LA FURIA ACUÁTICA DE MARÍA MÚSICA
Publicado hoy en Terra: >>>>>>>>>>>>> María Música nos mira con sorna, y observa desde su rebeldía al país entero, un país que se ha ido haciendo a zurcidos y remiendos, sin lavar previamente la mugre que hay debajo del lavaplatos. El instinto de estos jóvenes y el resentimiento de los adultos se vuelcan en contra de un sistema que se olvida a menudo de las personas, y sobre todo de la dignidad de las personas. El no tomar en cuenta a los demás, el dejar que cada cual se las arregle como pueda, el negociado permanente entre grandes empresas o poderosos intereses para hacer las leyes ignorando a la sociedad civil es uno de los pecados mortales de la política chilena. No serán demasiado profundos los conocimientos de educación o de política de María Música ¿aunque se maneja- pero sí sabe de humillación y de desconsideración. Eso lo conoce por experiencia propia, por instinto. Educarse en colegios de pobres donde van los pobres para aprender a ser pobres es menos divertido que educarse en colegios de ricos donde van los ricos para ser ricos. Y ese es el tufo que despide el actual proyecto de educación: los ricos con los ricos, los pobres con los pobres. Calidad A para los que puedan pagar, calidad B para el resto. La primera lección de la educación chilena es que toda la cháchara oficial sobre igualdad de oportunidades, equidad y solidaridad es eso, cháchara. MÁS:>>>>>>>>>>>>>>>
FARELLONES, MAPOCHO Y CULPA
(por JGT, publicado hoy en terra >>>>>>>>>>> Mil doscientos millones de pesos se invertirán en arreglar el camino a Farellones. De esa cantidad, el Ministerio de Obras Públicas pone la mitad; la feliz municipalidad de Lo Barnechea, el 10 por ciento, y el 40 por ciento restante, una empresa minera que se llama Anglo American. Paralelamente, la empresa Aguas Andinas ha iniciado los trabajos para descontaminar las asquerosas aguas del río Mapocho, invirtiendo 64 millones de dólares en la operación, es decir veinte veces más que lo que se gastará en Farellones. Anglo American y Aguas Andinas son empresas ejemplares, en la medida en que están dispuestas a considerar proyectos que, aparte de beneficiarlas a ellas y a sus accionistas, sean también rentables para la comunidad. Pero queda por saber si nuestros gobernantes son tan ejemplares como estas compañías. La pista de las obras señala que allí donde hay una empresa que puede obtener beneficios, se hace una mejora para los ciudadanos…. ¿Qué ocurre en cambio cuando el beneficio de los ciudadanos no es beneficio directo para empresa alguna? Ocurre que la obra no se hace. Es el caso de la descontaminación del aire en Santiago, que parece no ser negocio para ningún grupo empresarial…. (más>>>>>>>>>>>>)
TODOTERRENO: CHILEAN PORNO
(POR JGT, HOY EN Las Últimas Noticias) ____________El joven galán nacional Esteban Venegas fue eliminado de Amor ciego 2 por las hembras de ese reality show y, al mismo tiempo, despedido por los ejecutivos del Canal 13, estación que emite aquel programa. La eliminación fue pura mala pata (ellas preferían a otros), y el despido se debió, según el canal, a que ocultó en su curriculum información relevante, como haber participado activamente en la película porno chilena Pan caliente.
Más allá de considerar si es más pecaminoso un reality show donde se mezclan amor, juventud, sexo, exhibicionismo, mercado y competencia capitalista desenfrenada, o una película que muestra cópulas humanas, la pregunta que nos hacemos los chilenos y chilenas en este instante crucial es: ¿de qué porno chileno estamos hablando?
Que se sepa, la industria porno nacional no debe alcanzar el 0,0000000001 por ciento del PIB. En verdad, no sabemos en qué consiste el porno chileno, ni tampoco dónde está. Esa película fantasma Pan caliente, en la que el castigado Venegas desempeñó un rol, debe existir, pero cuesta encontrarla en el mercado, o rastrear críticas o saber algo de ella.
Probablemente el porno no sea lo nuestro. El cine pornográfico es un arte que requiere ciertos insumos que no abundan en nuestra tierra. Primero, un ambiente cálido. El frío que proyecta la cordillera de los Andes sobre todo el territorio nos da esa cosa un poco escondida, y hete aquí que por las noches nos cubrimos de chales y frazadas, metiéndonos en la cama con guatero, calcetines y gorros de lana, aparte de que los pijamas nacionales son casi siempre restos de ropa del día más que prendas específicas tipo batín de seda o conjuntos de color adecuado.
En esas condiciones, es francamente arduo levantar un porno. Pero además los chilenos somos más bien cortos de genio, si no cortos de todo, y nuestras hembras nacionales –no es justo generalizar, pero hagámoslo por una vez– tienden a tener chinchosa la risa así como breves el tuto y el cuello, aparte de usar ropa interior apretada que marca la piel con bajorrelieves rosados. Sumemos a eso la falta de medios, porque a ver el escándalo que se provocaría si los creadores de un filme porno se fueran al Fondart en busca de financiamiento, o lo traumático que sería para una empresa bien plantada auspiciar una cosa de éstas.
En fin, el porno es cosa de gente de piel dorada con manos grandes y labios gruesos, un asunto de grandes distribuidoras en redes comerciales oficialmente consolidadas. La premura, la casualidad, el hielo invernal, la timidez, la tradición vergonzosa, aparte de la presión de las tías y mamás, de obispos y carabineros, de diputados y jueces, de periódicos y canales, convierte lo porno, para los chilenos, en una hazaña improbable.
Saludemos, pues, al perseguido joven Venegas, que entre el amor ciego y el pan caliente ha demostrado que, pese a todo, es posible lograr en Chile lo imposible.
OLVIDAR A CARLOS PRATS
Carlos Prats y nuestros olvidos, hoy en www.terra.cl>>>>>>>>>>>>>>>
TODOTERRENO: LA MADRE HASBUNA
(HOY EN www.lun.cl POR JGT) >>>>>>> Merodeamos por los canales del cable haciendo ese zapping medio atontado que tanto nos sirve para escapar de las maldades del mundo. Las noticias, los monitos animados, los canales alemanes o italianos o franceses, el rincón de los gourmets, los rollos culturales o de viajes, las series de acción, todo va pasando ante nuestros ojos, hasta que indefectiblemente caemos en ese extraño canal de curas y monjas que es EWTN.
