IMPUESTO PORNO
El gobierno de Berlusconi prepara un impuesto específico del 25% a la pornografía, entendiendo por tal todo aquel material comercial o artístico que muestre actos sexuales explícitos, incluyendo películas, obras de teatro, novelas, etc. Por alguna razón que no he acabado jamás de comprender se supone bueno ocultar lo sexual y malo exhibirlo. La ocultación de los actos sexuales es un arte represivo que desde que los curas y obispos están a cargo de la moral ha causado todo tipo de molestias personales, perturbaciones psíquicas, sufrimientos de pareja, difunciones familiares, perversiones y malos entendidos sociales. Con todo, hete aquí un gobierno que quiere hacer caja castigando los naturales impulsos de las personas a mostrar o a ver lo que antes se escondía. Las finanzas, como en los tiempos de los nazis, adquieren un tinte valórico, es decir, de los particulares impulsos valóricos de quienes están en el poder. En esa lógica podríamos revertir la idea y poner impuestos, por ejemplo, a la virginidad adulta, o a las misas en latín, o a quienes tengan perros de presa para defender sus propiedades, o a los hombres que llevan siempre corbata, etc. La de Berlusconi es una medida confusa, profundamente antiliberal.
GALLETAS MALSANAS, QUESITOS ENVENENADOS
(POR JGT, HOY EN TERRA.CL) Están muriendo personas a causa de la bacteria Listeria monocytogenes, que ataca, según se sospecha, desde los quesos brie de la marca Chevrita, y es especialmente peligrosa en casos de organismos más débiles, como los de niños, ancianos o algunos pacientes. La empresa Chevrita pertenece en un 26% a Fundación Chile y en un 74% a Lescure Bougon, una unión de cooperativas agrícolas productores de leche del Sur de Francia, que opera en ese país desde hace unos doscientos años. El gerente general es don Denis Lebret, y Carolina Quintana es quien desde el laboratorio se encarga del control de calidad. Todos estos datos aparecen de modo transparente en el sitio web de la empresa.
Lo cierto es que las autoridades sanitarias no cuentan aún con evidencias en este caso: sólo tienen algunos datos que apuntan al ahora maltrecho queso Chevrita, faltando aún elementos para hacerse un juicio categórico. Entretanto las autoridades del Instituto de Salud Pública han advertido a la población respecto a tener cuidado con los quesos, los jamones y los salmones ahumados, ya que son productos que pasan por cadenas de frío.
No sabe uno en qué se traduce aquello de tener cuidado. ¿No comer jamón pero sí mortadela? ¿Abstenerse de todo embutido? ¿Alejarse del salmón? ¿Evitar los aperitivos? Hay certeza, sin embargo, de que en el mentado Instituto de Salud Pública no existe ningún plan organizado para enfrentar el tema de esta bacteria asesina. Es ahora cuando todos anhelamos contar con un ministerio de salud con mucho personal, técnicamente al día y provisto de los recursos necesarios para investigar, regular y sancionar, y con un organismo capaz de elaborar programas para el seguimiento de todo alimento que nos amenace. Pero estamos a años luz de ello. No hay que olvidar que, en el precario imaginario nacional, los ministerios son lo peor, todo lo que sea público debe contar con un presupuesto siempre inferior a sus reales necesidades, y el estado, finalmente, tiene que disminuirse hasta -ojalá- desaparecer.
Lo de que el estado debe desaparecer se dice siempre en abstracto. Pero cuando necesitamos un carabinero, o estamos esperando pasar una aduana o buscamos, como en este caso, algunas seguridades mínimas en temas de salud, exigimos, muy enojados, estar protegidos por un aparato estatal bien provisto. Sin embargo, seamos francos: el sistema público de salud chileno..MÁS EN TERRA.CL>>>>>>>>>>>>>>>>>
PALTA REINA 13: GOMBROWICZ
En la Feria del Libro, hace unos días, me hago por 4 mil pesos del primer volumen de los Diarios de Witold Gombrowicz. Excelente edición de Alianza traducida directamente del polaco. Gombrowicz, hijo de terratenientes, se dedica a la literatura obteniendo algún reconocimiento y a los 35 años recibe una invitación para visitar Buenos Aires. Al llegar el barco a puerto se entera de que se ha desatado la segunda guerra mundial. Se queda en Argentina por más de dos décadas, en condiciones siempre precarias, sin saber comportarse como el exiliado de lujo que se le presume. A los dieciséis años de vivir allí cuenta:
Aullidos de sirenas, pitidos, fuegos artificiales, descorchar de botellas y el vasto murmullo de una gran ciudad en gran agitación. En este instante hace su entrada el año nuevo, 1955. Camino por la calle Corrientes, solo y desesperado.
