juan guillermo tejeda

MANERO CRIOLLISTA

Publicado en brillo por jgtejeda en Agosto 31, 2008

Me llevan a ver Tony Manero, película del joven cineasta Pablo Larraín que está obteniendo algún brillo en festivales internacionales. Me encuentro con una escenografía interesante, como de latas viejas, casas de adobe, barrios de ayer, y unos toques de los años setenta u ochenta, en la fase inicial y triunfante de la dictadura. Mucho Alfredo Castro, actor de modales elegantes con barba de varios días interpretando a un marginal, personaje poco creíble y sin mayor interés, o sea que si se tratara de una persona real yo no vería ventaja alguna en conocerlo. Y un ambiente de cerrado criollismo, esa cosa de los pobres chilenos vista desde los ricos chilenos. También aparece la Amparo Noguera haciendo de mujer pobre. Misterio insondable, maldición opaca, que resulta de una clase social, la alta, atrincherada en unos barrios, unos colegios, unas universidades, unos viajes, unos apellidos (todo lo cual ocurre en una superficie no mayor que el principado de Mónaco) cada vez que uno de sus miembros se decide a descender un rato del Olimpo para visitar Bombay o Cerro Navia o como quiera que se llame esa negra asquerosidad donde habitan los pobres. Lo que que nos llega de este empeño de algunos de ver a través del arte lo que no están acostumbrados a ver desde el carruaje o el jeep, es algo con olor a Huasos Quincheros, a Mariano Latorre: criollismo, folklore patronal, reportaje condescendiente… Una cosa oscura, latosa, fea, letal, tocando el asquito, que por lo demás no creo que sea el espacio que habitan nuestros pobres, a los que jamás han abandonado el sentido del humor y una extraña ligereza filosófica en sus relaciones con el mundo (Violeta Parra, Nicanor….). Arribismo invertido, expiación de culpa, la maniobra cinematográfica de Tony Manero resulta improductiva, y probablemente esté condenada al fracaso no por un mayor o menor oficio, sino por un problema de acomodo cultural del país, por un tema pendiente de nuestras clases altas en cuanto a la integridad ética: el mundo real no es un top ten de éxitos y barrios buenos, sino un contexto humano donde se entremezclan cosas diversas. Es ese entremezclarse de lo diverso lo que provoca el mayor pánico y desde el pánico, desde su ceguera, es muy difícil hacer arte.