LA GRAVEDAD DEL PARTE DE GIRARDI

El episodio del parte cursado al senador Girardi y su actitud blandiendo su credencial de senador ante los carabineros retrata de manera muy gráfica la decadencia y confusión de valores de la Concertación. Nunca, absolutamente nunca, jamás, un senador que ha hecho su carrera política en la defensa de los derechos ciudadanos -igualdad ante la ley, quizá uno de los más importantes- puede permitirse el invocar su investidura para saltarse una norma del tránsito. Si el carabinero no sanciona a un ministro que en esos instantes pasa por allí a mayor velocidad, eso es otro asunto. El problema es que el ciudadano normal no tiene credencial ni de senador ni de ministro, y no se puede sacar el parte. Peor aún, más asqueroso, el trámite de acusar a los carabineros a través de la subsecretaria de no sé qué. Esta descomposición, aquella falta de sentido de la realidad pesa mucho más que cualquier proclamación, alianza, plataforma programática, campaña publicitaria o almuerzo de capitostes. Además, hay un tono enojado en Girardi que resultaba bonito cuando se enfrentraba al pinochetismo instalado… pero que hoy, siendo también él parte de la trenza del poder, queda como disonante. Quizá haya en el fondo un problema de maduración. El poder engulle. El parte de Girardi significa por parte baja medio millón de votos menos para la concertación. Lo más soprendente es que no fue un impulso repentino, sino toda una decisión de vengarse personalmente de aquellos carabineros utilizando para ello el poder que el pueblo le dio para otra cosa. Fatal.