DIARIO DE UN PROFESOR: OPINIONES
Me dedico hoy a mostrar mis auténticas opiniones a mis estudiantes. Hay quien dice que hay en la clase un ambiente de “tensión”. Ellos muestran sus proyectos para el trabajo final del semestre, y contrariando los protocolos de justicia y buena onda, apunto directo a todo aquello que a mi juicio está por debajo del ancho de banda requerido para profesionales neófitos de la comunicación visual, sin ahorrar elogios a lo que está bien. Resulta una clase cargada de electricidad. Los gestos se hacen, sin embargo, más naturales. Un poco de verdad sienta bien a todo el mundo, siempre que sea de vez en cuando.
DIARIO DE UN PROFESOR: NOTICIAS UNIVERSITARIAS
Termina hoy un paro de cinco semanas de mis alumnos, los estudiantes de diseño, junto con los de geografía -en total unos 900-, paro que según el sitio web de la Facultad jamás ha ocurrido, pese a que en ese sitio se consignan las noticias más relevantes. ¿Cómo dar cuenta ahora del final de algo inexistente? En el sitio web de la Universidad de Chile tampoco hay noticias relativas a la “toma”, es decir la ocupación física, por cierto ilegal, de la Casa Central por parte de un grupo de estudiantes, otra situación incomprensible que se arrastra también por espacio de más de un mes. Sin embargo si uno lee una serie de declaraciones emitidas por diversas autoridades y cuerpos colegiados de la U, que aparecen en letra pequeña a la derecha de la página de inicio, se percata de que esa “toma” ha ocurrido, junto a muchas otras “tomas” y paros en diversas facultades, aunque no sea posible conocer los pormenores. Lo noticioso, pues, en estos sitios web, es algo que forma parte de la realidad pero que no es toda la realidad, incluso tratándose de asuntos de tanta relevancia para la comunidad universitaria. Las malas noticias no son noticia, los hechos inquietantes no ocurren. Un poco como el Pravda en el Moscú soviético o como La Nación en el Chile pinochetista. No sé cómo es posible compaginar tal manejo de los medios web con la misión de la Universidad, que dice textualmente: “La generación, desarrollo, integración y comunicación del saber en todas las áreas del conocimiento y dominios de la cultura, constituyen la misión y el fundamento de las actividades de la Universidad, conforman la complejidad de su quehacer y orientan la educación que ella imparte.” Por lo que se ve, se trata de una comunicación y de un saber parciales, filtrados por los criterios arbitrarios de quienes hacen los sitios web, omitiéndose anormalidades gravísimas en las que tienen responsabilidad, por cierto, tanto los jóvenes que las protagonizan como las autoridades que no aplican la legalidad vigente. Observo todo esto como académico, escandalizado en mi ánimo y sin saber qué hacer. Solía decir mi padre en sus últimos años, cuando observaba los hechos del mundo: estoy perplejo…. estoy estupefacto…
DIARIO DE UN PROFESOR: EL PARO
Mis estudiantes se han vuelto adictos o adictas al paro. Llevan ya cuatro semanas, y ayer en una de sus asambleas han votado por continuar una más. Las asambleas estudiantiles no figuran en ningún documento de nuestra universidad, pero mandan más que las autoridades unipersonales o grupales que sí figuran en los reglamentos. Su forma está basada en alegre la tradición muscular de las tribus germánicas, para expresarlo de algún modo. Lo digo porque, como institución pública, la Universidad de Chile está obligada a guiarse por reglamentos, y cuando no lo hace ello significa la irrupción de otro tipo de poder o de gobierno fuera de la legalidad. En los hechos, vivimos en permanentes estados de excepción durante los cuales la legalidad no corre y las programación prevista se olvida. Si un profesor se aparta de la legalidad le cae un sumario, en cambio hay según que apartamientos de la legalidad que se pueden hacer alegremente. El caso es que con 4 semanas de paro, o 5, o 6, se hace imposible aprobar un taller que necesita 18 semanas para su desarrollo. Cada semana de paro le cuesta a nuestra Escuela unos 30 millones de pesos (la cifra resulta de multiplicar el precio del arancel anual más matrícula por el número de alumnos y dividirlo por 36, que es el número de semanas lectivas anuales). Mis estudiantes se dividen entre los que participan en el paro y los que no. Los que sí hacen unas serigrafías muy bonitas y salen a la calle donde, con suerte, aparecen de vez en cuando en una foto. Han logrado, junto con los demás estudiantes, hacer noticia en estas semanas -y ello ha sido emocionante- aunque a la hora de votarse la ley sus planteamientos han tenido escaso éxito. Esto hace reflexionar sobre el hecho de que las leyes las aprueban los parlamentarios y no los estudiantes, y que para dedicarse a la política hay que saber mucho, contar con recursos, tiempo, etc. Estos jóvenes se dedican a la política utilizando la infraestructura de la universidad, y desperdiciando al mismo tiempo los recursos que se han dedicado a docencia, esencialmente sueldos de profes y funcionarios que van a la facultad cada día a no hacer nada, pagados en un quinto por el estado y en cuatro quintos por los propios estudiantes en paro. A mi modo de ver esto es una irresponsabilidad y un abuso de los privilegios que obtienen por su condición de jóvenes. Como ciudadanos pueden protestar y deben hacerlo, pero antes es preciso que aclaren si quieren jugársela por la ley de educación, o jugársela por hacer bien su semestre, o jugársela por ambas cosas. Esta ambigüedad descansa en la suposición de que, al ser nuestra facultad una entidad disfuncional y débil dentro de una universidad también disfuncional y débil, va a permitir finalmente la aprobación del semestre sin que hayan transcurrido las semanas de calendario que corresponden. Como en tantas otras ocasiones, probablemente se llegará a algún tipo de solución fraudulenta de este tipo. Quisiera transmitir a mis estudiantes la relevancia de ser coherentes, de estar en contra del fraude. De tal manera que por ahora les he anunciado el cierre de nuestro sitio web www.tremendotaller.cl/ciudadvisual dentro del cual y más allá del paro hemos continuado dialogando y actuando. Ello ha generado comentarios diversos, pero a partir de hoy a las 12 el sitio se irá a negro. Estos jóvenes han abandonado el aula, y lo que correspoonde es que el aula los abandone a ellos. Lo demás es dedicarse a la mala educación.
