juan guillermo tejeda

LUCHA GRECORROMANA

Posted in ocurrencias by jgtejeda on junio 22, 2008

(artículo de JGT publicado en revista UDP 06/07) >>>>>>>>>> Es quizá la curiosidad lo que empuja a muchos espíritus inquietos a viajar por el mundo. Y también, a retroceder por el tiempo a la busca de eso que algunos llaman la genealogía, es decir las fuentes o capas anteriores de lo que hoy nos inquieta: no se trata de un amor por las antiguallas, sino de tratar de entender -tarea quizá inútil- cómo nacen las ideas. Si salvamos la amplia y oscura Edad Media, que pese a lo que se diga para rescatarla parece haber sido un período espiritualmente autoritario y paralizante, una corporación de feudos bélicoreligiosos, si nos saltamos ese lapso, la cuchara de la curiosidad llega rápidamente a la literatura latina, que se funde finalmente con el helenismo y con lo griego. Desde Homero hasta Plotino transcurren unos mil años, en el transcurso de los cuales se inventan, por así decirlo, disciplinas tales como la historia, la geografía, la cartografía, la filosofía, la mecánica, la geometría, la medicina, la política, la estrategia militar, la arquitectura, el urbanismo, la poesía épica, el drama o la psicología… Entrar allí es como ojear una enciclopedia del futuro. El problema es con qué ropa nos ponemos a oler aquello quienes, en nuestra calidad de latinoamericanos, no tuvimos ni Edad Media ni Antigüedad Clásica. El mar chileno es un terremoto geográfico de aguas fragantes a sal, en cuyo fondo, a diferencia del plácido Mediterráneo, no es probable encontrar restos de trirremes, sestercios, cascos o ánforas etruscas. El Danubio tiene muchas más historias que contar que el Mapocho. El turismo intelectual con destino al mundo antiguo parece estar desaconsejado para los periféricos mundiales, o se presenta como una tarea imposible, incluso impopular: ¿qué pretenden demostrar un boliviano, un chileno, un colombiano o un brasileño hurgando en párrafos de Tucídides o de Tácito? Demostrar, nada, podríamos decir: es sólo curiosidad, ganas de llegar hasta el final –o el principio- de algún asunto. Los chilenos hemos tenido nuestra pequeña historia clásica. Durante la Colonia no sólo se enseñaba latín en las universidades pontificias –hubo dos, muy modestas- o en la de San Felipe, con patente real, sino que también se produjeron algunas obras en este idioma, casi todas escritas por clérigos. Y algo de griego se estudiaba. Ya en la República, Andrés Bello y Domeyko defendieron con entereza la enseñanza de las lenguas muertas, aunque Antonio Varas o Benjamín Vicuña Mackenna querían que se enseñara algo más vivo, y lograron convencer al resto. La cultura clásica quedó, de modo similar a la equitación y cría de caballos, como afición exquisita de unos pocos. El estar fuera de la fiesta clásica, sin embargo, no nos impide observar los a veces extraños movimientos de intelectuales europeos en su descenso por ese mundo infinito de inscripciones, manuscritos, ruinas, fragmentos y citas. En sus espesas meditaciones, Heidegger llega a la sorprendente certeza de que habría un “particular e íntimo parentesco de la lengua alemana con la lengua de los griegos y con su pensamiento”. Estaba convencido de contar con algo así como el correo electrónico de Heráclito, con quien intercambiaba -digamos- mails ontológicos, y ello sólo por ser él alemán y el otro griego. Fue a partir de esta pretensión ridícula que el chilenoVíctor Farías le practicó una letal genealogía, revelando -a contrapelo del gremio- la prosaica adscripción de Heidegger a la línea más conservadora del nazismo, incluyendo svástica en el ojal y pago al día de las cuotas del partido hasta el final de la guerra. La apropiación del espíritu clásico por parte de los románticos alemanes pasa por los viajes terrenales o espirituales de Goethe, Winckelmann o Hölderlin, y se fue contaminando de un desvarío idealista que vive con comodidad en ambientes religiosos: siempre dos mundos, uno insoportable que es este, otro de verdadera realización que pese a tener el inconveniente de no ser perceptible, se revela gracias a los buenos oficios de un pequeño grupo de elegidos –filósofos, poetas, hermeneutas, obispos, políticos, jueces, policías-. No