EWTN ofrece la fórmula de la lentitud. Contra el vértigo de escenas de acción con autos explotando y protagonistas emergiendo milagrosamente ilesos de entre las llamas, el divino canal sitúa en la pantalla a una monja de cabeza cuadrada con esquinas redondas y enormes manos, una especie de madre Hasbuna que lee y comenta interminablemente un gigantesco libro sagrado. La inmovilidad de la escena es cautivadora. Ella se expresa en inglés, pero una voz angelical va traduciendo sus dichos, que es todo aquello que escuchamos cuando éramos chicos, una prédica tranquilizante y monótona. Así es que nos quedamos en esa escena simétrica y de color café, y nos cuesta partir.
En otras ocasiones la monja no está, pero hay un predicador español parecido a los curas franquistas que ofrece un cielo a base de coscorrones, cobijado por una escenografía compuesta por unas letras muy extrañas. Incluso a veces emerge de las llamas y luces del canal la figura globalizada de nuestro propio padre Hasbun, con un juego de dedos un poquito especial y sonrisa de dolor, siempre entusiasta y vehemente en la tarea de inculcarnos lo debido y apartarnos de lo indebido.
Uno piensa si es normal o no que la religión, que es cosa de misas y de colegios, se haya transformado en un canal televisivo, pero lo cierto es que en Chile casi todos los canales siempre han sido católicos. La diferencia es que EWTN no tiene publicidad ni se ha vendido al mercado. Lo más bonito son las misas del papa, quien las hace con muchísima gente y con la más calmada de las calmas, ayudado por muchos obispos y curas y auxiliares, y todo es tan lento, a menudo al aire libre, con un poquito de viento levantando un paño y acariciando un mechón de pelo. De tal manera que se queda uno hipnotizado observando aquellas blancuras tocadas de dorado, y olvida las persecuciones de automóviles, los balazos, las noticias espantosas, los clips musicales y todo lo demás que habita el cable. Como que EWTN nos hace levitar.
Nos hacemos de a poco fans de la extraña fauna de este canal católico. Unas novicias de vestimenta azul nos explican sonriendo que la felicidad está en las cosas simples. Unos actores de los años cincuenta, con barbas postizas, interpretan la resurrección de Jesús. Curas y monjas nos advierten y nos ayudan a separar el bien del mal, que según ellos no son partes de una misma cosa sino sustancias opuestas y diferentes. Observamos el dorado de las letras, las meticulosas escenografías, y pensamos otra vez, como cuando niños, en el cielo.
EL SMOG SANTIAGUINO, CATÁSTROFE CULTURAL
( por JGT, hoy en terra.cl) ____________ Cae nuevamente como una nube voraz la densa capa de smog invernal sobre Santiago. Los índices de calidad del aire pasan de bueno a regular y de regular a malo, o a crítico, o a peligroso, o a excesivo, y son habitualmente las comunas de Pudahuel o Cerrillos o Cerro Navia las más castigadas. Pero esta peste es para la ciudad completa. Santiago sufre desde hace décadas, pasivamente, el descontrol de sus propios residuos flotando en la atmósfera. No podemos echarles la culpa a un volcán o a un terremoto, porque no estamos ante una catástrofe natural. Se trata de una catástrofe cultural, producto de nuestra suciedad, de nuestra imprevisión, y de una visión fatalista de la vida según la cual, cada año, cuando cesan las brisas primaverales o de verano, estamos sometidos al smog. Más aquí>>>>>>>>>>>>>
LUCHA GRECORROMANA
(artículo de JGT publicado en revista UDP 06/07) >>>>>>>>>> Es quizá la curiosidad lo que empuja a muchos espíritus inquietos a viajar por el mundo. Y también, a retroceder por el tiempo a la busca de eso que algunos llaman la genealogía, es decir las fuentes o capas anteriores de lo que hoy nos inquieta: no se trata de un amor por las antiguallas, sino de tratar de entender -tarea quizá inútil- cómo nacen las ideas. Si salvamos la amplia y oscura Edad Media, que pese a lo que se diga para rescatarla parece haber sido un período espiritualmente autoritario y paralizante, una corporación de feudos bélicoreligiosos, si nos saltamos ese lapso, la cuchara de la curiosidad llega rápidamente a la literatura latina, que se funde finalmente con el helenismo y con lo griego. Desde Homero hasta Plotino transcurren unos mil años, en el transcurso de los cuales se inventan, por así decirlo, disciplinas tales como la historia, la geografía, la cartografía, la filosofía, la mecánica, la geometría, la medicina, la política, la estrategia militar, la arquitectura, el urbanismo, la poesía épica, el drama o la psicología… Entrar allí es como ojear una enciclopedia del futuro. El problema es con qué ropa nos ponemos a oler aquello quienes, en nuestra calidad de latinoamericanos, no tuvimos ni Edad Media ni Antigüedad Clásica. El mar chileno es un terremoto geográfico de aguas fragantes a sal, en cuyo fondo, a diferencia del plácido Mediterráneo, no es probable encontrar restos de trirremes, sestercios, cascos o ánforas etruscas. El Danubio tiene muchas más historias que contar que el Mapocho. El turismo intelectual con destino al mundo antiguo parece estar desaconsejado para los periféricos mundiales, o se presenta como una tarea imposible, incluso impopular: ¿qué pretenden demostrar un boliviano, un chileno, un colombiano o un brasileño hurgando en párrafos de Tucídides o de Tácito? Demostrar, nada, podríamos decir: es sólo curiosidad, ganas de llegar hasta el final –o el principio- de algún asunto. Los chilenos hemos tenido nuestra pequeña historia clásica. Durante la Colonia no sólo se enseñaba latín en las universidades pontificias –hubo dos, muy modestas- o en la de San Felipe, con patente real, sino que también se produjeron algunas obras en este