PARLAMENTARIOS PRIVADOS
JORGE INSUNZA H.: EL DESCONOCIMIENTO DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA (en El Mostrador) >>>>>>>>>>>>> Haciendo un juego estadístico muy simple podríamos mirar los curriculums de los congresistas y comprobar si ellos y ellas estudiaron en escuelas y liceos públicos. Al hacerlo he encontrado lo siguiente -a partir de los datos que están publicados en la página del Congreso-: de los senadores un 61% realizó su enseñanza media en colegio particulares pagados, cifra que se eleva a un 68% en el caso de los diputados. Otro dato interesante es que aproximadamente el 42% de los senadores y 35% de los diputados estudió en colegios ubicados en cuatro comunas de Santiago que ostentan los mayores ingresos económicos de la población chilena (Las Condes, Vitacura, Providencia, Lo Barnechea). Hay que decir que estos colegios particulares representan menos del 8% de los establecimientos educacionales.
EDUCACIÓN PÚBLICA: EL DESCUBRIMIENTO
Horas antes de votar una nueva ley de educación para Chile, un grupo de parlamentarios gobiernistas “descubre” la educación pública. Lo mejor de este país nuestro proviene de la educación pública, es decir de la Universidad de San Felipe en la Colonia, y ya en la República de la Universidad de Chile y sus sedes, así como de los liceos fiscales, del Instituto Pedagógico, de la Escuela de Normalistas, etc. La dictadura produjo sequía (o perversión) estatal y amnesia histórica, y hoy nos vemos desnudos de institucionalidad pública en educación, contrastando con todos los países desarrollados. La educación pública no es “para los pobres”, es para todos. La educación pública no es una especie de casa de misericordia para quienes no quedaron en un colegio de curas: es una escuela de ciudadanía, un espacio de participación donde no hay patrones ni amos. Reconstruir ese espacio en condiciones modernas y de gestión responsable adaptadas al contexto de hoy es una bonita tarea. ¿Por qué privarnos?
DIARIO DE UN PROFESOR: ¿QUÉ ES, EXACTAMENTE UNA “TOMA”?
Las “tomas” arrancan de las antiguas luchas obreras, campesinas y sobre todo poblacionales. Ante una situación de explotación o marginación miserable, los explotados en su desesperación optaban por ocupar una fábrica, un predio agrícola o un terreno para irse allí a vivir. Las migraciones causadas por el auge industrial y el declive del campo llevaron a las grandes ciudades a un cinturón de familias que no tenían donde plantarse. Soliían entonces “tomarse” algún terreno mínimamente habitable y allí establecían sus poblaciones callampas. Muchas veces eran desalojados a la fuerza, con muertos o heridos. Otras ocupaciones, como la población la Victoria, lograron asentarse y formar finalmente parte de la ciudad.
Entretanto -estamos hablando de los años sesenta- en las universidades a las que llegaba una elite formada en parte importante por los hijos de familias acomodadas y en parte menor por familias en ascenso con algunas inclusiones mínimas de hijos de obreros o campesinos, en ese ambiente universitario concientizado se desarrollaba un instintivo movimiento de solidaridad hacia aquella otra gente que no tenía más remedio que “tomarse” un predio, una fábrioca o un campo, empeñando en ello incluso la vida. De pronto, un los universitarios “se tomaron” sus universidades. En Chile el movimiento comenzó en la elegantísima Universidad Católica en 1967, un año antes que las revuelktas de mayo del 68 en París. Los chicos de la UC, comandados por el estudiante de medicina y Presidente de la FEUC Miguel Angel Solar (apodado Condorito por su característico perfil, estaba en el Liceo Alemán un par de cursos más arriba que yo y era muy buena persona), le pusieron a la Casa Central de la UC un candado en la puerta. Como su acción no fue celebrada -sino al revés- por los medios de prensa conservadores, desplegaron en el frontis de la severa Universidad Católica un gran lienzo que decía: CHILENO, EL MERCURIO MIENTE. Eso fue hace 40 años, cuando la Alameda era una arteria respetable por donde pasaba “todo el mundo”. Los estudiantes “gremialistas” que se oponían a la toma estaban liderados por Jaime Guzmán, y más tarde recuperaron la Universidad Católica y ensayaron en ella un sistema de gobierno que se replicaría luego durante la junta militar de la cual fue Guzmán el principal asesor e ideólogo.