Durante su vida Gombrowicz es (para decirlo mediante contrastes) un escritor que se lleva mal con los escritores, un polaco que no regresará a su tierra natal pese a devorar semanalmente las noticias de su país, un turbio sexual que decía no tener vida sexual, un bonaerense que detesta a Borges y a las multimillonarias hermanitas Ocampo editoras de la revista SUR (una de las cuales era casada con Bioy Casares), un empleado de banco sin ninguna convicción de empleado, un noble obligado a vivir entre plebeyos, un solitario desesperado de su propia soledad. Le fastidian, como a muchos europeos, las pretensiones de los intelectuales argentinos de formar parte de la cultura europea. Gombrowicz prefiere vagar por los barrios bajos, quedarse con lo natural, con lo simple, con lo no construido.
Prefiero al Chopin que me llega desde una ventana que al Chopin con todo el oropel de una sala de conciertos, escribe al contar una velada en el Teatro Colón. Y sobre Argentina (en un párrafo que pudiera haber sido sobre Chile):
Por otra parte, no se debería hablar de las obras maestras, porque en Argentina esta palabra está fuera de lugar; aquí no hay obras maestras, hay solamente obras, aquí la belleza no es nada anormal, sino que es precisamente la encarnación de la buena salud y del desarrollo medio, es el triunfo de la materia y no la revelación de Dios…. Argentina es un país de forma precoz y fácil, por aquí se ven poco esos dolores, caídas, suciedades, tormentos que sólo acompañan a la forma que se perfecciona poco a poco y con esfuerzo… ¿Qué es la Argentina? ¿Es una masa que todavía no ha llegado a ser un pastel, es sencillamente algo que no tiene una forma definitiva, o bien es una protesta contra la mecanización del espírtitu, un gesto de desgana o indiferencia de un hombre que aleja de sí mismo la acumulación automática, la inteligencia demasiado inteligente, la belleza demasiado bella, la moralidad demasiado moral?
Un lujo de escritura (en algunas de sus novelas se hace demasiado retorcida) que en los Diarios mantiene esa frescura y vigor de los espíritus libres que están en contra de todo quizá porque aman demasiado la vida, y que viven prisioneros de su propia realidad porque no admiten ser esclavos de nada.
ATEOS EN ACCION
Los ateos eran hasta ahora seres residuales, periféricos, gente mal mirada y con un poco de vergüenza de no creer. Pero comienzan a organizarse, por su propia dignidad, y también para influenciar al estado contrapesando la fuerza que hacen las iglesias. Aparecen bestsellers de autores predicando diversos grados o modalidades de ateísmo (no hay por qué sacrílegos…), surgen agrupaciones y campañas. Por ejemplo hace poco más de un año pude leer con gusto el Tratado de Ateología de Michel Onfray, un panfleto feroz y jugoso que lleva 290 mil ejemplares vendidos….. Más en EL PAÍS>>>>>>>>>>>>>>
PERDONANDO A JOHN
El Vaticano ha decidido perdonar a John Lennon por haber dicho que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Bien mirado, no parece haber ofensa en la declaración de Lennon. La fama es una condición deseable de las estrellas de rock, y no necesariamente de la divinidad. ¿Vino Jesucristo al mundo para ser famoso? No es la conquista de la fama el ámbito de acción de las religiones, ni tampoco su tema. Por el contrario, el gusto por la fama es dado por muchos como una debilidad, como muestra de vanidad. La fama es volátil, pasajera, puede ser buena o mala o dudosa, y se debe a factores que en nada aseguran la calidad ética o moral de los famosos. No veo, en verdad la ofensa. Así es que se entiende poco el perdón.
PALTA REINA 12: AUSENCIAS
Medito en estos días ocasionalmente sobre la ausencia. En los personajes que se especializan, más que en la presencia, en el brillo de no estar, de no llegar.
