juan guillermo tejeda

TODOTERRENO: AL COLEGIO O A LA CÁRCEL, CARAMBA

Posted in ocurrencias by jgtejeda on abril 9, 2008

(publicado hoy en LUN)

Directamente a la cárcel irán los padres australianos cuyos hijos se dediquen a capear clases. El proyecto de ley se discute en Sydney, y tiene como objetivo el que los niños no anden por ahí revolviéndola en horario de colegio. Esta filosofía carcelaria nos hace dudar: ¿es la educación un derecho?, ¿ es una obligación? No sabemos si la educación es para hacernos más libres, más sabios, o si la sabiduría consiste en quemar nuestros impulsos orgánicos para robotizarnos mejor.

Yo viví mis años de colegio como una larga cárcel, y hubiera preferido no consumir diez o doce años en esas aulas tenebrosas escuchando hablar a curas y a profesores de asuntos como los ojos facetados, las guerras púnicas y otras estupideces sin más objetivo que el de hacernos repetir lo mismo en una prueba días después. Al cura los ojos facetados le importaban un pepino, y lo que hacía arder la clase era la obligación de pasar por el tubo: o te aprendes el sistema ocular de las moscas o te pongo un uno y si persistes repetirás curso y finalmente serás expulsado. En fin, me hubiera bastado con no tener la obligación de asistir a esa educación del Liceo Alemán en base a golpes de puntero en las palmas o de humillaciones por parte del profesor a los alumnos por ser de apellido italiano, o de modales suaves, o de contextura obesa.

Eso fue hace años, lo sé, y ahora las cárceles educacionales son más psicológicas, más “entretenidas”. Igual se reconoce cualquier colegio porque está rodeado de un muro o una reja, y los pequeños reclusos saben que no salen del presidio en menos de diez años. El juego es el mismo: se trata de que los niños dejen de disfrutar de su cuerpo y de su tiempo y se acomoden a la geometría institucional a cargo de unos profesores de pupilas apagadas. Hay un evidente abuso infantil en todo ello. Los niños aprenden en el colegio a recitar materia que debieron aprender bajo amenaza, a alejar su corazón de las delicias del conocimiento, al tiempo que se entrenan en el sutil arte de las pandillas o de la resistencia larvada en contra del establecimiento. Está bien, debemos adaptar a esos pequeños salvajes que son los niños a los usos culturales de la sociedad porque así todos salimos ganando. Sin embargo muchos colegios son un primer paso al odio al trabajo, a la astucia para sobrevivir, al doble lenguaje, a una hipocresía de buenos modales rellena de resentimiento.

La última moda es encarcelar a aquellos padres cuyos hijos no van a estas cárceles para niños. Se trata de que los menores no pululen por la calle ni estén en la casa, cuando son precisamente la calle y la casa los lugares donde la vida transcurre de manera natural y sin artificio. Si las calles no son seguras y las casas están vacías no es ciertamente culpa de los niños sino de los adultos. Pero, en fin, cada cual a su cárcel, que así es más ordenado. JGT.

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