En fin, los estudiantes rubios y de colegios privados se habían “tomado” -como los obreros o campesinos”- un espacio, en este caso un espacio universitario. Y se dejaban barba, se ponían poncho y leían a Marx. La toma, como gesto épico, político y publicitario, se multiplicó en Chile. No hubo en esos años universidad ni facultad ni sala de clases ni pizarrón que no fueran “tomados” por los estudiantes. Como existía la autonomía universitaria, los carabineros no podían impedir las tomas, y los rectores y decanos, preocupados de sus asuntos académicos, dejaban hacer. De tal manera que aquello que para los pobladores significaba a a veces metralla, a veces culatazos y a veces cárcel, para los jóvenes de las universidades chilenas significaba quedarse con el local día y noche para disponer de él, aparecer en los periódicos y avanzar en al lucha política, siguiendo los dictados de los muchísimos comités centrales de los numerosos partidos y fracciones izquierdistas de aquel tiempo. Algunos de los dirigentes de esas tomas fueron duramente perseguidos durante la dictadura militar.
Han pasado los años, ha cambiado mucho el mundo, aparecen los cajeros automáticos, internet y tanta otra cosa, y las “tomas” siguen allí. Son un gesto, un símbolo profundo de algo, una actitud. Los que se toman la casa central de la Universidad de Chile no son pobladores desesperados. Son, perdonando la atroz expresión, clientes de los servicios (pagan por ellos), o dueños de los mismos (en cuanto ciudadanos chilenos), en su enorme mayoría no tienen que costearse la existencia, y saben que cualquier mínima magulladura que sufran durante la aventura de la toma aparecerá lujosamente en la prensa. Quienes “se toman” un establecimiento público son, en rigor, ciudadanos que privan a los demás ciudadanos del acceso a ese bien que por ser público es de todos. Son, a fin de cuentas, privatizadores que con su acción pretenden dar fe de su amor por lo público. Como los desesperados pobladores que ocupaban un terreno vacío expropiándoselo a sus dueños privados, estos jóvenes ocupan un espacio público en uso expropiándoselo temporalmente al resto del país. ¿De qué manera leen los demás ciudadanos estas acciones? Habría que verlo. Quienes están encargados por la sociedad de gobernar las universidades públicas “en toma” (las comillas están allí porque la toma no es una figura legal, es decir que es ilegal, y por lo tanto no existe un protocolo público para tratar con ella salvo el considerarla lo que es, un acto ilegal y proceder por la fuerza, y esto no se hace), estas autoridades sencillamente hacen dejación de sus responsabilidades, que se especifican en diversos reglamentos y leyes, pero da lo mismo. Porque el hecho cultural es el que manda, y según esa realidad las tomas son, en general, buenas, ya que buenas son las ideas a partir de las cuales se deciden y se ejecutan.
La “toma” reiterada de ciertos espacios públicos -la gloriosa y desmejorada Universidad de Chile entre ellos- puede leerse hoy por los ciudadanos corrrientes como una acción desesperada, a la manera de los proletarios de antaño. O como una acción política respetable. O como una costumbre simplona sin mayor efecto ni positivo ni negativo. O como un deterioro progresivo del espacio público al que la toma dice defender. O como un abuso más, aunque envuelto en papel luminoso. ¿Cómo se puede defender la necesidad del espacio público, de la educación pública, privatizando precisamente esos espacios?….” quiero que esto sea de todos así es que me lo tomo y no dejo entrar a nadie”. Este es un misterio que a mí, personalmente, me cuesta mucho comprender. Quizá me falte algún chip.
DISEÑO EN ACCIÓN
nuestros estudiantes en acción >>>>>>>>>> aquí
Quizá lo más bonito o inquietante sea la imposición del logo estrellaroja_pluma (conceptualmente nostálgico aunque visualmente moderno) sobre el escudo que Nicanor Plaza esculpió en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile según el diseño institucional de aires masónicos. Y da gusto cómo le han dado vida a unas aulas que siempre están muertas. Esto es, entre otras cosas, diseño. Con todo, la Casa Central de la Universidad de Chile jamás debiera estar tomada ni por los estudiantes ni por nadie, porque pertenece al país completo. Pero ¿tendrían en circunstancias normales las autoridades a cargo la flexibilidad de dejar colgar un lienzo de estudiantes en el frontis? Quizás sí. Habría que probar.
AGUSTÍN SQUELLA PIDE MÁS ESTADO
EN EL MOSTRADOR, ENTREVISTA COMPLETA AQUÍ>>>>>>>>>>
Durante el gobierno de Ricardo Lagos uno de sus nortes se refería a la refundación de la República. Hay íconos de este republicanismo, como las universidades estatales, que hoy están en una seria crisis. ¿hay un retroceso en este aspecto?
-Es un hecho que las universidades estatales han estado claramente desatendidas por el Estado. No desatendidas del todo, pero sí atendidas por debajo de la importancia que tienen, de las necesidades que arrastran y de la precaria situación en que las dejó el régimen militar, sobre todo en regiones.
Salvo el caso de la U. de Chile, las universidades estatales continúan rigiéndose por los mismos estatutos que para cada una de ellas dictó el gobierno militar. ¿Puede haber un mejor y más patético ejemplo de la desatención que mencioné antes? Aunque, para ser justos, en esa tan anómala situación cabe también responsabilidad a las propias autoridades de las universidades estatales, y a las comunidades académicas y estudiantiles de éstas, para las cuales el cambio de los estatutos no ha constituido hasta ahora prioridad.