Hay una predilección chilena por el fino arte de la ausencia. Desde el indio amurrado que recibía sin decir palabra los golpes del invasor y nuevo amo español, hasta el padre de familia distraído que en lugar de llegar a casa a cenar se quedaba enredado en algún bar, quitarle el cuerpo a la realidad ha sido una forma creativa de tener poder. La ausencia es, por cierto, una modalidad del poder blando, una forma resistente y difusa de la fuerza. Lejos del poder penetrante o golpeador de las armas convencionales, la ausencia es una retirada que resulta finalmente fatal para el que avanza, como les ocurriera a Napoleón o a Hitler en las campañas rusas. Los guerrilleros vietnamitas trabajaron también con éxito ese continuo repliegue selvático que llevó finalmente a los poderosísimos norteamericanos a capitular. Los naturales chilenos cayeron bajo los españoles, es innegable, pero jamás han logrado las clases dominantes dominar a fondo este país, porque en el alma de los dominados ha habitado siempre la ausencia. Estar presentes pero con el alma en otra parte, hacer el trabajo pensando en quizás qué cosas, decir que sí con la voluntad negándose a todo, sentarse en la silla sin estar sentados, y a la primera salir volando o sencillamente no llegar el lunes ni aparecer el martes, ese es el precio de unos convenios no deseados. Cuántos niños chilenos se han educado con padres ausentes, o con madres ausentes, y han desarrollado más tarde relaciones humanas de amistad o de amor con nuevos personajes adictos a la ausencia.
La ausencia es una forma de arte, una bomba de tiempo retardada cuya finalidad es demoler todo lo hecho, contradecir todo lo dicho, fragmentar y moler la aventura humana hasta convertirla en arena. Sartre rechazó el Premio Nobel y Woody Allen no fue a recibir su Oscar porque -argumentó- los miércoles debía tocar jazz con su conjunto en algún localcillo de Nueva York. Después de una vida entera dedicada a conseguir el éxito y el aplauso, se deja a los demás esperando como burros con su homenaje.
La ausencia, para el que no llega, es la delicia de las delicias. Se le espera porque se ha hecho esperar -es decir, hay de su parte un fino trabajo previo-, y en ese instante en que se le requiere, cuando ha dejado de ser amo de su tiempo, opta por liberarse, por dejarse estar siguiendo la alegre sugerencia de su apetito de ese instante. Por ello es que tomarse un café solitario o conversar con cualquiera sobre banalidades se convierte en una performance suavemente triunfal mientras en algún lugar miradas afanosas están buscando al atrasado o al que sencillamente no va a aparecer. Modalidad del espíritu masculino que no se deja atrapar, la ausencia es un recurso siempre temido por las mujeres y los niños, atados a la casa: el papá que sale a la esquina y no vuelve, el galán que no llega a la iglesia para casarse, el jefe de hogar sin hora de regreso.
La ausencia, con todo, tiene infinitas modalidades y no es exclusiva de ninguno de los sexos. No entregar a tiempo el trabajo, no llegar al examen, dejar plantado al psiquiatra, hacer esperar infinitamente a la novia o al novio, atrasarse hasta que el compromiso se disuelve por la acción del tiempo, olvidarse del asado, no pagar la cuota, saltarse la felicitación, no llegar a la cita, todo eso es manjar de dioses, y además barato. El ausente es necesitado por alguien y su placer más profundo consiste en negarse a satisfacer esa necesidad en medio de un bostezo. Pero, más que a la comparecencia, a quien se niega es al otro: con su actitud esquiva, el ausente mata de algún modo a quien se quedó esperando. No comparecer es un acto (o un no-acto) profundamente agresivo, cuyo valor se sustenta a partes iguales en la propia libertad recobrada y en la decepción causada al otro.
Sin embargo los ausentes rara vez pagan su maldad. Siempre hay excusas, y las que se den van a ser creídas, sea porque imaginar que el ser querido nos está agrediendo intencionadamente resulta insoportable, sea porque en el fondo aplaudimos la actitud libertaria, salvaje y aérea de los ausentes. El que llega siempre a tiempo, el puntual, el que no le falla nunca a nadie es después de todo un mamón, un sometido, un muerto en vida.
