juan guillermo tejeda

TODOTERRENO: EL CHILE DE JOCELYN-HOLT

Posted in ESCRIBO by jgtejeda on septiembre 21, 2008

(Hoy, en Las Últimas Noticias) _____________________ Desde que leyéramos -saltado, por cierto, y de atrás para adelante, o más o menos- los veinte tomos de don Francisco Antonio Encina que no disfrutábamos tanto con el relato de los hechos de nuestro país. En el tercer volumen de su Historia General de Chile -“Amos, señores y patricios”-, Alfredo Jocelyn-Holt despliega con generosidad sus talentos: amor por la discusión más que por las certezas, traslado de su cabeza y la de los lectores al escenario europeo, ocurrencias no siempre políticamente correctas, estilo literario gozoso, apertura a disciplinas no históricas, lecturas ilustradas. Quedan atrás, muy atrás, los resúmenes, los manuales de colegio tipo Walterio Millar, Frías Valenzuela o Villalobos, y también las aproximaciones ideológicas en que la historia local es un pretexto para defender la lucha de clases o el exterminio de marxistas.

Jocelyn-Holt centra en la borrosa figura del jesuita Alonso Ovalle su indagación de sabueso intelectual por lo que fueron los siglos previos a la Revolución Francesa, el XVII y el XVIII. Siglos centrados, por cierto, en la Europa de las luces, absolutista en Versalles, católica en Roma. El padre Ovalle va a dar a esa Roma donde ha sido quemado vivo Giordano Bruno (demostrándose así que no es adecuado pensar cualquier cosa) y en la que triunfan Bernini y el barroco. Barroco que sólo penosamente llega a Chile, porque para hacerlo es preciso contar con ciudades y de eso aquí hay poco en aquellos años. Lo que marca y sostiene a la sociedad colonial instalada es la hacienda, el caserío agrícola a cargo del patrón y con los inquilinos o peones poniendo el cuerpo y recibiendo de su señor las protecciones del caso. Mundo cerrado, claustrofóbico, pero al mismo tiempo funcional.

En 1646, en la imprenta de don Francisco Cavallo, ve la luz la “Histórica Relación del Reyno de Chile”, de Alonso Ovalle, que va acompañada, dato no menor, de tres series de grabados: primera vez que Chile puede ser visualizado por el ojo europeo. ¿Es preciso irse a vivir a Roma para poder “ver” la cordillera en toda su magnitud? Probablemente. Desde el hoyo periférico y a la vez grandioso que es Chile, no es posible una mirada sobre el propio ser. Es preciso colgarse del menú ilustrado, de la visión panóptica de la metrópolis, sea ésta Roma o París. Es lo que hacen Ercilla, Ovalle y otros cronistas. Y es lo que hace de alguna manera Jocelyn-Holt.

En fin, para gozar de estas mieles hay que leer, estarse quietos, pasar las páginas. Es preciso darle un poco a la inteligencia, cualidad que en el mundo fragmentario y sensual de hoy no parece ser muy apreciada, sino más bien objeto de sospecha. Sospechemos, en todo caso, de los resúmenes. Y abramos la mente a la consideración de una historia, la nuestra, que es quizás muy distinta a la que nos quieren vender los militares, los revolucionarios y los colegiales.

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