Pero la más bien escasa atención que han recibido del Estado no puede excusar la mala y aun pésima gestión que ha habido al interior de algunas universidades estatales en lo que va corrido de 1990 a la fecha.
Me gusta decir que las universidades estatales no pueden pronunciar la palabra “autonomía” para mantener lejos de ellas a los gobiernos, y olvidarse de la autonomía y correr al Ministerio de Educación o de Hacienda cada vez que por una mala gestión se han metido en problemas. Y tampoco los gobiernos pueden escudarse en la palabra “autonomía” para no intervenir, en casos en que deben hacerlo, en universidades que son del Estado, que pertenecen a la sociedad chilena en su conjunto, y cuyos directivos las puedan estar llevando en un momento dado directamente al abismo
En una columna publicada en Terra, Guillermo Tejeda afirma que el “pinochetismo institucional” se quedó a vivir con nosotros. Y da como ejemplo la educación universitaria pública, argumentando que está abandonada a su suerte y que la universidades privadas en muchas ocasiones no pasan de ser negocios inmobiliarios o de adoctrinamiento religioso o ideológico
-Hay mucho de cierto en tales afirmaciones, aunque habría que matizarlas en el sentido de que existen algunas pocas universidades privadas -muy pocas a decir verdad- que han dado pruebas de estar prestando servicios educacionales por motivaciones más dignas que hacer dinero o pastorear jóvenes hacia sus capillas filosóficas, religiosas, o empresariales.
EMPRESARIO EDUCATIVO
Lo que va a ser -o no ser- durante los próximos veinte años la educación pública en Chile pasa previamente por el cedazo millonario de Piñera. Allí van los ministros a pedirle permiso. Piñera no es senador, ni diputado, ni alcalde ni ministro ni nada, se limita a financiar a los partidos de la derecha, y eso le da cupo para dibujar el futuro. Háblenme de lucro.
DIARIO DE UN PROFESOR: DISFUNCIONALIDAD ACTIVA
Huérfanas del apoyo del estado que las creó, las universidades públicas chilenas deben contentarse con un 20% de su financiamiento a cargo del fisco (contra el 50% a 60% en EE.UU. y 80% al 90% en Europa). La disfución básica es, entonces, crear entidades y luego darles la espalda. A partir de allí lo disfuncional se traslada al interior de las universidades y se manifiesta en que cada actor adquiere el derecho de actuar disfuncionalmente: los baños no tienen papel porque no hay recursos, alega el director administrativo; las matrículas y aranceles suben porque alguien tienen que pagar, dice el vicerrector económico; la morosidad se dispara porque no tenemos dinero para pagar, aducen los estudiantes de menores recursos; los estudiantes se toman los establecimientos porque esta situación es insostenible, reclaman, a lo que el rector y los decanos se quedan sin hacer nada porque es imposible ejercer la autoridad en estas condiciones, etc. Los académicos no cumplen los indicadores porque los sueldos son malos, o no hay fuentes de financiamiento, etc. Todo tiene permiso para no funcionar. Es más, algo que llegue a funcionar es visto como un peligro para la estabilidad disfuncional instalada, dentro de la cual cada cual sobrevive como puede. Este estado de cosas es una vergüenza. Como país deberíamos sincerar y ordenar las cosas: o nos dotamos de universidades públicas de calidad, eficientes y con sentido de servicio, o las cerramos. ¿Queremos crear alguna nueva universidad pública que sirva apara enfrentar temas de futuro? No queremos crear nada porque nos arrastramos agobiados bajo el peso de nuestra propia incosistencia nacional sobre el tema. Lo que no podemos hacer es poner dinero y esperanzas en instituciones que por su disfuncionalidad estructural no van a operar jamás de la manera debida.
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
(UN ESTUDIANTE ACERCA DE SU UNIVERSIDAD) MANUEL PINO, EN CIUDAD VISUAL: Si Rembrandt fuera mi maestro no me separaría de él, por lo menos hasta el momento en que le haya estrujado el conocimiento y lo comience a considerar un viejo fome, con ideas fomes, y sus monos fomes. Hoy en día poco a poco el mercado comienza a inundar nuestras aulas: el alumno llega, el profesor hace su cátedra, el alumno se va; y para colmo de males, todo apunta a que en un futuro el contacto alumno-profesor será a través de un computador. Solo quisiera concluir una sola idea y dejar sobre la mesa las otras. Las únicas veces que me he sentido realmente en un taller en la universidad ha sido en momentos de paro, específicamente en los años 2005 y el actual 2008, años en que creamos y reabrimos el “taller mano alzada” respectivamente. MÁS AQUÍ>>>>>>>>>>>>
DIARIO DE UN PROFESOR: MÁS POETAS MUERTOS
Ante el aprendizaje desplegado como una escena donde le profesor habla y los estudiantes escuchan o toman notas, Keating -el profesor no convencional de “La Sociedad de los poetas muertos”- intenta permanentemente destruir el diseño físico del aula, reordenando los cuerpos en el espacio según nuevos parámetros. ¿Cómo no recordar aquí a Foucault en “Vigilar y Castigar” con su descripción de los establecimientos educacionales, carcelarios y hospitalarios? Desde detrás de la cortina de su ventana del segundo piso, el director Nolan observa inquieto la escena que se desarrolla en el patio: El sonriente Keating hace que sus alumnos caminen. Inicialmente cada cual camina como mejor le parece que se debe caminar, a la manera militar. Pero el profesor los invita a seguir sus personalísimos ritmos vitales, a dar un paso tras otro según la propia energía y actitud. ¿Tan difícil es aceptar ante uno mismo el propio modo natural de moverse? Esta dinámica grupal es un elemento básico de la enseñanza de Keating: aprende a ser tú mismo. Pero la silueta vigilante del director opina otra cosa: aprende a ser como yo mismo te lo enseño, que lo aprendí de otros sin tenerme en cuenta a mí mismo. O sea, ser tú mismo no tiene interés para nadie, porque tú no eres nadie: limítate a ser una basura. Inclina el cuello ante el poder, y cuando no te vean patea a los más débiles, aprovéchate de las ocasiones favorables, sin trasparentar tus asquerosidades. Asume que el mundo es una mierda y tú una mierda diminuta y ávida. Ante ese predicamento, los juegos pedagógicos de Keating resultan irritantes. No hay nada que produzca más irritación que el ejercicio de la libertad, que el despliegue de la humanidad. Ver a los demás sin cadenas ofusca a los encadenados, que a su vez se dedican a ser encadenadores para justificar su propia miseria.