idioma, casi todas escritas por clérigos. Y algo de griego se estudiaba. Ya en la República, Andrés Bello y Domeyko defendieron con entereza la enseñanza de las lenguas muertas, aunque Antonio Varas o Benjamín Vicuña Mackenna querían que se enseñara algo más vivo, y lograron convencer al resto. La cultura clásica quedó, de modo similar a la equitación y cría de caballos, como afición exquisita de unos pocos. El estar fuera de la fiesta clásica, sin embargo, no nos impide observar los a veces extraños movimientos de intelectuales europeos en su descenso por ese mundo infinito de inscripciones, manuscritos, ruinas, fragmentos y citas. En sus espesas meditaciones, Heidegger llega a la sorprendente certeza de que habría un “particular e íntimo parentesco de la lengua alemana con la lengua de los griegos y con su pensamiento”. Estaba convencido de contar con algo así como el correo electrónico de Heráclito, con quien intercambiaba -digamos- mails ontológicos, y ello sólo por ser él alemán y el otro griego. Fue a partir de esta pretensión ridícula que el chilenoVíctor Farías le practicó una letal genealogía, revelando -a contrapelo del gremio- la prosaica adscripción de Heidegger a la línea más conservadora del nazismo, incluyendo svástica en el ojal y pago al día de las cuotas del partido hasta el final de la guerra. La apropiación del espíritu clásico por parte de los románticos alemanes pasa por los viajes terrenales o espirituales de Goethe, Winckelmann o Hölderlin, y se fue contaminando de un desvarío idealista que vive con comodidad en ambientes religiosos: siempre dos mundos, uno insoportable que es este, otro de verdadera realización que pese a tener el inconveniente de no ser perceptible, se revela gracias a los buenos oficios de un pequeño grupo de elegidos –filósofos, poetas, hermeneutas, obispos, políticos, jueces, policías-. No es que sea imprescindible dominar las lenguas clásicas para disfrutar de veras con la lectura. Fernando Savater confiesa no saber ni alemán ni griego, lo que no le ha impedido, dice, disfrutar a fondo de las ferocidades de Nietszche. Otros se quedan para siempre enredados en algún fragmento presocrático, fragmento que si hubiera llegado completo hasta nuestros días quizá les hubiera evitado mucha de esa meditación. Con un espíritu a medias panfletario y a medias filosófico, ácido y distendido, conscientemente contemporáneo, Michel Onfray se propone recoger, en la tradición un poco hippy de Diógenes, el antipensamiento, la contracultura, la filosofía clásica opuesta a las corrientes políticamente correctas. Onfray abandonó voluntariamente su cátedra en la universidad para seguir su carrera sin el peso de la burocracia académica. Foucault, por su parte, se inventa antes de morir una Grecia sociológica, algo plana, y en ella deposita su investigación acerca de lo sexual –la afrodisia-, tratando de entender qué maldición pesa sobre las actividades de este tipo para que el pecado, el delito y la prohibición sean sus canchas naturales. Más emocionante puede resultar, en cambio, la lectura que hace Pascal Quignard de la sexualidad latina, en “El sexo y el espanto”. Su solvencia pone a brillar pasajes de autores que a primera vista parecen cargados de la negra bilis estoica, como es el caso de Marco Aurelio. Una y otra vez la conversación ilustrada contemporánea, iniciada quizá por los filósofos franceses del siglo XVIII, o por el sentido común británico, regresa a los clásicos. O quizá arranca de ellos a partir de los pensamientos de Montaigne, o de los dolidos estudios de Maquiavelo, vaya uno a saber. Antes de dedicarse a la Encyclopediè, Diderot llevaba siempre en su bolsillo unos tomitos de Homero y de Virgilio. El tenis intelectual de Voltaire supone contrincantes latinos o griegos, aunque a menudo su afición por lo exótico lo lleva a citar o a inventarse unos pensadores orientales. Como Foucault, Boswell ha basado su penosa arqueología de la homosexualidad en los textos antiguos. Los tratadistas políticos vuelven una y otra vez a las primeras distinciones de Heródoto, Aristóteles, Tucídides, Polibio o Tácito. Quizá el error fatal de Marx fue pasarlas por alto, pese a que su entusiasmo juvenil por los clásicos lo llevó a traducir al alemán la Germania de Tácito o las Tristes de Ovidio y a dedicar su tesis doctoral a Demócrito y Epicuro. Freud entero con sus eros, sus tánatos, sus narcisos y sus edipos parece estar contenido en el mito que nos sirven poéticamente Homero u Ovidio. Oscar Wilde exhibió con alegre imprudencia sus convicciones paganas ante el juez que lo iba a condenar. A Borges, en cambio, se le nota más a gusto con textos perdidos o intersticiales que con los canónicos, aunque a menudo hace escapadas a paradojas matemáticas, frases o presencias de la literatura griega o romana. Babilonia le resulta más sugerente que Atenas. En Chile, la perseverancia clásica se mantiene en algunas universidades. También ha ejercido alguna influencia la tertulia privada de Rafael Otano, a la que asisten tanto almas inquietas como personalidades conspicuas de la inteligencia local. La lectura de los clásicos latinos, incluyendo producción de tesis y algún libro epigramático, ha fructificado en algunos miembros de las generaciones más recientes. El resto son aventuras individuales, chifladuras, buceos por internet, compras de saldos de la serie popular editada por Gredos que aún aparecen por los puestos de libros viejos, en fin, añoranzas de un pasado que nos pertenece y del cual al mismo tiempo estamos excluídos.
SIN PÁRPADOS
Los párpados de Piñera ya no cuelgan porque no están: un artículo que escribí en Terra magazine (www.terra.cl) y otro de Ximena Torres-Cautivo sobre lo mismo.
