juan guillermo tejeda

CACERÍA HUMANA

Posted in cotidiano by jgtejeda on febrero 26, 2012

Sobre Undangarín sé que existe hoy, más o menos, una opinión única: tolerancia cero para los que aprovechándose de sus altas vinculaciones y roles se quedan con dinero público. Y sin embargo, en mi caso, quisiera que no fuese culpable, o no fuese tan culpable, y sé que esto no depende para nada de mis deseos. Pero así como me repugnan la falta de probidad y el aprovechamiento corrupto, me chocan de igual manera los linchamientos. Nunca he creído en la justicia vociferante. Sé que se trata simplemente de resentimiento activado por una determinada conducta, de un momento en que las salvaguardas que permiten a alguien ostentar una determinada posición se desploman, y queda abierta la temporada de caza. Los privilegios de algunos resultan irritantes. El que haya gente demasiado rica o demasiado poderosa o demasiado cruel es una indignidad.

Sin embargo tan injusto es eso como hacer caer todo el peso de las humillaciones históricas sobre un sujeto, que además de haber faltado a la norma y haber sido descubierto, es probablemente un buen padre, o un amigo, o un lector, o algo, en fin, una persona provista de derechos y de dignidad sólo por haber venido a este mundo. Su conducta, la que sea, no nos da un pasaporte para entrar a quemarle la casa y a clavarle botellas astilladas en su abdomen, para escarnecer su nombre y aterrorizar a su familia. Los periodistas se prestan a eso, la turba ataca por las redes sociales y en poco rato estamos de nuevo en una atmósfera similar a la que reinó en Chile las semanas y meses después del golpe en contra de Allende. Y a la que hubo en la Alemania de Hitler o en la U.R.S.S. de Stalin. Culpa, histeria colectiva, opinión única, tolerancia cero, linchamiento, exterminio, alegría popular. Pero un extraño vacío legal, un limbo moral, permite que eso ocurra, cada vez más alegremente. Los jueces operan, entonces, empujados por estados de opinión donde está ausente no sólo la razón sino también el respeto por la dignidad humana. Las conductas indebidas deben ser castigadas, por cierto, pero no hay barbaridad que merezca la barbarie. No vamos a hacer cámaras de gases para gasear a los nazis.

Entiendo que detrás de esta causa judicial se trenzan combates políticos, monárquicos contra republicanos, etc., y que hay grupos que intentan minimizar las culpas del Duque de Palma sólo por intereses partidistas. Por ejemplo el diario la Vanguardia de Barcelona mantiene en ese sentido cierta circunspección.

Pero sobre los linchamientos mediáticos y respecto de los medios convertidos en tribunales de facto con el populacho detrás, sólo he visto a Arcadi Espada arremeter con fuerza. Una reportera junto a un equipo de enviados especiales a Washington intentó entrevistar a Undargarin, que después de unas fintas echó a correr, y la cámara de los periodistas se enfocó en su culo. El hombre había ido a dejar a su esposa y a los niños a un cine, se ven los tres niños salir de una van. Comenta Espada: Mientras mostraban el regio dorso, una voz en off, el fétido corifeo, iba diciendo: «¡¿De qué huye Urdangarín, de qué huye?!» La voz iba buscando la guillotina de la metáfora: ¡míralo, pueblo, el pelele, cómo huye de la justicia! Sin embargo el yerno solo hacía lo que cualquier demócrata asustado: huir de los navajeros.

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