DIARIO DE UN PROFESOR: POETAS MUERTOS
Vuelvo a ver esta película, que me conmueve otra vez, y esta vez la veo solo, por la tarde, como un ejercicio profesional. La historia se instala en el punto central de lo que entendemos por educar. Educar es, a la vez, transmitir prohibiciones y conceder permisos. Qué debe cada cual prohibirse para poder estar en armonía con los demás, qué necesita uno permitirse para ser quien es y no dejarse arrollar por los convencionalismos y las censuras inútiles. Keating, el profesor, se dedica más bien a trabajar la parte permisiva de la educación, entendiendo por tal lo que Bruce Mau llama el crecimiento: algo que no es necesariamente bueno, o brillante, o exitoso, sino simplemente necesario, y diferente para cada persona. Crecemos para llegar a ser lo que vamos a ser. Por las necesidades de orden y seguridad que son inherentes a la preservación de la especie no podemos hacer “cualquier cosa”. Pero al mismo tiempo, la vida no es un tablero cerrado con fichas inmóviles, sino un sistema orgánico hecho de fuerzas, y nuestra propia preservación como individuos depende de encontrar los modos de poner en juego las fuerzas que tenemos, sin temer religiosamente al conficto. Porque para desarrollarnos individualmente necesitamos coraje. A transmitir estas nociones se dedica Keating, en un contexto, aquella escuela, donde todo el esfuerzo está puesto en la ley, el orden y la enseñanza entendida como un adiestramiento. Pero hay mucho más en esta película.
DIARIO DE UN PROFESOR: CALENDARIO DE TOMAS
2008 / 21 de mayo >>>> Luego de que cerca de 300 estudiantes interrumpieran esta mañana el Consejo Universitario, evitando la firma por parte del Rector de un convenio que significaba el endeudamiento de las Facultades del Campus Juan Gómez Millas en cientos de millones de pesos, la Casa Central de la Universidad de Chile fue ocupada por los estudiantes…
2007 / 12 de mayo a 22 de junio >>>> Buscando una solución a la crisis interna que vive la institución y luego de una consulta estudiantil, la Casa Central fue ocupada por alumnos encabezados por el presidente de la Fech, Giorgio Boccardo. / A las nueve treinta de la noche del viernes 22 de junio, los estudiantes que apoyaban la toma de la Casa Central dejaron atrás esta medida, luego de un pleno estudiantil que decidió continuar con el diálogo, en el marco de la institucionalidad de la Universidad de Chile.
2006 / 31 de mayo >>>>>>>>>> Estudiantes dan ultimátum al gobierno. Exigen soluciones dentro de la semana para la llamada “agenda corta” (PSU, pase y tarifa escolar, alimentación). El gobierno destituye al prefecto de Fuerzas Especiales de Carabineros, coronel Osvaldo Jara, en medio de la polémica causada por el violento actuar de la policía en la jornada de movilizaciones del día anterior. Secundarios se reúnen en la iglesia de la Recoleta Dominica con el ministro, donde le informan de la decisión. Convocan a Paro social para el lunes 5 de junio. Se inició una toma de la Casa Central de la Universidad de Chile.
2005 / 31 de mayo, 22:37 >>>>>>>> Estudiantes se tomaron casa central de la Universidad de Chile / Martes 14 de junio: estudiantes deponen toma.
2004 / 17 junio >>>>>>>>>>>>> edificio de administración de la Universidad de Chile (Torre15) fue tomado anteayer por mechones de geografía + + + + 2 julio … se bajó la toma de la Torre 15. Despues de 18 dias de toma, ayer viernes 2 de julio se entregó la torre, después de obtener un documento certificado que sostiene que se deroga el acuerdo 32.
