juan guillermo tejeda

ETERNAMENTE DESNUDOS

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on noviembre 2, 2008

Oscar Tusquets, célebre arquitecto catalán, o sea español un poquito a desgana, acaba de publicar un libro –Contra la desnudez– en contra o a favor del desnudo, la verdad es que no queda claro. Da lo mismo, porque el texto es divertido. Las ilustraciones muestran cómo los artistas se han afanado desde la antigüedad hasta hoy por representar la materialidad de los humanos en su esplendor, sin ropa, sin zapatos, todo a la vista.

Se decidió Tusquets a escribir el libro después de ir a una playa de Ibiza. Multitudes en cueros se apretujaban a la orilla del mar, y tras luchar por encontrar un sitio logran él y su señora poner sus toallas. Es en eso que llega una nórdica entrada en kilos y en años. Al dejar caer ella a tierra su cuerpazo, salpicando gotas de agua de mar y granitos de arena, nota nuestro sutil arquitecto que de entre las nalgas le brota a la dama el cordelito de un tampax. Conclusión: la desnudez no es para cualquiera.

El autor sostiene que las poses artísticas del cuerpo desnudo son escasas. De pie, está el célebre contrapposto, que a diferencia de lo que ocurre con el simétrico cuerpo de los militares en formación, se apoya en un pie soltando el otro, lo que al hacer subir la cadera genera torsiones en los hombros, el cuello y la línea de los ojos. Es la postura de muchísimos desnudos de Grecia y Roma. Entre los italianos renacentistas se repitió muchas veces la figura yacente de Afrodita o Venus, diosa pagana de la cópula feliz. En cambio los desnudos sentados -salvo excepciones como las de El Beso de Rodin- no alcanzan a tener el necesario glamour.

Otros capítulos se dedican a “fragmentos corporales agradecidos”, por ejemplo el culo, que así le llaman los españoles a nuestro cauto trasero, y del masculino se afirma que es un atributo que sirvió de inspiración a clásicos y a renacentistas. Miguel Angel Buonarotti tenía gran habilidad para representarlo en sus esculturas, y en cambio las tetas, que en Chile preferimos denominar pechugas, las esculpía con torpeza. No se gasta el autor en airear su condición de macho (como nos sentimos obligados a hacer los chilenos), y sus observaciones se desparraman por las anatomías de ambos sexos. Algunas reflexiones dedica Tusquets al difícil arte de representar el pene, señalando que los griegos, incapaces de dar a este mutante atributo sus dimensiones reales, se conformaban con ponerle genitales de niños a los cuerpos adultos. La vagina remite, en cambio –sobre todo en el arte moderno- tanto a la tibia sensación de acogida como a diversos terrores psicoanalíticos.

En fin, una lectura recomendable para los aficionados al arte, a la desnudez o al pudor. (POR JGT, HOY EN LUN)

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