TODOTERRENO: NOS GUSTAN LOS ESTUDIANTES
(por J.G.T…..publicado hoy, en www.lun.cl) ______________ Nos gustan los estudiantes porque, aunque se equivoquen, aunque de pronto se pongan insolentes o derechamente vándalos, llevan en su corazón una sustancia que el resto del país ha perdido: la integridad. Desde su integridad nos dicen estos revoltosos que estamos haciendo mal las cosas como país. Hablamos mucho de la educación y ofrecemos un sistema con una muy mala educación. Educarse bien quiere decir hoy entre nosotros algo así como trepar por la carrera del arribismo gracias a la plata de papá. Educarse bien es tener buenas relaciones, barrio adecuado, y dejar atrás al perraje. Educarse bien es -en realidad- educarse mal, aprender a ser ratas. Y este estilo perverso no le gusta a los niños, porque ellos son más derechos. Hablamos de educación pública pero la educación pública chilena es impresentable. ¿Dónde se ha visto tener una doña institución como la Universidad de Chile y aportarle el fisco a duras penas, forcejeando, el 20% de su presupuesto? En los Estados Unidos, que son tan neoliberales y anglosajones, el propio Schwarzenegger le pasa a la Universidad de California sobre el 50% de su gasto, y en Europa el apoyo estatal a las universidades, casi todas públicas, bordea el 80%. Ningún país desarrollado descuida a sus universidades estatales. Pero los chilenos queremos decir con la boca que tenemos universidades públicas y al mismo tiempo negar con el bolsillo la posibilidad de que éstas subsistan. Eso se llama inconsistencia. Eso es lo que la integridad de nuestra juventud resiente. Nos perdonan que seamos más viejos y más bobos. Pero no nos perdonan la hipocresía. ¿Para qué ser hipócritas? Si nos dan asco las universidades públicas, démosles el bajo, cerrémoslas de una vez. Si, por el contrario, creemos como cualquier país de los más ricos que sin universidades públicas no se desarrollan ni la ciencia ni las humanidades ni las artes ni la ciudadanía ni el pluralismo ni, finalmente, el conocimiento, entonces tengamos universidades públicas. Pero de verdad. Pagando la cuenta. Ordenando el sistema. Modernizando la gestión y poniéndola al servicio de quienes lo necesitan. Porque hoy, con más de 700 mil estudiantes a uno o dos millones al año cada uno, los chilenos gastamos más que nunca en universidades: pero estamos financiando un sistema desestructurado, sin regulación, de calidad irregular, que finalmente en lugar de acortar la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos, la agranda Queremos que nuestros niños y niñas dejen de revolverla y hagan las tareas, de acuerdo. Pero antes hagamos los ciudadanos y los políticos nuestras tareas. Seamos consistentes. Apoyemos nuestros dichos con nuestros hechos. Equilibremos el sistema. Tengamos buenas universidades privadas, y buenas universidades públicas.
PINOCHETISMO EDUCACIONAL
publicado hoy en terra.cl >>>> Juan Guillermo Tejeda / Santiago, Chile
Costó despejar de la faz de Chile el pinochetismo militar, aquella cosa violenta y oscura que dejó al país sin democracia durante tantos años, y que recurrió para ello a prácticas inhumanas y corruptas.
Pero se quedó a vivir entre nosotros el pinochetismo institucional. Estamos hablando de esa ideología de raíz thatcheriana, neoliberal, mezquina y clasista que mantiene al país cotidiano partido en dos: los que pueden y los que apenas pueden, los que logran vivir como en Europa o en los Estados Unidos y aquellos otros que siguen en el tercer mundo.
El pinochetismo urbano cuida a las comunas donde viven los más ricos y abandona a su suerte a aquellas otras con menos recursos. El pinochetismo médico atiende con sonrisa de hiena a los pacientes que pueden ir a clínicas privadas y deja deambular por los pasillos de los hospitales a los que no se pueden costear un seguro particular.
El pinochetismo político (que a la gente le da lata) mantiene un sistema binominal que no sólo iguala artificialmente a la derecha con la no derecha, sino que además obliga a todos a definir su opción política entre dos bloques rígidos, no dando espacio a las diferencias.
El pinochetismo educacional, lo estamos viendo estos días, quiere mantener un sistema profundamente discriminatorio, que asegura a todos los chilenos que las oportunidades no son iguales, y que la lucha de fondo por derrotar la desigualdad está perdida.
El pinochetismo universitario sigue vivo en unas universidades públicas abandonadas a su suerte y un arremolinamiento de empresas muy heterogéneas que por algún milagro local llevan el nombre de “universidades”, y que en muchos casos no pasan de ser negocios inmobiliarios o de adoctrinamiento religioso o ideológico.
Si comparamos a Chile con cualquier país de aquellos a los que quiere parecerse -los que forman parte del selecto club de la OCDE- nos damos cuenta que el nuestro es el único donde la educación pública apenas existe. Todo está privatizado, incluso lo que nació como público, ya que depende en parte importante del mercado para seguir existiendo. La alta privatización del sistema educativo nacional contrasta con el equilibrio que tanto en los países anglosajones como europeos existe entre lo público, habitualmente más fuerte, y lo privado. Pero en Chile no podemos contar con un sistema público de educación potente, moderno, transparente y bien organizado no porque seamos especialmente incapaces, sino porque alguno de los mandamientos pinochetistas lo prohíbe: “No organizarás establecimientos públicos de enseñanza, y si están allí harás lo posible para que funcionen mal”.
Si Chile ha creado universidades públicas -por cierto de una gloriosa tradición hasta que llegó el pinochetismo- ¿qué razón hay para privarlas del financiamiento necesario para funcionar? En los Estados Unidos el Estado financia del 50% para arriba de los gastos de sus universidades públicas, que atienden a la inmensa mayoría de los estudiantes norteamericanos. En Europa, ese financiamiento va desde el 60% al 90%. En Chile, estamos en un magro 20%. Ese “ahorro” significa el desmantelamiento del sistema público de universidades, y su reemplazo por el callamperío universitario, siendo las familias las que deben endeudarse para pagar lo que vale enviar a sus hijos a establecimientos de mala calidad. Para el pinochetismo educacional la fórmula es adecuada, porque de ese modo se neutraliza la influencia del estado (donde los ricos no pueden hacer de patrones de fundo), se hacen negocios con la gente y se mantiene la brecha entre los hijos de los más pudientes y los hijos del resto.
Anuncian los parlamentarios de la derecha que la idea de construir, como ha anunciado la Presidenta, un sistema público de educación que sea eficiente, gratuito y al servicio de los ciudadanos es inconstitucional. Seguramente lo es, porque esa Constitución que tenemos es el depósito y sostén de todas las prácticas pinochetistas a las que estamos esclavizados: pinochetismo electoral, pinochetismo en la salud, pinochetismo en el transporte, pinochetismo urbano, pinochetismo en los temas de género.