DIARIO DE UN PROFESOR: MOVILIZACIONES
“Movilizaciones” es una palabra de sentido difuso que acompaña a las actividades que realizan los estudiantes de vez en cuando, interrumpiendo el curso normal de la enseñanza en las universidades públicas. Cuando hay una movilización yo me imagino mucho movimiento de algunos (o sea como rodillas subiendo ágilmente escaleras) y escaso movimiento de muchos, aunque igual siempre hay algunas sorpresas visuales. Los profesores nos sentimos un poco guachos porque perdemos el modestísimo poder que tenemos, ese de hablar y hacer callar durante la clase, o de poner notas, etc. En la juventud me parece advertir un secreto regocijo, que es el de imponer su alegría a unas instituciones casi siempre lúgubres, secas, tristonas, ineficientes y cargadas de inconsistencias. Es lo que se mueve y pulula contra lo quieto, la sorpresa en lugar del horario. Las autoridades suspiran hondo y se hacen a un lado. El sistema entra en una fase de anarquía programada y tolerada.
La movilización, pues, tiene diversas capas: la capa de las ideas, casi siempre compartidas por movilizados y no movilizados, y en concreto es una idea -o interrogante- matriz: ¿por qué Chile tiene universidades públicas y no las dota de los recursos necesarios para funcionar? Es una pregunta que no tiene respuestas, o tiene muchas, todas ellas de mentira. La operación que hay debajo es la destrucción de la educación pública por parte de agentes privados cuyos intereses son de adoctrinamiento religioso, segmentación social, negocio fácil y desmantelamiento del espacio público.
Pero debajo de las ideas está también el gozo de la juventud de lograr protagonismo, y eso lo mira uno con algún agrado. Da gusto ver a los estudiantes con sus discusiones, sus horarios locos de 24 horas al día, sus ollas comunes, sus lienzos gigantes, sus nuevas camaraderías, en ese cumplimiento de hazañas que toda persona debe lograr para llegara a adulto.
Más debajo aún está la irrupción de minorías vociferantes que se saltan todos los reglamentos ante la pasividad de las autoridades y que a menudo, además, se comportan de modo autoritario incluso con sus iguales: ahí hay algo extremadamente desagradable. Aquello es el reemplazo de la democracia por lo que Polibio llamaba la oclocracia, tal como la monarquía puede degenerar en tiranía y la aristocracia en oligarquía. Lo que veo en los vociferantes es algo que nada tiene que ver con democracia, aunque se esmeran siempre en hacer unas votaciones medio truchas. Allí se percibe un germen autoritario. Como académico de la Universidad de Chile, no me gusta que los símbolos y los órganos de gobierno de la institución sean asaltados. Creo que las así llamadas “tomas” son un hecho irregular-delictual -ocupación de espacio público- que socialmente se mira con simpatía. Acompaña a menudo a estos insurgentes una visualidad de cachureo, o si no una estética vintage tipo Ramona Parra (con todo el respeto), unas estrellas y puños y letras redondeadas, con banderas y ojos y palomas: los estudiantes, que habitan en un mundo digital regresan al pasado cada vez que se movilizan. No sé bien por qué adoptan esa imaginería de luchas heroicas y fracasadas. La revolución se ha vuelto conservadora.
Todavía en una situación más profunda está el tema de las responsabilidades: ¿quién se responsabiliza de los costos que genera un paro? Se desvanecen aquí en la práctica todas las preocupaciones por el financiamiento institucional que se vocean en sentido abstracto. Yo estoy a cargo de un taller que se imparte en 18 semanas, de las cuales 16 son de clases, dos veces por semana. Un paro significa restar dos, tres, quizás siete semanas al taller, lo que si lo hacemos es un fraude educacional, o recuperar esas semanas, lo que significa volver a pagar a los profesores y los gastos de mantenimiento del local, pago que ciertamente no harán los estudiantes movilizados, ni los académicos, ni nadie visible: es un costo que paga el sistema, desangrándose y agregando goteras a las que ya hay. Sería notable ver estudiantes movilizados que se hagan cargo de los costos de sus acciones, con iniciativas del tipo: si cada día de paro significa 6 millones de pesos, busquemos un sistema de compresión de horarios para que ese costo no exista… O bien mi causa es tan relevante que gustosamente pierdo el semestre y convenzo a mis padres a pagar de nuevo.
Por último, y ya desde el punto de vista mediático habría que ver si las movilizaciones prestigian o desprestigian a nuestra casa de estudios, si la ayudan o la perjudican. Desde luego que en la parte mercantil (de la cual depende en grado importante) la perjudican, pero eso no se le puede nombrar a un estudiante movilizado porque le puede caer a uno una estrella roja en el mate. Mediáticamente ganamos atención ante el problema de le ducación pública, de eso no cabe duda. Y desde el punto de vista político, o sea del poder en estado puro, no está tan claro. Hace décadas, ocupar un local o un camino o una fábrica tenía su importancia política o militar o económica. En la cultura digital de hoy los locales son poco importantes, y allí donde un nodo se complica, el flujo de poder se desvía. Los estudiantes movilizados luchan por sus ideas, pero creo que no logran entender bien dónde está realmente el poder. Y es que el poder hoy no se asienta en ningún lugar visible. No hay ya un señor como tío rico Mac Pato con un puro y un escritorio sobre una ruma de monedas de oro. Si llamas al palacio de la Moneda o a la Sofofa te atiende una grabación. Creo que al mapa del poder se llega mediante una especie de acupuntura difusa, pinchando en puntos precisos. Para hacer que la realidad cambie hay que previamente haberla entendido.
