juan guillermo tejeda

TODO, NADA

Posted in sencillez by jgtejeda on julio 28, 2011

Deséalo todo, no esperes nada. Es el lema favorito de Raoul Vaneigem. Lo encuentro enormemente atractivo, o sea que a menudo nos censuramos el deseo, y Vaneigem nos empuja a ser fieles a lo que somos, que perdonando el filosofeo y siguiendo a Espinoza se puede reducir a que el deseo (cupiditas) es la esencia misma del hombre. Somos lo que deseamos, porque (continuando con Espinoza) cada cosa tiende a perseverar en su ser, y para cada cosa o sujeto lo bueno es aquello que lleva a un estado de mayor perfección. En fin, en la vida cotidiana estamos sometidos a múltiples desgastes y carencias, nuestra propia necesidad de seguir respirando nos exige el mantenimiento de ciertas condiciones mínimas, o sea aire, movernos, comer, estar con otros, etc. Pero más allá de la supervivencia nos proyectamos continuamente, a cada momento, de modo más perfecto y ambicioso, y eso se concretiza mediante el deseo. Los deseos simplemente se presentan, juntos o en sucesión, y ese desear es la vida, o la primera parte de la vida, el empuje vital, el despliegue de nuestra estrategia para seguir siendo y ser mejores. El cristianismo y otras religiones sugieren hacer caso omiso del deseo, desobedecer a nuestros sentidos. Veneigem, en cambio, invita a desearlo todo (es una exageración, por cierto, no es posible desearlo todo), es decir, a admitir todo deseo como fuego interior validado simplemente por su existencia: es una ética de lo que se presenta ante la voluntad. Pero no siempre el deseo se cumple, la mayoría de las veces el cumplimiento llega demasiado tarde o parcialmente, y entretanto han aparecido nuevos deseos, etc. Cuando tratamos de forzar el cumplimiento de algo que deseamos en circunstancias de que éste depende de otras voluntades, de fuerzas sobre las cuales no tenemos control, entonces nos desgastamos o caemos en la violencia, en el sufrimiento, perdemos el ritmo, etc. El no esperar nada es una anticipación de la muerte, o dándolo vuelta es precisamente esperar la nada en que nos convertiremos, lo que nos hace huérfanos errantes en este mundo en que no hay deseo alguno que se logre totalmente y para siempre. Desear mucho y esperar poco, mantenernos a medio caer y a medio elevarnos, agradecer y gozar lo que nos llega, no hacernos mala sangre por lo que se nos escapa, porque vivir es eso, querer cosas, ganar unas y perder otras. No sé si lo he explicado muy bien, seguiré corrigiendo.

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