juan guillermo tejeda

TODOTERRENO: ENFERMOS DE DESEO

Posted in pillo by jgtejeda on octubre 19, 2008

(POR JGT, HOY EN LUN>>>>)

Un actor de televisión, David Duchovny, ingresó hace unos meses a una clínica especializada para curarse de su adicción al sexo. Al parecer el tratamiento surtió efecto: apenas salió de allí declaró que se sentía completamente restablecido, y llegando a su casa decidió divorciarse de su señora. Sabemos todo esto por el propio actor, quien al parecer tiene la necesidad de comunicar públicamente sus percances en este terreno.

No sabe uno el tipo de tratamiento a que someterán en las clínicas a los adictos al sexo. Desde luego que deberían evitarse las enfermeras de bonitas piernas y que dan la sensación de llevar puesta sólo la bata blanca, y lo mismo corre, en este mundo de hoy tan lleno de opciones de género, respecto de los enfermeros, masajistas, camilleros y demás personal adjunto. También están las pícaras nutricionistas y desde luego las doctoras y los facultativos, además del resto de los sometidos a tratamiento, que debe haber más en la clínica, y se trata en cada caso de personas incapaces de contener su lubricidad, e imagina uno que con algo de buena pinta, porque no cualquiera llega a adicto sexual en esta vida.

Lo ideal pareciera ser mantener a los pacientes en condiciones de estricto aislamiento. También debe ser saludable evitar pasarse el día en cama. Y nada de computadores o wi-fi. Antes a los conscriptos les daban bromuro, dicen, para deprimirles un poco la gana juvenil y evitar bochornos. Probablemente y en la misma línea, ahora a los adictos sexuales quizá les den medicamentos inhibidores del apetito carnal. Cuando éramos colegiales, los curas nos recomendaban duchas heladas y mucho deporte para alejarnos así del hábito infernal de estimular manualmente el brote de semen que en tales edades está siempre a punto de dar el salto. A lo mejor en esas modernas clínicas recurren a la hipnosis, o a las descargas eléctricas, vaya uno a saber.

El impulso masculino por seducir y llevar a la cama a toda hembra mínimamente deseable era considerado hasta hace poco como un plus, una señal de cuerpo sano, y ausencia de traumas. Se le decía al sujeto que era calentorro, lacho, picaflor, picado de la araña, viejo verde, en fin. Eran modos coloquiales de expresar admiración. Las mujeres los censuraban, aunque con los ojos brillantes y los labios entreabiertos. Pues bien, la alegría se ha terminado. Aquellas conductas constituyen hoy un síndrome, una patología, un nuevo tipo de enfermedad, que es preciso tratar. Estamos ante un nuevo nicho de negocios médicos.

Solo y aburrido, pues, frigorizados sus deseos, lejos de cualquier finta sexual y además divorciado, Duchovny es ahora una persona sana. Su ejemplo habrá contribuido a que la adicción sexual se encuentre hoy en la canasta de enfermedades modernas. No sería raro que pronto forme parte del listado de patologías cubiertas por el plan Auge.

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