juan guillermo tejeda

KUCHEN, VALS, PODREDUMBRE, ODIO

Posted in enredillo by jgtejeda on mayo 14, 2008

Inquietantes son las noticias de comportamiento humano que nos llegan desde Austria. Un hombre encierra durante más de veinte años a su hija en un sótano violándola repetidamente y teniendo varios hijos con ella… otro asesina con un hacha a toda su familia para ahorrarles el bochorno de una mala situación económica… Aquí, la voz de cuatro escritores austríacos contemporáneos. Gente más bien ruda.

JOSEF WINKLER: En el fondo de la tinaja en la que se obtenía con osamentas de animales sacrificados el caldo de huesos que olía a podredumbre y con el que se pincelaba a los caballos con una pluma de corneja en torno a los ojos, en las orejas y ollares, y en el vientre, para protegerlos de moscas, tábanos y mosquitos, están los huesos de los brazos, arrancados del cuerpo en una trinchera de un campo de batalla, de un hombre que, antes de la segunda guerra mundial, arrastró hasta el bosque una estatua de Jesús de tamaño natural y la tiró por una cascada.

THOMAS BERNHARD: …y pensaba mientras corría que aquella ciudad por la que corría, por espantosa que la encuentre siempre, es para mí, sin embargo, la mejor de las ciudades, esa Viena odiada, siempre odiada por mi, era otra vez de repente para mí querida, mi querida Viena, y que aquellas gentes que siempre he odiado y que odio y que siempre odiaré son sin embargo las las mejores gentes, que las odio, pero son conmovedoras…

ELFRIEDE JELINECK: De camino a la escuela Erika ve inevitablemente por todos lados la destrucción de individuos y comestibles, pocas veces ve que algo crece y florece. Tan sólo en el parque del ayuntamiento o en el parque público, donde las rosas y los tulipanes brotan carnosos. Pero incluso éstos se precipitan, porque llevan en sí mismos el proceso de descomposición. Es lo que piensa Erika.

PETER HANDKE: Cuántas veces había querido yo darme puñetazos en la frente y quitarme la sangre por una hendidura abierta en el cráneo y, con una sierra de leñador, partir en dos la coraza que protegía mi pecho.

Estuve sólo un rato en Viena, hace años y de noche, haciendo un transbordo de trenes entre dos estaciones. Tomamos un taxi, y al abrir el chofer el maletero quise poner allí mis maletas, pero el hombre, alto, con cara de pocos amigos, me quitó literalmente mi maleta de la mano y la subió él al maletero porque al parecer eso es lo que él tenía planeado hacer. Luego siguió con el resto del equipaje y finalmente, siempre sin mirarnos, cerró el maletero de un golpe violento. Todo era brusco en su actuar. No escuchaba, o escuchaba lo mínimo. Cruzamos la ciudad sombría, de la que no recuerdo haber retenido casi nada, apenas unos edificios iluminados con luces rasantes. Cobró carísimo, y el auto tenía olor a taxi nuevo enchulado y aromatizado. Aun, al evocar, me reverbera esa sorda violencia. Austria es, dicen, como una Alemania campesina y conservadora, con sólidas raíces de integrismo católico y nacionalsocialismo…. Algo nos dicen estos cuatro escritores sobre una sensación de ahogo, de poca ventilación, de rabia encogida….

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