La ausencia guarda parentezco con la contemplación, con las distintas formas de la marginalidad, con la elegante y distante no participación en las batallas de la vida. Como dice Lucrecio “es suave, cuando el mar inmenso es perturbado por los vientos, observar desde la orilla la desgracia del prójimo”. La ausencia es siempre suave para el ausente.
Estar ausentes es no creer demasiado en nada, resistirse a la construcción ilustrada, hurtarle el cuerpo a los compromisos, olvidarse de la oficina, de los deberes familiares, de las lealtades afectivas, desmaterializarse, flotar en el aire primaveral de lo que no tiene utilidad ni propósito. La ausencia nos hace subir de precio. La escasez duplica el valor del que no ha llegado, y ante él, quienes lo han estado esperando, mantienen una doble y conflictiva relación de odio y deseo. De eso se alimenta el débil yo del ausente, porque quienes pasan la vida elaborando estas complejas estrategias de hacerse desear para no llegar suelen ser seres con el yo dañado que necesitan arrastrar a los demás a su sótano informe, a su nada triunfante, a ese territorio sin jerarquías donde flota lo disolvente, lo inmaduro, lo que no se convierte. Reino de los combatientes sin combate, de los boxeadores sin box, de la televisión sin sonido, en la ausencia no se perciben jamás ni el cálido olor de la sangre ni el triunfante aroma del sudor.
La historia de la cultura chilena podría leerse no tanto como una sucesión de carencias, sino como un orgulloso repertorio de ausencias: el barroco que no tuvo donde instalarse, el rococó sin príncipes, el neoclásico del tierral y el yeso, las guerras civiles y mundiales que no tuvimos, la torre que jamás se construyó, el cubismo reticente, la gastronomía avergonzada, la ciudad sin forma ni proyecto, la universidad abandonada, los modales no aprendidos, los viajes que no se hicieron, las noches locas en que nos fuimos temprano a la cama…
LA MALDICION DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS
(POR JGT, HOY EN PORTAL TERRA.CL) Se discute estos días, en medio de una huelga masiva de trabajadores de ministerios, hospitales, educación, salud, el reajuste para los funcionarios públicos chilenos. Parece claro que desempeñando la función pública es difícil encontrar la felicidad. No sólo por los malos sueldos, sino porque estamos ante un sistema decimonónico, postpinochetista, que estimula la pasividad y desaconseja la actividad.
Basta echar una mirada al Estatuto Administrativo para encontrar allí las firmas de sus mentores intelectuales, el almirante Merino y el general Pinochet, entre otros, y un ambiente generalizado de sospecha y burocracia a lo largo del texto. Se han realizado en los últimos años algunas tímidas reformas, pero pese a ellas ahí están los funcionarios flotando en las aguas espesas de un dispositivo que, entre otras muchas características, tiene la de pensar muy poco en las personas. Para el aparato público no parecen ser relevantes ni los funcionarios como seres humanos, ni tampoco los ciudadanos. Lo que importan son los horarios, las sanciones, las instancias, las incompatibilidades, las excepciones.
Uno quiere imaginar que en el siglo 21 lo que le preocupa a los ciudadanos no es que la señorita a cargo de una sección o el funcionario que se desempeña en otra cobren poco y estén muchas horas pegados a una silla, sino más bien que el sistema sea ágil y amable. Es decir, que la función pública se oriente al usuario.
Pero las cosas no son así. Y no lo son desde la mismísima Contraloría General de la República, repartición cuyas funciones consisten en asegurar que los procedimientos establecidos para cada caso se respeten al pie de la letra. La realidad, siempre más rápida y diversa que lo que cualquier estatuto administrativo puede suponer, suele aconsejar a menudo otros procedimientos quizá más eficientes, pero lo que cuenta en nuestro aparato público es la formalidad y sobre todo la formalidad certificada por escrito: las nueve copias, el plazo preceptivo, la notificación al superior, el sello y timbre, la carta certificada. El sistema público chileno ¿del que por cierto hay que decir que es el menos corrupto de América Latina- sigue siendo antiguo, horriblemente lento, alejado de toda belleza, engorroso y carente de estímulos tanto para los funcionarios como para quienes deben ir a hacer cualquier trámite.