DIARIO DE UN PROFESOR: SARTRE
Reflexiones de Jean-Paul Sarte sobre sus actividades como profesor de filosofía: “no me gustaban tanto los primeros de la clase”… “me interesaban sobre todo los que tenían ideas, una reflexión incipiente, los que aún no estaban hechos, los que se estaban haciendo” (en Annie Cohen-Solal, Jean-Paul Sartre, Anagrama). La pedagogía es precisamente eso, trabajar con lo no hecho, con lo que se está haciendo. En tanto que de manera continua fluye la queja de que los alumnos “no saben nada” y se les castiga con malas notas, repeticiones de curso, etc…. Precisamente porque no saben es que son alumnos. Porque se están haciendo es que no son mateos. ¿Qué sentido tiene ser “primero del curso” en un proceso de transformación? La pedagogía es la lucha (o el baile) entre lo que está hecho y lo que aún busca su forma.
DIARIO DE UN PROFESOR: DESAPARECER
Mi reciente experiencia con la expo “Lolita de la calle” ha sido agradable, quizá por haber logrado empoderar, por lo demás sin gran planificación, a quienes la protagonizaron. Pablo Rivas, ayudante, se hizo cargo de plantear un ejercicio sobre la teoría de la deriva, de Guy Debord y otros. Yo pensaba que era demasiado abierto su planteamiento, pero finalmente lo dejé hacer: se trataba de formar grupos de 3 estudiantes y recorrer la ciudad durante 6 horas (comprobables), observando los aspectos gráficos y siguiendo un itinerario psicogeográfico (me voy por donde me tinque, sin perseguir un objetivo nítido). El trabajo consistía en un informe visual de lo hecho, en formato enteramente libre. Recibimos de todo, clips, series de fotos, ilustraciones, animaciones, etc. Como había cosas bonitas surgió la idea de hacer una expo. Quedaron encargados de coordinarla Pablo y Jordi, nuestro nuevo monitor. Ellos consiguieron el espacio, arreglaron las fechas, etc. ¿Cómo escoger las obras participantes? Le dimos la atribución a un comité de curadores, que serían los docentes, más un estudiante elegido por los alumnos, más un designer famoso que fue Pato Pozo. Yo apenas me metí en la decisión. Quienes expusieran su obra recibirían un 7 extra. Se pusieron a trabajar de manera muy productiva con los ayudantes. Lograron un gran montaje, mucha difusión en blogs, una ceremonia inaugural emotiva y sabrosa con comistrajo mejicano de alta calidad. Invirtieron dinero, fueron a montar el fin de semana, prestaron sus propios apartos de tv y video…. Recuerdo cuando trataba yo de controlar todo al milímetro, sufría mucho, me hacía impopular, pagaba de mi bolsillo y no quedaba muy bien. Incluso el título lo pusieron los estudiantes. Lolita de la Calle es mucho mejor que “registro visual de la ciudad” por ejemplo…. Junto a la expo se lanzó el libro GUIA PARA HACERLO BIEN, otro empoderamiento algo más laborioso pero finalmente resultón que condujo Faco. Me quedo finalmente con la idea de que la pedagogía es también el arte de desaparecer a tiempo. En la tenebrosa imagen, Pato Pozo, del comité curatorial, visita la expo.
ORGANIZACIÓN
ejemplo para futuras generaciones (clic en las fotos = más fotos) … estudiantes del taller ciudad visual
DIARIO DE UN PROFESOR: INACEPTABLE
Dos videos describen la conducta inaceptable de un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile. Hay que considerar primeramente que la Universidad de Chile es la única del país que tiene representacióin de estudiantes elegidos democráticamente en su Senado Universitario (7 de 37 miembros son estudiantes); además de ello, el Presidente de la FECH está presente en el Consejo Universitario. Más aún, la FECH utiliza fondos institucionales para su funcionamiento. Pese a todo ello, cada cierto tiempo, casi siempre en mayo, irrumpen violentamente en los recintos de la Universidad con la finalidad de chupar cámara en los noticiarios de la televisión y en las páginas de los periódicos. A veces hacen una “toma”, lo que contraviene a los reglamentos de forma expresa ( Reglamento de Conducta de los estudiantes: nadie tiene derecho de impedir el paso a los recintos ningún miembro de la comunidad universitaria). Otras veces, como se ve aquí, faltan gravemente el respeto a las autoridades, intimidándolas físicamente, lo que también está expresamente prohibido. La blandura de las autoridades es la cara B de esta conducta, el comburente que oxigena el desacato. Unos se saltan alegremente los reglamentos, y otros hacen abandono de sus atribuciones y dejan que esto ocurra. Tal debilidad se debe a que la opinión pública chilena percibe que el financiamiento estatal a sus universidades es hipócritamente insuficiente (¿para que crear una universidad y luego abandonarla?), y es una percepción exacta. La educación pública chilena sin duda que necesita más atención, más recursos y políticas claras. Consecuentemente con ello, considera simpático y heroico este tipo de conductas de los estudiantes. Pero son conductas que no tienen nada de simpático y menos de heroico. La conducción de las universidades requiere de corazones que crean en la universidad pública, por cierto, pero también de personas informadas, atentas al contexto, con firmeza y capacidad de negociación. Lo que vemos aquí es una turba sesentera que desprestigia a nuestra universidad, falta el respeto a las autoridades, y quiere sustituir la inteligencia por el grito, la comunidad organizada por el incidente. Como académico de la Universidad de Chile siento vergüenza por estas prácticas primitivas, y me cuesta aceptar la debilidad de las autoridades. No puede ser que una comunidad de casi 50 mil personas esté permanentemente chantajeada por una minoría de exaltados que descansa en una especie de inmunidad y en fuentes públicas de financiamiento. Me recuerda mucho a los militares pinochetistas. El abuso puede vestirse de derechas o de izquierdas, pero es siempre lo mismo: simplificación de la realidad, descalificación de todo lo que no sea la última ocurrencia maximalista del abusador. Si la Universidad de Chile no puede hacer entrar en razón a sus propios estudiantes es que quienes la dirigen no tienen la capacidad para formar personas. Vergüenza.