Chile se merece universidades públicas de calidad, como son la Universidad de California, la Universidad de Oxford o la inmensa mayoría de las grandes universidades europeas. O como lo fue durante tantos años la propia Universidad de Chile. El país necesita un sistema público de educación que lleve los recursos no a los negocios dudosos de pequeños empresarios ávidos de dinero o a grandes corporaciones decididas a adoctrinar a los niños en valores conservadores, sino adonde son necesarios: el fortalecimiento de un espacio interclasista que genere homogeneidades y no heterogeneidades, que construya país en lugar de blindar y segregar a los distintos grupos sociales. La educación pública en Chile tiene un solo obstáculo: el pinochetismo que aún subsiste entre nosotros después de tantos años, esa mentalidad desconfiada, humilladora, pesimista, esa ideología corta de luces, amarga, sin humanidad, preocupada sólo del lucro, del poder y del desprecio a los más débiles.
EXPULSADA DE FACEBOOK
El caso de la joven londinense que inventó -con demasiado éxito- el grupo “I need sex” y fue borrada de Facebook >>>> hice un artículo para terra.cl, se puede ver aquí>>>>>
CASINO
Se anuncia la construcción de un gigantesco Casino en San Francisco de Mostazal, a 50 kilómetros de Santiago por autopista. Los aplicados santiaguinos, que nos sacamos todas las medallitas y buenas notas ante los organismos financieros internacionales, tendremos finalmente la posibilidad de portarnos mal, de ir a zumbarnos el sueldo del mes en un par de horas de ruleta o bingo dentro de un gran recinto dotado de tecnología ludopática de última generación…… Un artículo en el portal Terra sobre el Monticello Grand Casino. Más aquí>>>>
TODOTERRENO: BAJONEO DE LA CHOLGA
por JGT, hoy en LUN>>> bueno, me pidieron algo acerca del mar por ser 21 de mayo, e hice lo que pude, yo que soy de faldeo cordillerano
La cholga, que se conoce internacionalmente como giant mussel, o sea choro gigante, no vive hoy un momento tan brillante como el que viviera en los años sesenta. La captura de este negro bivalvo de aspecto inquietante a la vista y suave al paladar ha descendido. Y, lo que es más grave, su presencia en la modernidad es insignificante.
El mar moderno ofrece nuevos nombres y nuevas recetas para las ostras, las centollas, los camarones sobre todo si son ecuatorianos, los locos, los chipirones o los calamares. Claramente, la cholga ha perdido terreno. Ni la comida tex mex, ni la dieta mediterránea ni los patios de comida de los malls le dan cabida al cholguerío. La sutileza gastronómica prefiere habitar un paisaje de arándanos, aceite de oliva, aceto balsámico di Modena (nuevo nombre para el vinagre con azúcar), salmón fumé o si no olivas rellenas con alcaparras que a su vez se complican con colitas de boquerones al ajillo dentro de las cuales el paladar percibe incrustaciones de pimiento a la brasa.
Junto con la cholga ha pasado a la reserva la popular almeja, que tampoco vive días felices. Nadie que se precie de moderno llega a una fiesta o a una cena con una bolsa de almejas ni con un tarro de cholgas. Al mismo tiempo, la modernidad ha vuelto inservibles las playas que van desde Con-Cón hasta Algarrobo. Los nuevos resorts playeros nos proponen lagos artificiales, despreciando las aguas oceánicas que están contaminadas y resultan además demasiado frías, saladas y llenas de huiro. La gente bien prefiere irse a pasar las vacaciones a un lago o al Caribe. Valparaíso, puerto principal, se va dejando de lado en beneficio de San Antonio, que es un sistema mecanizado de descargar containers, o sea algo más modular y eficiente.
Nuestro mar parece haberse vuelto periférico y necesita, quizá, una nueva imagen corporativa, una puesta en valor, un renacimiento. No es que la geografía haya cambiado. La belleza está intacta. Se trata de la percepción ambiental, del trato un poco despectivo que la globalización le da a lo que siempre ha sido para nosotros un mar solemne, ese océano salado y espumoso que contiene las caracolas de Neruda o la gesta de Arturo Prat o las epopeyas de Francisco Coloane. Se nos va quedando atrás el mar chileno en este loco mundo digital, y así como se produce una nueva jerarquización de los moluscos, así también la extremada y poco aprovechada largura de la costa no parece tener incidencia en el tamaño de nuestra felicidad. Como que la parte aprovechable del mundo quedara en otro lado. Hay un glamour digital, una funcionalidad global, un nuevo mapa donde no sabemos ya encontrar un espacio para nuestro mar de siempre.
FACEBOOK AVANZA, YO RETROCEDO
Alguien me instó a entrar en Facebook, otra persona cercana me ayudó a tener clave y subir foto, y ahora, sin siquiera haberlo deseado, recibo cada día advertencias e invitaciones. Formo parte de una red, no sé quién controla mis datos (supongo que todos o nadie), y sin hacer absolutamente nada fuera de algún clic de vez en cuando he llegado a tener 44 amigos Facebook en circunstancias de que a veces no encuentro a ningún amigo real para tomarme una cerveza. No he cortado el flujo porque es interesante el fenómeno y tengo curiosidad de saber cómo sigue, de qué manera termina si es que algún día termina. Creo que sirve para espiar, para conocer, para entender a los demás, o en caso de emergencia para mantenerse en red, y sobre todo para figurarse que uno no es sino una molécula en un mar de gente. He escuchado historias pavorosas de gente que es eliminada de concursos o postulaciones porque alguien consultó los contenidos de su Facebook; otros aseguran que una vez que entras a Facebook ya no logras salir…. todo eso hace más emocionante el caso.
LA GUERRA DE LA EDUCACIÓN EN CHILE
TERRA MAGAZINE / Juan Guillermo Tejeda __Santiago, Chile
La educación en Chile tiene algunas características difíciles de negar. Es profundamente clasista e inequitativa, favoreciendo más a los que tienen más y menos a los que tienen menos. Su calidad es muy baja si la sometemos a indicadores internacionales. Ampara a negociantes oportunistas que nada tienen que ver con la educación. Promueve escandalosamente el adoctrinamiento religioso de los niños con apoyo de fondos públicos. Además, siguiendo tendencias de políticos o sociólogos, se la ve como una herramienta para surgir en la escala social, desviándola de su fin natural que es el de formar personas integrales. Nuestros colegios y universidades no fomentan la integración, sino la discriminación y segmentación de la sociedad. La educación chilena es una de las más privatizadas del mundo, una de las menos reguladas.
