juan guillermo tejeda

TODOTERRENO: FRAMBUESERA DE MI CORAZÓN

Posted in ocurrencias by jgtejeda on mayo 7, 2008

publicado hoy en LUN >>>>> por jgt

Son éstos días volcánicos, y mientras el polvillo ensucia de blanco nuestra tierra del sur, mi reflexión cae lentamente sobre un tema que necesitaba madurar para ser abordado con altura de miras y, sobre todo, con justicia, porque de los justos –como tanto se ha publicitado– será el reino de los cielos.
Al tema, pues: se trata del rojo pecado de las frambuesas. Inmisericordes hemos sido con la subsecretaria que utilizaba, dicen, el auto y el chofer fiscales para repartir unos paquetitos de frambuesas a unos restaurantes del centro. Aunque era un microtráfico, a la pobre le ha caído encima la ley de probidad. Y les está cayendo a muchos otros cargos. Ha quedado claro que no se pueden usar los autos fiscales para ir a dejar a los niños al colegio o llevar a la peluquería a la señora del ministro o del capitán.
Probablemente sea un buen comienzo para ser más anglosajones. Pero yo pienso en nuestra mentalidad profunda, más provinciana, y, de acuerdo a ese modo antiguo de sentir, resulta feo que, estando el auto sin uso y el chofer esperando a que termine una reunión infinita, se queden sin repartir unos potes de frambuesas: pero qué te cuesta, no tengas mala voluntad.
Chile es un país escaso en recursos, y en muchos casos no podemos elegir entre usar el auto fiscal y el particular. Para muchos, haber llegado a desempeñar un cargo público constituye un logro histórico de la familia. Hay algo inhumano en que el recién nombrado seremi deje de pescarle el teléfono a la mamá o prefiera darle una peguita a una empresa abstracta antes que al cuñado.
Nos hemos criado bajo un suave polvo de favores y contrafavores que es muy propio de la cosa pública, donde los sueldos son bajos, el equipamiento feo y los baños ahí no más. Los funcionarios han llegado allí careciendo de las redes ampulosas de los ricos, que veranean en lugares selectos y ponen a los niños en colegios top y viajan a playas mundiales. Y entonces se piensa: ¿qué perversidad hay en hacer que el chofer reparta frambuesas en su rato libre?, ¿por qué la secretaria no va a redondear sus entradas usando su escritorio como punto de venta de cuchuflíes hechos en casa?
El pequeño pituto personal perpetrado al amparo de las instalaciones fiscales es, desde hace años, un suple de los ingresos mezquinos, una erupción de emprendimiento en un mundo sepultado por la burocracia. Como se ha visto, los empleos públicos son frágiles y pueden ser devorados por las dentelladas del mundo político. En cambio las frambuesas o los cuchuflíes son para siempre.
Mi corazón está, en este caso, al margen de la ley: está con la esforzada frambuesera, que no quiso o no pudo ser desleal a su familia, a su parcela, a su reparto de paquetitos. Miro desolado las humaredas del sur, y no comprendo por qué es preciso impedir que florezcan a veces las frambuesas en el triste suelo fiscal, en esta tierra dura que nos ha tocado habitar.

Una respuesta

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  1. cecilia suarez said, on mayo 9, 2008 at 11:56 am

    De frambuesas y otras yerbas o cómo el hilo se corta por lo más delgado.

    Curiosa, por decir lo menos, ha sido la rapidez con que se zanjó la “crisis de las frambuesas”, que sin duda marcará un antes y un después en el accionar de La Moneda en su “batallas por la probidad”. El castigo no podía ser mas ejemplarizador: tras poco más de tres meses en el cargo la subsecretaria de Transporte Elinet Wolff fue “renunciada” fulminantemente, el mismo día que un medio digital publicase que empleaba el automovil oficial para la entrega de frambuesas, productos de la parcela de su familia, a dos cafeterías del centro de Santiago. La verdad es que uno queda atónito por la celeridad del castigo de Palacio. A todas luces desmedido dada la magnitud de la falta, de ser efectiva. Es como para pensar que más de alguno entre los funcionarios del Gobierno, sobre todo aquellos con problemas galopantes de probidad, ya se estan preparando para salir por piernas del país para evitar ir a dar con sus huesos a la cárcel.
    Pero no. La demanda de pasajes de avión al exterior no ha aumentando y en las altas esferas reina la tranquilidad. Wolff ha sido simplemente la víctima propiciatoria de la nueva política elegida en los pasillos de La Moneda para intentar acallar con dureza, eso sí, selectiva los escándalos de corrupción y malos manejos que salpican la gestión del Gobierno y los partidos concertacionistas. Los que tendrían que dar la cara y defender a Wolff no lo hacen y mejor que no lo hagan porque ellos mismo afrontan acusaciones de falta de probidad, y no precisamente por frambuesas.
    Esperemos entonces que, efectivamente la nueva política de probidad se aplique por igual. Si eso ocurre, el sacrificio de Elinett Wolff no habrá sido en vano.

    Cecilia Suárez Indart


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