DIARIO DE UN PROFESOR: COMPRA DE LIBROS
Como parte de nuestro curso electivo “Literatura y Diseño, leer sin aburrirse, escribir sin sufrir” hemos ido hoy a la librería Metales Pesados a comprar libros. Tras consensuar la actividad, conseguimos un descuento muy apropiado, y pese a que oficialmente no hubo clases por las inundaciones, algunos perseverantes concurrieron a la cita, y yo estuve allí precisamente por si iban. Fue un bonito paseo, cruzamos hacia el Cerro Santa Lucía bajo el sol dorado de después de la lluvia. Algunos jamás habían comprado un libro, y es lógico: el dinero se lo gastan habitualmente, si lo tienen, en música, películas, dispositivos digitales, etc. Entre los padres que no leen, los colegios en manos de amargados acostumbrados a torturar a los niños o niñas con resúmenes e informes de lectura, y la sospechosa preocupación de los políticos por el fomento del libro han terminado por liquidar cualquier posible relación grata con la literatura. Mientras los veía comprar me pareció que el mundo tomaba un aspecto más real: Kureishi, Kapuscinski, Pedro Juan Gutiérrez, Cioran, Quinto Cicerón, Onfray, Gombrich… desaparecieron en sus mochilas. Bendita juventud.
DIARIO DE UN PROFESOR: JUDICIALIZACIÓN DE LA PEDAGOGÍA
Como no es fácil precisar qué es enseñar ni qué es aprender, y aunque comprendamos bien de qué se trata, los usos pedagógicos recurren a la judicialización. Es decir a determinar, a la manera de un tribunal, si el acusado (quien estudia) es culpable (reprobado) o inocente (buena nota); en este instante el tribunal se invierte y en lugar de determinar un castigo distribuye un premio (muy buena nota, medalla de oro, aprobado con distinción, etc). Muchos estudiantes no sólo agradecen sino que exigen que se les aplique un sistema judicial, y su requerimiento es que se haga con justicia, es decir mediante leyes claras y procedimientos no arbiotrarios. El sistema es ampliamente utilizado porque permite traducir los múltiples meandros del proceso pedagógico a unos cuantos números. Pero tiene el defecto -realmente grave- de que lo judicial apunta habitualmente al pasado, a unos hechos que ya ocurrieron, y no al futuro, en circunstancias de que el futuro es casi todo en la enseñanza. Aprendemos, nos transformamos, enseñamos, nos hacemos de nuevas competencias, de actitudes más maduras, más sabias, etc., para utilizarlas no en el pasado, sino en el futuro. La judicialización de la pedagogía, adicionalmente, contiene el error de igualar a personas que son todas diferentes. Cada cual llega a ser lo que es a partir del desarrollo equilibrado, incesante, de su propia sustancia, de su identidad. Pero la educación judicializada lo que pretende, en el fondo, no es tanto mejorar el futuro como controlar el presente a través de los dictámenes sobre el pasado recién vivido, organizando una parodia de transparencia. El veredicto permite saber si tal o cual son buenos o malos alumnos, si han aprendido o no lo que les mandaban el profesor, el programa, la institución, el ministerio, etc. La igualación, el tribunal, las calificaciones, el examen, las notas, forman parte de un dispositivo (diría quizás Foucault) cuya finalidad es el control de los esfínteres y secreciones, el sosiego muscular, la desactivación de las posibilidades agresivas y a la vez creadoras de las personas.
DIARIO DE UN PROFESOR: DESPUÉS DEL CLAUSTRO
Ha terminado exitosamente el Claustro de mi facultad, en la Universidad de Chile, donde participé con mucho gusto. La comunidad ha consensuado un macizo diagnóstico, extremadamente crítico, sobre docencia, investigación, extensión y gestión, redactando un enorme listado de objetivos, tareas, plazos, indicadores y responsables (consultarlo aquí>>>>). Es decir, que ha sido un trabajo serio, que quiere cambios profundos y llega hasta lo concreto. Lo que se pide, en suma, es implementar una gestión más descentralizada y transparente, y una docencia basada en una cultura de la evaluación. La pregunta que se hacen todos es: ¿servirá de algo finalmente el Claustro? ¿se materializarán los cambios propuestos? ¿se irá diluyendo todo en el fatalismo, la pereza, la inmovilidad y las viejas alianzas entre grupos? Muchos me dicen: ay, he participado en tantos claustros….. Creo que existen dos elementos nuevos que podrían impulsar el cambio: a) la postura de la rectoría, cautelosamente favorable al cambio, en un contexto nacional donde trabajar sin indicadores y de espaldas a la calidad es un suicidio; b) un ánimo impaciente (aunque respetuoso hasta ahora) por parte de los estudiantes y de muchos académicos o funcionarios. Lo que uno puede pedir ahora es cambio y respeto. Que se hagan ya los cambios propuestos.Y que ello no signifique faltarle elrespeto a nadie.

















