juan guillermo tejeda

PINOCHETISMO EDUCACIONAL

Posted in ocurrencias by jgtejeda on junio 12, 2008

publicado hoy en terra.cl >>>> Juan Guillermo Tejeda / Santiago, Chile

Costó despejar de la faz de Chile el pinochetismo militar, aquella cosa violenta y oscura que dejó al país sin democracia durante tantos años, y que recurrió para ello a prácticas inhumanas y corruptas.

Pero se quedó a vivir entre nosotros el pinochetismo institucional. Estamos hablando de esa ideología de raíz thatcheriana, neoliberal, mezquina y clasista que mantiene al país cotidiano partido en dos: los que pueden y los que apenas pueden, los que logran vivir como en Europa o en los Estados Unidos y aquellos otros que siguen en el tercer mundo.

El pinochetismo urbano cuida a las comunas donde viven los más ricos y abandona a su suerte a aquellas otras con menos recursos. El pinochetismo médico atiende con sonrisa de hiena a los pacientes que pueden ir a clínicas privadas y deja deambular por los pasillos de los hospitales a los que no se pueden costear un seguro particular.

El pinochetismo político (que a la gente le da lata) mantiene un sistema binominal que no sólo iguala artificialmente a la derecha con la no derecha, sino que además obliga a todos a definir su opción política entre dos bloques rígidos, no dando espacio a las diferencias.

El pinochetismo educacional, lo estamos viendo estos días, quiere mantener un sistema profundamente discriminatorio, que asegura a todos los chilenos que las oportunidades no son iguales, y que la lucha de fondo por derrotar la desigualdad está perdida.

El pinochetismo universitario sigue vivo en unas universidades públicas abandonadas a su suerte y un arremolinamiento de empresas muy heterogéneas que por algún milagro local llevan el nombre de “universidades”, y que en muchos casos no pasan de ser negocios inmobiliarios o de adoctrinamiento religioso o ideológico.

Si comparamos a Chile con cualquier país de aquellos a los que quiere parecerse -los que forman parte del selecto club de la OCDE- nos damos cuenta que el nuestro es el único donde la educación pública apenas existe. Todo está privatizado, incluso lo que nació como público, ya que depende en parte importante del mercado para seguir existiendo. La alta privatización del sistema educativo nacional contrasta con el equilibrio que tanto en los países anglosajones como europeos existe entre lo público, habitualmente más fuerte, y lo privado. Pero en Chile no podemos contar con un sistema público de educación potente, moderno, transparente y bien organizado no porque seamos especialmente incapaces, sino porque alguno de los mandamientos pinochetistas lo prohíbe: “No organizarás establecimientos públicos de enseñanza, y si están allí harás lo posible para que funcionen mal”.

Si Chile ha creado universidades públicas -por cierto de una gloriosa tradición hasta que llegó el pinochetismo- ¿qué razón hay para privarlas del financiamiento necesario para funcionar? En los Estados Unidos el Estado financia del 50% para arriba de los gastos de sus universidades públicas, que atienden a la inmensa mayoría de los estudiantes norteamericanos. En Europa, ese financiamiento va desde el 60% al 90%. En Chile, estamos en un magro 20%. Ese “ahorro” significa el desmantelamiento del sistema público de universidades, y su reemplazo por el callamperío universitario, siendo las familias las que deben endeudarse para pagar lo que vale enviar a sus hijos a establecimientos de mala calidad. Para el pinochetismo educacional la fórmula es adecuada, porque de ese modo se neutraliza la influencia del estado (donde los ricos no pueden hacer de patrones de fundo), se hacen negocios con la gente y se mantiene la brecha entre los hijos de los más pudientes y los hijos del resto.

Anuncian los parlamentarios de la derecha que la idea de construir, como ha anunciado la Presidenta, un sistema público de educación que sea eficiente, gratuito y al servicio de los ciudadanos es inconstitucional. Seguramente lo es, porque esa Constitución que tenemos es el depósito y sostén de todas las prácticas pinochetistas a las que estamos esclavizados: pinochetismo electoral, pinochetismo en la salud, pinochetismo en el transporte, pinochetismo urbano, pinochetismo en los temas de género.

Chile se merece universidades públicas de calidad, como son la Universidad de California, la Universidad de Oxford o la inmensa mayoría de las grandes universidades europeas. O como lo fue durante tantos años la propia Universidad de Chile. El país necesita un sistema público de educación que lleve los recursos no a los negocios dudosos de pequeños empresarios ávidos de dinero o a grandes corporaciones decididas a adoctrinar a los niños en valores conservadores, sino adonde son necesarios: el fortalecimiento de un espacio interclasista que genere homogeneidades y no heterogeneidades, que construya país en lugar de blindar y segregar a los distintos grupos sociales. La educación pública en Chile tiene un solo obstáculo: el pinochetismo que aún subsiste entre nosotros después de tantos años, esa mentalidad desconfiada, humilladora, pesimista, esa ideología corta de luces, amarga, sin humanidad, preocupada sólo del lucro, del poder y del desprecio a los más débiles.

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. […] una columna publicada en Terra, Guillermo Tejeda afirma que el “pinochetismo institucional” se quedó a vivir con nosotros. Y da como ejemplo la […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: