada día en terreno, oteando el horizonte, conversando, escuchando, tomando nota, enhebrando razones, clavando sus pupilas, defendiéndose, sonriendo, elaborando texto, construyendo formas, haciendo escuela, tejiendo junto a otros, que no son muchos, el interminable mimbre de lo que somos, de lo que queremos ser, de lo que dejamos registrado a nuestro paso por esta tierra gastada.

4 comentarios

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  1. Jesus Martinez Clara said, on marzo 18, 2012 at 1:03 pm

    Querido y entrañable amigo: tu texto me ha parecido cordial, de corazón a corazón . Te lo agradezco vivamente.

    PD.
    Quiero dejarte mi dirección blog. http://jesusmartinezclara.balearweb.net por si te parece conveniente que una vez presentado a tus lectores, puedas colocarme en el archivo de tus Blogroll. Gracias

  2. Jesús-Teodoro Martín Sánchez said, on marzo 18, 2012 at 1:27 pm

    Me ha conmovido a mi también. Tuve la suerte de ser uno de esos alumnos, que a veces desconcertados, fuimos invitados a abrir puertas, a explorar nuevos espacios que incorporar a nuestra experiencia. Recuerdo esos dias como los mejores de toda mi formación acádemica. Gracias por este brillante texto y gracias a quien sea que hizo que mi camino se cruzase con el vuestro.

  3. Gloria Cruz (Escola Massana, Barcelona) said, on marzo 18, 2012 at 1:46 pm

    Un pellizco en la mejilla, un guiño, una mirada cómplice entre las siluetas anónimas de un cine, una palmada en el trasero, un beso de tornillo a la vista de todo el mundo, unos ojos presos de la admiración que siguen la estela de alguien, una sonrisa en el tren que se escapa de los labios presa de un buen recuerdo…

    Ver manifesaciones de afecto en público me positivizan, estas palabras tuyas que hablan así de Jesús hacen que me sienta un ser humano feliz tanto por lo que son cuanto por cómo las recibirá.

    Jesús permite que los “intercisciplinarios” también tengamos un papel en esta historia, como tú, que ante la cansina dicotomía entre pintura e ilustración contestaste: imagen.

    Por cierto, detecté sin problemas que mi brazalete se parecía al tuyo. Es una lástima que ya no estés tan cerca de los alumnos de esta escuela, como también es una lástima que Jesús haya decjado de hacer crítica de arte. Ambos me habéis dejado con la miel en los labios.

    Gloria Cruz

  4. Josep Carles Pérez said, on marzo 31, 2012 at 7:19 am

    Oh ! Guillermo, que privilegio estar en tus recuerdos entrañables de tu paso por la Escola Massana.
    Solo me veo capaz de compartir lo que se destila de tu artículo, en referencia al libro y a la persona de Jesús Martínez Clarà.
    También he sido un privilegiado, y aún lo soy, por la atención y soporte que Jesús hace; desde que fui alumno suyo y desde casi treinta años de comocompañero; de todas las propuestas, proyectos, frustraciones, ilusiones, intuiciones,… que le comento.
    Pla i Volum / Zona Intermedia ha sido como dices un inicio que solo finalizará cuando aquellos que supimos aprovecharlo dejemos nuestro soporte vital. Fue un motor, como bien dices, de manera que con cada profesor y cada alumno que compartiamos un instante de creatividad, se generaba la energia suficiente para el siguiente acontecimiento.
    Gracias a todos los compañeros, profesores y alumnos, es decir gracias también a ti “Tex” actuo como actuo cada dia en el que intento compartir con alguien en la Escola Massana, razones comunes del hacer.
    Puedo aportar un dato intrínseco del Guillermo Tejeda, que todos conocemos, es el recuerdo de estar siempre con un hilo sin fin de tinta sobre el papel. Era continuo el verte dibujar todo aquello y a todos aquellos que observabas. Es uno de los recuerdos y tu peculiar modestia del sabio observador, en tu opinar cotidiano, lo que me impresiono de conocerte.
    Gracias por haber estado en Barcelona y gracias por tenerme en un fragmento de tu memoria.

    Josep Carles


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