Dicen que hay países más felices, donde las Contralorías se han modernizado, y se ocupan de que la suma de los pasos administrativos de cualquier acción de los empleados públicos culmine con éxito, y que de manera eficiente solucione los problemas de los usuarios. ¿Tienen que ser siempre feos y desordenados los recintos públicos? ¿Por qué pese a cualquier buena voluntad termina todo funcionario envolviéndose a sí mismo en una nube de indiferencia, estando allí como si estuviera ausente?
Lo que cuenta para la filosofía del Estatuto Administrativo es no cometer errores, y para no cometer errores lo más seguro es abstenerse de actuar. El formalismo chileno, ese enamoramiento de los protocolos de acción que es al mismo tiempo un escamoteo del sentido mismo de esa acción, encuentra en lo fiscal, en lo público, un légamo fecundo para instalarse.
Merecen los funcionarios públicos sentirse orgullosos Más aquí>>>>>
PENSAMIENTO LUMPEN
No es sólo debido a algunas polémicas en las que he participado últimamente. Se me aparece una y otra vez la idea de un pensamiento lumpen, que es algo de lo más moderno. No sé si ha existido siempre, o si es cosa de estos tiempos. Se trata de una mirada hacia el mundo que se apoya por un lado en una crítica digamos “izquierdista” del sistema (los del poder son todos unos mierdas, unos sinvergüenzas, unos corruptos) y por otro en un desprecio a la humanidad de los demás (hay que castrarlos, expulsarlos, terminar con ellos) de tipo fascista. Es el diagnóstico antes del síntoma, la conclusión previa a cualquier argumento. Se trata de esa sabiduría acumulada que, como decía Burke, son los prejuicios: por algo será que las suegras prefieren que el yerno no sea de clase social baja, ni de piel demasiado morena, ni extranjero raro, en fin. Creo que hay un par de libros que estudian la moda actual de no tener ideas, de no pensar, de no pronunciarse, de estar fuera del sistema. Fuera del sistema… pero mamando de él. Contra los políticos… pero que se preocupen ellos de reglamentar la vida. Escépticos respecto de todo… pero confiados en que la democracia, el mercado, la libertad de expresión, la tecnología, etc., proveerán de lo necesario para vivir agradablemente. El lumpen no opina, está distraído o si no se enfurece. No contraargumenta, insulta. Y cuanto más breve el denuesto, mejor. El pensamiento lumpen es militantemente pesimista: todo empeorará. Ya que los demás son unos crápulas, seámoslos nosotros antes que ellos, y en mayor medida. Se trata de estar en contra de cualquier tipo de actitud misionera o redentora o apostólica. Odiar la paciencia, despreciar el contexto. Es una lógica que se asienta en convicciones, no en deducciones. Un tipo de pensamiento elegante, olímpico, despreciativo, destructivo, glamoroso, veloz, seductor, ocurrente, orgánico, instintivo, gregario. Y sobre todo, que no se hace cargo de sus propios dichos, ni de los hechos que de allí se derivan, ni menos aún de las consecuencias lejanas de todo ello.
PIEL MORENA
(POR JGT, HOY EN LUN>>>>)
Toda la piel negra que hay en el mundo proviene de África, continente que, desde que sabemos, sufre de pestes y pobrezas, de dictaduras, guerras y hambrunas. La gente de color se ha desquitado tradicionalmente de sus esclavitudes mediante el ritmo musical o erótico, o a través de las hazañas deportivas. Pese a los maltratos y desprecios padecidos, los cuerpos africanos saltan, rebotan, resisten, corren, siempre con elegancia, o el menos así es la imagen que tenemos de ellos. Algunos se convierten en supermodelos, superatletas, supercantantes. Hay una sed de selva que nos lleva recurrentemente a la cosa morena, al labio grueso, a esas culturas coloridas y espontáneas donde la vida y la muerte se dan la mano varias veces al día. Decía Brian Eno que a los computadores les hace falta “más África”.
Ahora tenemos a uno de estos seres de piel negra como líder mundial. El hombre ha sido elegido por votantes negros, blancos, asiáticos, colorines y latinos, para hacer de jefe del imperio norteamericano. No se trata ya de camisas floreadas ni de tambores ni de saltos altos o largos. La piel africana ha conquistado el poder duro.
