juan guillermo tejeda

MUJERES QUE VIENEN CON LA YUMBINA PUESTA

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on diciembre 28, 2008

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Renace la yumbina –o yohimbina-, una sustancia mitológica capaz de vencer, dicen, la tenaz resistencia de las hembras a la cosa sexual, haciendo de ellas unas copuladoras descontroladas. La yumbina fue durante décadas un cuento susurrado entre colegiales, en el recreo. Se decía que en el campo, cuando una vaca o una yegua se resistían a ser cubiertas, se les daba yumbina. Eran los tiempos en que las noticias sexuales venían casi siempre del campo, cuando la vida de fundo y las yeguas o los toros eran los modelos de comportamiento sexual que podíamos permitirnos.

Aunque el campo chileno ya no es lo que era, la yumbina ha resistido y regresa triunfalmente. Los expertos señalan que se trata de un alcaloide extraído de una planta africana llamada Corynanthe Yohimbina. Se dice –sigue el mito- que en algunas discotecas argentinas le echan yumbina a los tragos de las minas, ché, y en fin, el resultado es extraordinario…

El que una mujer pierda el control y se desate sexualmente constituye un viejo sueño varonil. El trabajoso arte de la seducción con sus sonrisas, invitaciones, regalos, cortesías, promesas, miradas románticas, caricias, ternuras y demostraciones airosas de fuerza pocas veces tiene otro fin que derrotar la desconfianza femenina, subir la temperatura del cuerpo de la hembra y entrar en el milagroso mundo del labio entreabierto y el pecho palpitante, en ese paraíso del bajo vientre lubricado y feliz. Pues bien, la promesa de la yumbina es que todo aquel lento procedimiento, que a los galanes más nerds puede llevar meses o años, se convierte en un logro instantáneo una vez que la chica ha ingerido la pócima.

Pero quizá lo de las hembras recatadas sea, como la tradicional vida de campo chilena de guitarra y adobe, cosa del ayer. Hoy pululan las mujeres modernas que tienen trabajo bien remunerado, piso propio, perro con carnet y deseos sexuales a flor de piel, hembras que reclaman del mundo su porción de dicha sexual. Son mujeres que vienen con la yumbina puesta. Ante ellas, el macho moderno hará bien en esconder la dosis de yumbina que pensaba echar a escondidas en el trago de la chica. O se la tomará él mismo: según los especialistas la sustancia puede estimular a ambos sexos.

La mujer devoradora, la hembra ayumbinada y exigente que busca su ración, con todo lo que tiene de arrebatadora, no es quizá un bocado tan dulce como el que imaginaban los galanes frustrados de otros años. Si la mujer clásica sin yumbina puede producir impaciencia y desespero, la neohembra yumbinosa, aunque atractiva, tiene su lado perturbador, su reverberación freudiana, edípica o como se llame eso que convierte a los machos más recios en conejitos temblorosos. La yumbina sigue siendo misteriosa. Pero las hembras lo son aún más. (POR JGT, HOY EN www.lun.cl)

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