juan guillermo tejeda

LAS RAZONES DE ASSANGE

Posted in dignidad by jgtejeda on diciembre 8, 2010

JULIAN ASSANGE, HOY EN THE AUSTRALIAN) ______ LA VERDAD SIEMPRE  GANA______ En 1958 un joven Rupert Murdoch, por aquel entonces propietario y editor del Adelaide’s The News, escribió: “en la carrera entre secreto y verdad, parece inevitable que la verdad siempre triunfe.”

Su observación tal vez reflejaba las revelaciones de su padre, Keith Murdoch, de que tropas australianas estaban siendo innecesariamente sacrificadas por incompetentes mandos británicos en las playas de Gallipoli. Los británicos trataron de callarlo pero Keith Murdoch no sería silenciado y sus esfuerzos condujeron al final de la desastrosa campaña de Gallipoli.

Casi un siglo después, Wikileaks también está publicando sin temor algunos hechos que es preciso hacer públicos.

Crecí en un pueblo de Queensland en que la gente expresaba sus pensamientos abruptamente. Descreían del exceso de gobierno como de algo que podía ser corrompido sino se lo vigilaba con cuidado. Los oscuros días de corrupción en el gobierno de Queensland, justo antes de la investigación Fitzgerald, sirven de testimonio de lo que pasa cuando los políticos impiden que la prensa informe la verdad.

Estas cosas han perdurado en mí. Wikileaks ha sido creado en torno a esos valores centrales. La idea, concebida en Australia, era utilizar las tecnologías de Internet de forma novedosa para comunicar la verdad.

WikiLeaks ha acuñado un nuevo tipo de periodismo: el periodismo científico. Trabajamos con otros medios para llevar las noticias a la gente, pero también para probar que son verdad. El periodismo científico le permite leer una noticia, después hacer click en línea para ver el documento original en que está basada. Así puede juzgarla usted mismo: ¿Es la historia auténtica? ¿El periodista informó correctamente?

Las sociedades democráticas necesitan una prensa fuerte y Wikileaks es parte de esa prensa. La prensa ayuda a que el gobierno se mantenga honesto. Wikileaks ha revelado algunas duras verdades sobre las guerras de Irak y Afganistán, y ha dado en primicia historias sobre la corrupción corporativa.

Han dicho que estoy contra la guerra: para que conste, no lo estoy. A veces las naciones necesitan ir a la guerra, y hay guerras justas. Pero no hay nada peor que un gobierno mintiéndole a su pueblo sobre esas guerras, pidiendo después a esos mismos ciudadanos que pongan su vida y sus impuestos en riesgo por esas mentiras. Si una guerra está justificada, entonces que se diga la verdad y la gente decidirá si la apoya.

Si han leído algunos de los registros sobre las guerra de Afganistán o la de Irak, cualquiera de los cables o cualquiera de las historia sobre las cosas que Wikileaks ha informado, consideren lo importante que es para toda la prensa ser capaz de informar libremente sobre esos temas.

Wikileaks no es el único editor de los cables de la Embajada estadounidense. Otros medios de prensa, incluyendo The Guardian en Gran Bretaña, The New York Times, El País en España y Der Spiegel en Alemania han publicado los mismos cables redactados.

Sin embargo, es Wikileaks quien como coordinador de todos esos otros grupos, ha recibido los ataques y acusaciones más perversas del gobierno estadounidense y sus acólitos. He sido acusado de traición, aunque soy australiano, no un ciudadano estadounidense. Ha habido docenas de peticiones serias en los Estados Unidos que han solicitado que me “liquiden” las fuerzas especiales estadounidenses. Sarah Palin dice que yo debería ser “cazado como Osama bin Laden”, hay una ley republicana esperando ante el Senado, que busca declararme una “amenaza transnacional” y ser tratado de forma acorde. Un consejero del Primer Ministro de Canadá ha hecho un llamado en la televisión nacional para que yo sea asesinado. Un blogger americano ha pedido que mi hijo de 20 años, aquí en Australia, sea secuestrado y dañado sin más razón que hacerme daño.