La novedad ha llenado el ambiente de esperanzas, de declaraciones admirativas, y también de chistes. Es que lo negro siempre nos ha provocado a los blancos una cosa chistosa. Todas las razas se burlan alegremente unas de otras. Es quizás una manera de afrontar el desconcierto ante patrones orgánicos desconocidos. Los chinos hablaban de los europeos como “seres de narices gigantescas”, y en alguna película se referían unos brothers del Bronx a los blancos como “aquellos tipos con penes chicos y arrugados”.
El inteligente señor de piel mulata, la primera dama afroamericana y sus dos niñitas ya han visitado la Casa Blanca para preparar el traslado. Como cantaba Violeta Parra en esa canción entre divertida y triste: “Negros novios y pairinos, negros cuñados y suegros y el cura que los casó era de los mismos negros”. Esta vez la piel morena ha saltado del folklore a las altas esferas de la política mundial. Para que ello ocurriera hicieron falta talento, inteligencia, liderazgo; es decir, no aquella capacidad vagamente orgánica que le atribuimos desde el prejuicio a la gente de color, sino capacidad a secas.
Habrá, pues, que repensar o rebobinar los chistes. Nuestras cabezas racistas deberán entender que en el mapa mundial de la piel humana se está produciendo un cambio mayor. La agilidad, el brillo del cuerpo, el grosor de los labios, la blancura dental, no bastan ya para dar cuenta del fenómeno africano. Se han roto los límites de la periferia racial. En fin, lo estábamos viendo ya en las series que pasan por el cable, donde los cuoteos de raza han variado mucho, o en campañas publicitarias de aire global como las de Benetton. El mundo está cambiando de piel.
99999
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CAPITALISMO ATONTADO
Todos alegamos hoy en contra del capitalismo, aunque hayamos bebido y mamado mucho de él. Prefiero pensar ahora en el capitalismo como en un juego, un intento consistente en creer que deseamos más cosas de las que realmente nos satisfacen. No hay para qué resaltar las villanías del sistema, que hay quien las ha puesto en evidencia: disgusto por los pobres, decisión de explotar a las personas, codicia de los más millonarios, frialdad ante las zonas periféricas, abuso…. En fin, somos capitalistas cuando creemos necesitar un auto nuevo (el viejo funciona bien), o unas vacaciones a 12 mil kilómetros (cuando tenemos palmeras a 100 kilómetros), o una cámara de fotos más moderna (hemos pasado la vida sin ella). Y cuando el capitalismo se atonta, resulta que ya no necesitamos ese auto ni esas vacaciones ni esa cámara, con lo cual las empresas que se armaron para satisfacer esos deseos absurdos recortan sus ganancias y deben cortar proveedores o despedir empleados, los cuales a su vez ya no pueden gastar lo que antes, se empobrecen como consumidores, y eso lleva a más quiebras, a más despidos, etc. La idea que fracasa en estas espirales es la de “yo te necesito mucho” versus “tú me necesitas mucho, o al menos algo”. En las fases planas del capitalismo nadie necesita a nadie, todos sobramos, se detienen los flujos, se achica el futuro. Un brusco regreso al medioevo que, pese a todo, puede tener su encanto. A zurcir los calcetines y a plantar tomates en el patio, caramba.
SOY CAMPER
Recibo una llamada de los chicos de CAMPER, que insisten en regalarme un par de sus zapatos. Debe ser primera vez que me ofrecen algo comercial que realmente deseo. Hace ya muchos años que calzo siempre Camper, y aunque en mis menudos y desordenados pies no lucen como deberían, sé que la cosa Camper es una estética, un modo de estar, o sea que estoy capturado por la marca. De tal manera que voy al Parque Arauco a un horario un poco tempranero, y al llegar al local veo que soy parte de un trío de seleccionados, dos chicas encantadoras y yo. Una de ellas resulta ser la talentosa Marcela Trujillo, que pinta dinosaurios, galaxias y ojos turbios, y cuando nos reconocemos nos abrazamos mucho. Me tocan unos deportivos sofisticados, en negro con bordes y cintas blancas, y quedo contento. Camper tiene esa morfología mallorquina del centro del Mediterráneo, la cosa bien hecha para que uno disfrute, más que para excitar al resto. El Mediterráneo es un lujo humano. Gracias Camper.



















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