juan guillermo tejeda

LA PILDORA Y LA GUERRA RELIGIOSA CONTRA EL SEXO EN CHILE

Posted in ocurrencias by jgtejeda on mayo 2, 2008

Juan Guillermo Tejeda Santiago, Chile (Publicado hoy en terra.cl aquí>>>)

La prohibición que afecta a la píldora del día después es un nuevo episodio de la batalla que desde hace dos mil años se libra entre los creyentes y los deseosos de sexo. El deseo sexual es un hecho de nuestra constitución humana, un hambre natural que preserva a la especie de desaparecer y da espacio al romance, a la literatura, a las canciones de amor, al rock, a las aventuras nocturnas y furtivas, al cruce de géneros, así como a múltiples delitos, intrigas y sufrimientos. Aunque difícil de explorar en su totalidad, la sexualidad tiene causas y explicaciones científicas.

La fe en un más allá gobernado por la divinidad, en cambio, es una suposición esperanzada que sirve a millones de personas para ordenar sus mentes y sus vidas. Sus liturgias trabajan la suavidad y el recogimiento, así como también la pompa. Poca relación hay entre el mundo de la fe y el mundo de la ciencia.

Es preciso reconocer que, siendo el sexo un llamado de la selva para cada uno de nosotros, nadie pretende que las respuestas a ese llamado sean obligatorias. Es más, en lo erótico cada cual vela por lo suyo y son raros los proselitismos del tipo: “vamos todos a copular”, o “seamos todas lesbianas”. Lo sexual no necesita de mucha propaganda. En cambio, curiosamente, el cristianismo ha manifestado desde sus inicios una pulsión por convertir a los incrédulos recurriendo a la persuasión, al adoctrinamiento infantil o a las prohibiciones, y si todo ello fallara, a la hoguera. Diríase que la fe, al basarse en suposiciones, quiere suprimir por decreto a los incrédulos, no sea cosa que aquel escepticismo haga perder prestancia a la divinidad.

La guerra santa de la religión en contra de la actividad sexual ha llevado a los teólogos a enfrascarse en sesudas disquisiciones acerca de la moralidad o inmoralidad de algo tan banal como un trocito de plástico que impide al semen masculino mezclarse con el óvulo femenino. La batalla religiosa del condón dejó a los católicos en la rara posición de fomentar en la población el contagio del sida para cumplir así con el precepto de no tener una sola persona diversas parejas sexuales.

¿Por qué no habría de tener alguien -si lo desea, lo consigue y no hace con ello daño a nadie- diversas parejas para disfrutar sexualmente con ellas? Quizá por las mismas oscuras razones que han llevado a la Iglesia a hacerles la guerra a diversas manifestaciones de la sexualidad cotidiana como la homosexualidad, la masturbación, el bikini o el sexo prematrimonial, y también por cierto a prácticas más inquietantes como la pornografía, el aborto, el cambio de sexo o la prostitución. Y conste que no es lo inquietante, sino propiamente lo sexual aquello que concita la ira de los creyentes: el cuerpo sería, para ellos, una sucia morada del alma y la carne, un paisaje donde habita el pecado.

Hoy estamos en otra fatigosa y absurda batalla en contra del sexo. La píldora del día después es un dispositivo químico que acaba con la mórula, esto es, el embrión en sus primeras horas alojado en la paredes del útero. Arguyen los creyentes que aquéllo ya es una persona humana, y que como tal está provisto de los mismos derechos que cualquier ciudadano. Desde la mirada científica las cosas no están claras, porque lo que hay allí es más bien un proceso cambiante, evolutivo, donde es muy difícil afirmar con precisión desde qué instante cobija el útero materno a un ser individual separado de la madre y con vida propia. Por ello es que en la mayoría de las legislaciones del mundo se deja a la madre decidir, sobre todo en casos en que se aprecian hechos de violencia o riesgos de malformación. No desalienta a la Iglesia el hecho de haberse equivocado en prácticamente todas sus previsiones pretendidamente científicas respecto de lo sexual: la masturbación causaba daño irreparable al cerebro, la homosexualidad era una enfermedad, los métodos anticonceptivos equivalían a asesinar a seres inocentes, etc.