Con todo, es preciso dejar establecido que en Chile no existe analfabetismo, que todos los niños tienen educación, y que a la universidad y demás instituciones de educación superior llega casi la mitad de la población juvenil en edad de hacerlo, lo que es una cifra muy alta según estándares internacionales.
La batalla de la educación es, además, una operación confusa sobre la cual cuesta formarse opinión, ya que concurren a ella cuatro huestes o bandos.
Están por una parte los herederos de la dictadura, amigos del lucro, de la opacidad, del desvío subrepticio de fondos públicos para hacer negocios, y que, en todo caso, apuestan por una educación autoritaria, elitista, donde los valores ciudadanos no tienen vigencia alguna.
En la trinchera más lejana a éstos están los revolucionarios que lo piden todo, y que estarán siempre en la calle, en la protesta, en la toma, en la no negociación. El incendio permanente del sistema provoca simpatías y genera por cierto algunos avances, como ocurrió con los pingüinos, jóvenes estudiantes secundarios hastiados de recibir una educación paupérrima y discriminatoria. Pero al mismo tiempo, desde sus ideales totalizantes, este grupo no percibe las diferencias y ve como inservible a todo lo que no se acomoda a su particular idea de cambio, un cambio que sólo será real con la caída del capitalismo, el fin de la globalización y el desplome de las instituciones burguesas… En los hechos, la acción revolucionaria genera espasmos mediáticos intermitentes que no tocan finalmente a los procesos políticos y económicos que deciden qué educación vamos a tener.
Al Ministerio de Educación han llegado con la nueva ministra los expertos y amantes de lo que podríamos llamar la postura comunitaria o católica, cercana a posiciones conservadoras moderadas, y que en el último tiempo se ha aliado con algunos grupos del liberalismo ilustrado local. Su ideal, encarnado en la Universidad Católica, es elevar la calidad; mantener el sistema que existe limando un poco sus aspectos más sórdidos; asegurar el predominio del adoctrinamiento religioso; y establecer una amplia zona gris entre educación pública y educación privada, de tal manera que sea posible un continuo deslizamiento de los fondos públicos a los establecimientos privados que cuentan con buenos baños y estudiantado rubio. El estado sería un modesto regulador entre privados y, llegado el caso, un distribuidor de limosnas a los más desposeídos (la mayoría del país). Una de sus herramientas más exitosas ha sido la aplicación de criterios abstractos de calidad, sin considerar las heterogeneidades o marcas históricas de la educación chilena.
Por último, late en el alma nacional el ideal republicano de la educación, cuyo bastión en la educación pública de calidad. Basándose en la educación fiscal histórica y en la Universidad de Chile, este grupo considera que basta mirar el funcionamiento de los sistemas educacionales de Europa o de los países anglosajones para percatarse de que en Chile falta más Estado en la educación: en los Estados Unidos el 80% de los universitarios va a universidades públicas, y en Europa las universidades públicas son casi el 90%. ¡Qué diferencia con nuestro sistema tan desigual y privatizado, tan tercermundista¡ El Estado chileno crea universidades pero les niega los fondos para operar adecuadamente, y eso es una hipocresía. La educación pública lo es realmente si es capaz de convocar, a través de establecimientos de calidad, a estudiantes de diversos grupos sociales y económicos. Sus ideales son la no discriminación y el no adoctrinamiento religioso. Sus pecados, la burocracia, la cultura de la queja y la persistencia de masonerías sumergidas.
Ojalá que nueva ley de enseñanza no sea una continuación edulcorada de la que hay sino un cambio que refleje los valores históricos y profundos de nuestro país, y que se expresan en la igualdad de oportunidades, en el pluralismo, en la sana convivencia entre lo privado y lo público sin que uno devore al otro. Todo ello sólo es posible si la educación pública recupera en Chile un nivel que le permita funcionar según estándares internacionales de calidad.
JULIO CESAR
Dicen los especialistas que este es el único retrato hecho en vida de Julio César. Los romanos eran muy buenos en el retrato esculpido, y organizaron un género a medio camino entre la foto carnet contemporánea y el canon de los griegos sobre el cuerpo humano. Aquí tenemos a un hombre preocupado, sin demasiada grandeza. César forma parte de un grupo de políticos y militares con amplia preparación cultural, con visión de futuro y al mismo tiempo capacidad para ejecutar el día a día. Palpamos su figura en los coloridos relatos de Suetonio o de Plutarco, así como en algunas intervenciones de Cicerón.
NATURALEZA, GUERRA
en www.terra.cl >>> aquí. Lucrecio: los más grandiosos miembros del mundo batallan enconadamente entre sí, empeñados en guerra implacable.
TODOTERRENO: FRAMBUESERA DE MI CORAZÓN
publicado hoy en LUN >>>>> por jgt
Son éstos días volcánicos, y mientras el polvillo ensucia de blanco nuestra tierra del sur, mi reflexión cae lentamente sobre un tema que necesitaba madurar para ser abordado con altura de miras y, sobre todo, con justicia, porque de los justos –como tanto se ha publicitado– será el reino de los cielos.
Al tema, pues: se trata del rojo pecado de las frambuesas. Inmisericordes hemos sido con la subsecretaria que utilizaba, dicen, el auto y el chofer fiscales para repartir unos paquetitos de frambuesas a unos restaurantes del centro. Aunque era un microtráfico, a la pobre le ha caído encima la ley de probidad. Y les está cayendo a muchos otros cargos. Ha quedado claro que no se pueden usar los autos fiscales para ir a dejar a los niños al colegio o llevar a la peluquería a la señora del ministro o del capitán.
Probablemente sea un buen comienzo para ser más anglosajones. Pero yo pienso en nuestra mentalidad profunda, más provinciana, y, de acuerdo a ese modo antiguo de sentir, resulta feo que, estando el auto sin uso y el chofer esperando a que termine una reunión infinita, se queden sin repartir unos potes de frambuesas: pero qué te cuesta, no tengas mala voluntad.