Y los australianos pueden observar sin orgullo la desgraciada alcahuetería con respecto a esos sentimientos del Primer Ministro Gillard y de la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, que no han tenido ni una palabra de crítica para otros medios de prensa. Eso es porque The Guardian, The New York Times y Der Spiegel son viejos y grandes, mientras que Wikileaks es aún joven y pequeña.

Somos chiquitos. El gobierno Gillard está tratando de dispararle al mensajero porque no quiere que se revele la verdad, incluyendo información sobre sus propios tratos diplomáticos y políticos.

¿Ha habido alguna respuesta por parte del gobierno australiano a las numerosas amenazas públicas de violencia contra mí y el resto del personal de Wikileaks? Uno podría pensar que un Primer Ministro australiano debería defender a sus ciudadanos contra ese tipo de cosas, pero únicamente ha habido reclamaciones no fundamentadas de ilegalidad. El Primer Ministro y, sobre todo, el Fiscal General se supone que deberían ejecutar sus responsabilidades con dignidad y por encima de las disputas. No nos preocupemos, esos dos pretenden salvar el pellejo. No lo harán.

Cada vez que Wikileaks publica la verdad sobre abusos perpetrados por agencias estadounidenses, los políticos australianos cantan un improbable desafinado coro junto al Departamento de Estado: “¡Arriesgáis vidas! ¡Seguridad nacional! ¡Ponéis en peligro a las tropas!” Después dicen que no hay nada importante en lo que Wikileaks publica. No pueden ser las dos cosas a un tiempo. ¿Cuál de las dos lo es?

Ninguna. Wikileaks tiene una historia de cuatro años de publicaciones. En ese tiempo hemos cambiado gobiernos enteros, pero ni una sola persona, que ninguno de nosotros sea consciente, ha sido dañada. Pero Estados Unidos, con la complicidad del gobierno australiano, ha matado miles tan sólo en estos últimos meses.

El Secretario de Defensa Robert Gates ha admitido en una carta al Congreso estadounidense que ninguna fuente de inteligencia sensible o método ha sido comprometido por los “diarios” de guerra referentes a la guerra de Afganistán. El Pentágono ha declarado que no hay evidencia de que los informes de Wikileaks hayan llevado a nadie a ser dañado en Afganistán. La OTAN en Kabul le ha dicho a CNN que no podía encontrar a una sola persona que necesitase ser protegida. El Departamento Australiano de Defensa dijo lo mismo. Ninguna tropa o fuente australiana ha sido dañada por nada que hayamos publicado.

Pero nuestras publicaciones han estado lejos de carecer de importancia. Los cables diplomáticos estadounidenses revelan algunos hechos sorprendentes:

Estados Unidos ha pedido a sus diplomáticos robar materiales humanos e información personal de funcionarios de las Naciones Unidas y grupos de derechos humanos, incluyendo ADN, huellas digitales, scaners de retina, números de tarjeta de crédito, contraseñas de internet y fotos de sus documentos, en violación de tratados internacionales. Es presumible que los diplomáticos australianos de las Naciones Unidas también hayan sido tomados como blancos.

El rey Adbullah de Arabia Saudita pidió a funcionarios estadounidenses en Jordania y Bahrein que detuvieran el programa nuclear iraní por cualquier medio disponible.

La investigación de Inglaterra en Irak fue falseada para proteger “intereses estadounidenses”.

Suecia es un miembro encubierto de la OTAN y comparte información estadounidense al margen del Parlamento.

Estados Unidos está jugando sucio para conseguir que otros países acepten detenidos liberados de Guantánamo. Barack Obama aceptó reunirse con el Presidente de Eslovenia tan sólo si Eslovenia aceptaba un prisionero. Se ofrecieron millones de dólares a nuestro vecino del Pacífico, Kiribati, para que aceptase detenidos.

En su trascendente sentencia en el caso de los Papeles del Pentágono, la Corte Suprema de los Estados Unidos afirmó: “tan sólo una prensa libre y sin restricciones puede exponer de forma efectiva las mentiras en el gobierno”. La voraginosa tormenta en torno a Wilkileaks refuerza hoy la necesidad de defender el derecho de toda la prensa a revelar la verdad.

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