juan guillermo tejeda

DE SENECTUTE

Posted in cotidiano, dignidad, enfermedad by jgtejeda on septiembre 3, 2011

Cicerón _____  a mi modo de entender son cuatro los motivos porque la vejez parece a algunos llena de trabajos: el primero, porque aparta del manejo de los negocios; el segundo, porque debilita y enferma el cuerpo; el tercero, porque priva de casi todos los deleites, y el cuarto, porque no está muy lejos la muerte.  _________ no sé si está bien o no el punteo de Cicerón, que apenas alcanzó a asomarse a la vejez ya que fue mandado matar por Marco Antonio cuando tenía 63 años, un centurión le hundió una espada y su cabeza y manos fueron expuestas luego públicamente en Roma. En la serie televisiva Roma se le presenta como oportunista y cobarde, y no me cuadra, creo que fue valiente, se opuso siempre a la tiranía y murió por ello. Yo tengo un año más que los de Cicerón al morir y medio menos de lo que es aconsejable para jubilarse. No sé si estaré muy pronto fuera o no de los negocios, esto es, del mando. Últimamente he mandado más que antes, al comienzo me complicaba mucho pero ahora me sale natural, aunque no sin conflictos, y casi siempre es así. Pero mandar o como dice Cicerón manejar los negocios (rebus gerendis, la gerencia de las cosas) no depende de uno sino también de los demás, del contexto, etc. Administrar no es algo que me atraiga demasiado, me gusta más influir, o mejor dicho representar a los demás lo que falta, aquello que por las prisas o emociones del instante parece no existir pero existe. También puedo armar yo mi propio quiosco… La salud, es verdad, se va haciendo más frágil, dormir no siempre es fácil como antes, el cuerpo no sigue igual de sólido, aunque debo decir que mi exagerada sensibilidad física me ha hecho sentir durante toda la vida esa misma sensación, y ahora me parece aquello una tontería, una percepción errónea heredada de la falta de resolución parental de mis padres. He sido siempre vigoroso, me parece ahora y no me lo parecía entonces. En algunas cosas creo estar muy por detrás que la edad real que tengo, como si estuviera siempre en desarrollo, es una sensación rara pero muy viva, uno asume las edades que le tocan como le caen, como puede, y deja cosas por hacer que luego vamos completando, o sea que hay trozos de la niñez, de la adolescencia, de la juventud adulta, etc., que pueden seguir desarrollándose más tarde aunque más lentamente, cuando estamos ya en otra edad. Sobre los deleites (voluptatibus dice el texto), quizá espero menos de ellos, o los busco con menos desesperación, con menos ferocidad, pero aun están, aprecio el hedonismo, las cosas y personas bonitas, los rincones de la ciudad, la música, la comida, la borrachera, la risa… Y sí, la llegada a la meseta final es un poco descorazonadora y le sopla a uno en la nuca un viento frío. Con todo, siento en plenitud mis emociones, quizá más que nunca, y me gusta que cursen como son, sin maquillaje, se me ha ido disolviendo la autocensura porque estoy convencido a final de cuentas que soy una persona más, ni mejor ni peor que el resto, destinado a la muerte como ellos, marcado y hecho por los episodios vividos, por las personas y lugares que me tocaron, y que lo que me gusta, lo que amo, lo que me enoja, lo que me interesa, es porque así fluimos.

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