es que sea imprescindible dominar las lenguas clásicas para disfrutar de veras con la lectura. Fernando Savater confiesa no saber ni alemán ni griego, lo que no le ha impedido, dice, disfrutar a fondo de las ferocidades de Nietszche. Otros se quedan para siempre enredados en algún fragmento presocrático, fragmento que si hubiera llegado completo hasta nuestros días quizá les hubiera evitado mucha de esa meditación. Con un espíritu a medias panfletario y a medias filosófico, ácido y distendido, conscientemente contemporáneo, Michel Onfray se propone recoger, en la tradición un poco hippy de Diógenes, el antipensamiento, la contracultura, la filosofía clásica opuesta a las corrientes políticamente correctas. Onfray abandonó voluntariamente su cátedra en la universidad para seguir su carrera sin el peso de la burocracia académica. Foucault, por su parte, se inventa antes de morir una Grecia sociológica, algo plana, y en ella deposita su investigación acerca de lo sexual –la afrodisia-, tratando de entender qué maldición pesa sobre las actividades de este tipo para que el pecado, el delito y la prohibición sean sus canchas naturales. Más emocionante puede resultar, en cambio, la lectura que hace Pascal Quignard de la sexualidad latina, en “El sexo y el espanto”. Su solvencia pone a brillar pasajes de autores que a primera vista parecen cargados de la negra bilis estoica, como es el caso de Marco Aurelio. Una y otra vez la conversación ilustrada contemporánea, iniciada quizá por los filósofos franceses del siglo XVIII, o por el sentido común británico, regresa a los clásicos. O quizá arranca de ellos a partir de los pensamientos de Montaigne, o de los dolidos estudios de Maquiavelo, vaya uno a saber. Antes de dedicarse a la Encyclopediè, Diderot llevaba siempre en su bolsillo unos tomitos de Homero y de Virgilio. El tenis intelectual de Voltaire supone contrincantes latinos o griegos, aunque a menudo su afición por lo exótico lo lleva a citar o a inventarse unos pensadores orientales. Como Foucault, Boswell ha basado su penosa arqueología de la homosexualidad en los textos antiguos. Los tratadistas políticos vuelven una y otra vez a las primeras distinciones de Heródoto, Aristóteles, Tucídides, Polibio o Tácito. Quizá el error fatal de Marx fue pasarlas por alto, pese a que su entusiasmo juvenil por los clásicos lo llevó a traducir al alemán la Germania de Tácito o las Tristes de Ovidio y a dedicar su tesis doctoral a Demócrito y Epicuro. Freud entero con sus eros, sus tánatos, sus narcisos y sus edipos parece estar contenido en el mito que nos sirven poéticamente Homero u Ovidio. Oscar Wilde exhibió con alegre imprudencia sus convicciones paganas ante el juez que lo iba a condenar. A Borges, en cambio, se le nota más a gusto con textos perdidos o intersticiales que con los canónicos, aunque a menudo hace escapadas a paradojas matemáticas, frases o presencias de la literatura griega o romana. Babilonia le resulta más sugerente que Atenas. En Chile, la perseverancia clásica se mantiene en algunas universidades. También ha ejercido alguna influencia la tertulia privada de Rafael Otano, a la que asisten tanto almas inquietas como personalidades conspicuas de la inteligencia local. La lectura de los clásicos latinos, incluyendo producción de tesis y algún libro epigramático, ha fructificado en algunos miembros de las generaciones más recientes. El resto son aventuras individuales, chifladuras, buceos por internet, compras de saldos de la serie popular editada por Gredos que aún aparecen por los puestos de libros viejos, en fin, añoranzas de un pasado que nos pertenece y del cual al mismo tiempo estamos excluídos.

2 comentarios

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  1. felipe said, on octubre 30, 2008 at 3:55 pm

    No viajes en el tiempo, si quieres luha greco-romana esta es la pagina, aunque creo que usted le da mas al coco, que al fisico. Pero por si quiere entender este depòrte ahí vá. un saludo.
    http://luchasolimpicas.blogspot.com/

  2. luchamurcia said, on enero 7, 2009 at 5:44 pm

    http://www.luchamurcia.blogspot.com –> Lucha en estado puro…


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