Chile es un país escaso en recursos, y en muchos casos no podemos elegir entre usar el auto fiscal y el particular. Para muchos, haber llegado a desempeñar un cargo público constituye un logro histórico de la familia. Hay algo inhumano en que el recién nombrado seremi deje de pescarle el teléfono a la mamá o prefiera darle una peguita a una empresa abstracta antes que al cuñado.
Nos hemos criado bajo un suave polvo de favores y contrafavores que es muy propio de la cosa pública, donde los sueldos son bajos, el equipamiento feo y los baños ahí no más. Los funcionarios han llegado allí careciendo de las redes ampulosas de los ricos, que veranean en lugares selectos y ponen a los niños en colegios top y viajan a playas mundiales. Y entonces se piensa: ¿qué perversidad hay en hacer que el chofer reparta frambuesas en su rato libre?, ¿por qué la secretaria no va a redondear sus entradas usando su escritorio como punto de venta de cuchuflíes hechos en casa?
El pequeño pituto personal perpetrado al amparo de las instalaciones fiscales es, desde hace años, un suple de los ingresos mezquinos, una erupción de emprendimiento en un mundo sepultado por la burocracia. Como se ha visto, los empleos públicos son frágiles y pueden ser devorados por las dentelladas del mundo político. En cambio las frambuesas o los cuchuflíes son para siempre.
Mi corazón está, en este caso, al margen de la ley: está con la esforzada frambuesera, que no quiso o no pudo ser desleal a su familia, a su parcela, a su reparto de paquetitos. Miro desolado las humaredas del sur, y no comprendo por qué es preciso impedir que florezcan a veces las frambuesas en el triste suelo fiscal, en esta tierra dura que nos ha tocado habitar.
NATURALEZA FEROZ
Para los amantes de la naturaleza, este es quizá un instante de reflexión. Salvemos a la naturaleza de los desmanes del hombre, por cierto, pero salvemos también a los seres humanos de los desmanes de la narturaleza. La naturaleza son las flores, el cielo azul, los paisajes vírgenes… y también las erupciones volcánicas, los maremotos, los virus, la sequía, las temperaturas insoportablemente bajas o insoportablemente altas…. Hay quien cree que por respeto a la naturaleza no hay que cortar árboles ni faenar pollos ni cambiar de lugar las piedras. La naturaleza, en cambio,a menudo no respeta nada ni tampoco está allí para pensar o para creer. Con la naturaleza hay que entenderse, que no es lo mismo que someternos a ella.
LA PILDORA Y LA GUERRA RELIGIOSA CONTRA EL SEXO EN CHILE
Juan Guillermo Tejeda Santiago, Chile (Publicado hoy en terra.cl aquí>>>)
La prohibición que afecta a la píldora del día después es un nuevo episodio de la batalla que desde hace dos mil años se libra entre los creyentes y los deseosos de sexo. El deseo sexual es un hecho de nuestra constitución humana, un hambre natural que preserva a la especie de desaparecer y da espacio al romance, a la literatura, a las canciones de amor, al rock, a las aventuras nocturnas y furtivas, al cruce de géneros, así como a múltiples delitos, intrigas y sufrimientos. Aunque difícil de explorar en su totalidad, la sexualidad tiene causas y explicaciones científicas.
La fe en un más allá gobernado por la divinidad, en cambio, es una suposición esperanzada que sirve a millones de personas para ordenar sus mentes y sus vidas. Sus liturgias trabajan la suavidad y el recogimiento, así como también la pompa. Poca relación hay entre el mundo de la fe y el mundo de la ciencia.
Es preciso reconocer que, siendo el sexo un llamado de la selva para cada uno de nosotros, nadie pretende que las respuestas a ese llamado sean obligatorias. Es más, en lo erótico cada cual vela por lo suyo y son raros los proselitismos del tipo: “vamos todos a copular”, o “seamos todas lesbianas”. Lo sexual no necesita de mucha propaganda. En cambio, curiosamente, el cristianismo ha manifestado desde sus inicios una pulsión por convertir a los incrédulos recurriendo a la persuasión, al adoctrinamiento infantil o a las prohibiciones, y si todo ello fallara, a la hoguera. Diríase que la fe, al basarse en suposiciones, quiere suprimir por decreto a los incrédulos, no sea cosa que aquel escepticismo haga perder prestancia a la divinidad.
La guerra santa de la religión en contra de la actividad sexual ha llevado a los teólogos a enfrascarse en sesudas disquisiciones acerca de la moralidad o inmoralidad de algo tan banal como un trocito de plástico que impide al semen masculino mezclarse con el óvulo femenino. La batalla religiosa del condón dejó a los católicos en la rara posición de fomentar en la población el contagio del sida para cumplir así con el precepto de no tener una sola persona diversas parejas sexuales.
¿Por qué no habría de tener alguien -si lo desea, lo consigue y no hace con ello daño a nadie- diversas parejas para disfrutar sexualmente con ellas? Quizá por las mismas oscuras razones que han llevado a la Iglesia a hacerles la guerra a diversas manifestaciones de la sexualidad cotidiana como la homosexualidad, la masturbación, el bikini o el sexo prematrimonial, y también por cierto a prácticas más inquietantes como la pornografía, el aborto, el cambio de sexo o la prostitución. Y conste que no es lo inquietante, sino propiamente lo sexual aquello que concita la ira de los creyentes: el cuerpo sería, para ellos, una sucia morada del alma y la carne, un paisaje donde habita el pecado.
Hoy estamos en otra fatigosa y absurda batalla en contra del sexo. La píldora del día después es un dispositivo químico que acaba con la mórula, esto es, el embrión en sus primeras horas alojado en la paredes del útero. Arguyen los creyentes que aquéllo ya es una persona humana, y que como tal está provisto de los mismos derechos que cualquier ciudadano. Desde la mirada científica las cosas no están claras, porque lo que hay allí es más bien un proceso cambiante, evolutivo, donde es muy difícil afirmar con precisión desde qué instante cobija el útero materno a un ser individual separado de la madre y con vida propia. Por ello es que en la mayoría de las legislaciones del mundo se deja a la madre decidir, sobre todo en casos en que se aprecian hechos de violencia o riesgos de malformación. No desalienta a la Iglesia el hecho de haberse equivocado en prácticamente todas sus previsiones pretendidamente científicas respecto de lo sexual: la masturbación causaba daño irreparable al cerebro, la homosexualidad era una enfermedad, los métodos anticonceptivos equivalían a asesinar a seres inocentes, etc.