Los funcionarios públicos que ofician de jueces, o de ministros de Estado, o de parlamentarios, o de lo que sea, deberían guiar sus actos no por sus intuiciones de creyentes sino por el bien común y por el derecho de cada cual a disponer de su propio cuerpo. No por ser vegetariano un juez va a prohibirle las hamburguesas al resto de la gente.

La guerra contra el sexo existe, ha existido desde hace muchos años, y es un asunto relevante para quienes adscriben a ciertos credos religiosos. Lo sensato es que mantengan ellos esa guerra dentro de los términos de sus propias existencias -tienen pleno derecho y libertad para hacerlo- y se abstengan de emprender una cruzada en contra de los deseos o las certezas de, en este caso, un 70% de la población chilena que no se siente ni en pecado ni en delito por comprar, vender o repartir la píldora del día después.

(imágenes:pinturas eróticas hindú y china, imagen en un vaso griego, spencer tunick y un lienzo de rubens, grabado de uno de los hermanos carracci, pintura galante de boucher; abajo: pintura del correggio, pintura de doubossarsky y vinograd, dibujo manga, grabado de rembrandt, sitio web de michel bilsbororugh)

2 comentarios

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  1. jgtejeda said, on mayo 2, 2008 at 10:32 pm

    (comentarios llegados a terra.cl)
    Hola Juan Guillermo:

    Hacía mucho tiempo que no leía un artículo tan EXCELENTE sobre la
    píldora del día después, como en “La píldora y la guerra religiosa
    contra el sexo en Chile”.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo en todo lo que dices; lo dices
    bien, a fondo y franco, sin ir al choque con las diversas iglesias y
    la “Iglesia”.
    Siempre he tenido claro que las religiones inventan prohibiciones y
    tratan de convertir “por la razón ó la fuerza” a los demás con un solo
    objetivo: “tener dominio sobre el resto de los mortales” (con este
    dominio llega en forma natural el enriquecimiento de los líderes
    religiosos y de las iglesias). Recuerda: la religión la inventaron los
    vivarachos, pues “el vivaracho vive del tonto, y el tonto de su
    trabajo”.
    Cordialmente
    Claudio Labbé
    ….

    Deberían poner a comentaristas con mas criterio a comentar este tema.

    Una “hamburguesa” no es lo mismo que la vida de un ser humano.

    Lamentable que “Terra” tenga este tipo de comentarios

    M. Mujica

  2. valk said, on mayo 8, 2008 at 5:17 am

    Personalmente encuentro inquietante ver como la Iglesia mete su mano en temas que afectan a creyentes y no creyentes, eso no es nuevo, creo que nada de lo que está pasando es nuevo, los que va cambiando con el tiempo es el tema en discusión y el daño colateral que va dejando todo esto… Siento que el “vaso del pueblo” se está llenando de a poco y que indistintamente del tema en cuestión, la masa reclama por su libertad de decisión y del por qué la Iglesia sale en todo, desde manifestaciones públicas, apostasías masivas hasta bombas explosivas detonadas en la Universidad de los Andes.

    ¿Se debería legislar en Chile para que sea la madre quien decida si quiere llevar a un hijo en su vientre?… probablemente si… pero creo que la píldora DDD no es la mejor de las soluciones, hay un montón de etapas previas antes de llegar a tomar esa decisión… o la píldora. Ahí es donde se cae en el clásico círculo vicioso de la falta de educación, sexual en este caso, falta de información y lo que creo que es peor y que todos caemos es la falta de ganas por informarse… y claro, si te sale un brillito un sábado en la noche, si eres de los precavidos (o incluso de los inteligentes) sales con un condonsito en el bolsillo, pero nadie le va a decir a las 4 de la mañana a la chica… “informemosnos antes de”.

    Creo ideológicamente que problemas de esta envergadura se deben atajar tempranamente, para tener que recurrir la menor cantidad de veces a determinaciones como tomar una pildora que esté al “alcance” de todos… sino, es como cuando detectan en un pequeño e inocente niño de 6 años que es un poco inquieto y le recetan ritalín, claro, cumple su objetivo, el niño no molesta más en la sala de clases y ahora es un perfecto estúpido que babea un poquitito.


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