Los funcionarios públicos que ofician de jueces, o de ministros de Estado, o de parlamentarios, o de lo que sea, deberían guiar sus actos no por sus intuiciones de creyentes sino por el bien común y por el derecho de cada cual a disponer de su propio cuerpo. No por ser vegetariano un juez va a prohibirle las hamburguesas al resto de la gente.
La guerra contra el sexo existe, ha existido desde hace muchos años, y es un asunto relevante para quienes adscriben a ciertos credos religiosos. Lo sensato es que mantengan ellos esa guerra dentro de los términos de sus propias existencias -tienen pleno derecho y libertad para hacerlo- y se abstengan de emprender una cruzada en contra de los deseos o las certezas de, en este caso, un 70% de la población chilena que no se siente ni en pecado ni en delito por comprar, vender o repartir la píldora del día después.
(imágenes:pinturas eróticas hindú y china, imagen en un vaso griego, spencer tunick y un lienzo de rubens, grabado de uno de los hermanos carracci, pintura galante de boucher; abajo: pintura del correggio, pintura de doubossarsky y vinograd, dibujo manga, grabado de rembrandt, sitio web de michel bilsbororugh)
DÍA DE LA PLUSVALÍA
El espeso Diccionario de economía política de Borísov, Zhamin y Makárova (publicado en la Unión Soviética y traducido al castellano en 1965) pone a la PLUSVALÍA como el concepto articulador de la explotación capitalista. Se trata de la ganancia extra que se obtiene pagando menos y haciendo trabajar más a los asalariados. Éstos, en cambio, pretenden por lo general trabajar menos y que se les pague más, con lo que la plusvalía se convierte en minusvalía, y los capitalistas prefieren entonces, ante la falta de brillo, cerrar sus negocios y abrirlos allí donde la plusvalía se respete como es debido.
PLUSVALÍA: valor que el trabajo no pagado del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia gratuitamente el capitalista. La plusvalía expresa la esencia y la particularidad de la forma capitalista de explotación, en la que el plusproducto (ver) adquiere la forma de plusvalía. Después de descubrir la esencia de la categoría económica de la mercancía fuerza de trabajo, Marx resolvió lo que no había podido resolver toda la economía política que le precedió, descubrió la fuente real que da origen a la plusvalía, puso al descubierto la naturaleza de la explotación capitalista, oculta tras las relaciones mercantiles. Al organizar la producción, el capitalista desembolsa una determinada suma de dinero para adquirir medios de producción y para comprar fuerza de trabajo sin perseguir más que un objetivo: obtener un excedente de valor sobre la cantidad de dinero inicial anticipada por él, es decir: obtener plusvalía.
Hoy podríamos decir que la plusvalía se obtiene con extraña velocidad mediante la especulación inmobiliaria, o formando parte de grupos que se benefician secretamente gracias al tráfico de información privilegiada, o si no con el glamour, el éxito televisivo, los negocios sumergidos o concatenados, las comisiones de los intermediarios, el franchising, el yo lo agarré primero, etc. Aquella riqueza que no produce uno con el sudor de su frente, sino con el jugoso sudor de la frente de otros, no necesita ya de una fábrica o una gran propiedad agrícola, quizá ni siquiera de un capitalista explotador. Los obreros tienden a desaparecer porque las empresas prefieren externalizar (outsourcing) o subcontratar. Las clases sociales se han ido difuminando… los desfiles sindicales, antes capaces de producir revoluciones, dictaduras o guerras mundiales, han pasado hoy a ser una actividad más bien tribal, de grupos pequeños.
MILES DE MILLONES
Lejos estoy de ser experto en el tema, pero puedo intuir algunas cosas, y ojalá no suene pomposo… el caso es que tanto el cambio climático como la incorporación a la economía capitalista de miles de millones de chinos, hindúes y otros nos sugieren el agotamiento de un modelo que basa la prosperidad no en la acumulación, sino en el consumo (lo que siempre me ha parecido raro): para que la gente siga teniendo empleos y dinero lo que hacía falta hasta ahora era producir, agregar cosas, no detenerse en el vertiginoso proceso de saquear los recursos naturales para echar al mercado alimentos, prendas de vestir, automóviles, casas, armas, programas de televisión, artefactos, todo aquello que pudiera ser vendido, comprado, consumido y tirado luego a la basura. Pero hoy tenemos síntomas de saturación: a más producción, más daño ecológico; mientras una cantidad cada vez mayor de humanos se suman a quienes pueden comer adecuadamente, más frágiles parecen los recursos alimentarios; los capitales que antes huían de una zona maltratada a otra mejor del planeta no tienen ya donde esconderse, porque la crisis o las abundancias, cuando las hay, tienden a estar por igual en todos lados. El capitalismo es eficiente cuando es injusto: si todo el mundo tiene un automóvil la ciudad colapsa… la idea es que sólo vayan en auto unos pocos para poder circular con comodidad, y que el resto se limite a vender gasolina, a limpiar los cristales en los semáforos, etc. Pero la universalización del consumo depredador hace que el planeta entre en serio riesgo. Quizá nos encontremos al borde de una mutación del capitalismo, de un frenazo planetario, de un nuevo sistema de equilibrios, quizá más medieval: las cosas para toda la vida, y cada cual con su autocultivo… Se trata hoy no tanto de producir muchos tornillos o muchas residencias de verano, sino de asegurar equilibrios, de no convertir los mares en vertederos atómicos, de mantener el ciclo de las aguas, etc. El planeta se ha cerrado, ya nada queda muy lejos, se van terminando las exclusiones y cada nueva actividad que emprendemos le cobra su precio no sólo al vecino sino a todos. El horizonte, en el fondo, es positivo…. pero su manejo coyuntural puede dar paso a enfrentamientos, desórdenes y catástrofes.




























