DISTURBIOS, ANTIDISTURBIOS
Hay un paquete de conceptos similares que no son lo mismo: manifestaciones, disturbios, movilizaciones, antidisturbios, motines, marchas, tomas, sentadas, protestas, en fin, todo lo que se hace en grupos en contra del normal funcionamiento de las cosas. Una simpatía natural se despierta por el que se rebela en contra del poder, al tiempo que surge un desagrado ante quienes creen que porque se les ocurrió una idea muy buena tienen derecho a colapsar la ciudad, romper cristales o apedrear autos o insultar a quien se les cruce por delante. Por otra parte el poder no está ya en los palacios ni en los gobiernos, sino en algún otro lugar más difuso. Los realmente poderosos viven en ambientes insonorizados. Es decir, toda rebelión es elástica en su condición de cosa buena o no tan buena o mala o muy mala, o útil, o inútil. Uno cree, al ver visto ya una cantidad respetable de estos eventos, que hay ciertos seres a los que les gusta, en general, romper cosas y alterar a los demás, y que para hacerlo abrazan causas nobles. Su acción destructora y anárquica termina espantando la nobleza y arruinando a la causa. Me parece que las buenas ideas o las nobles causas necesitan de organización, información, cautela, elegancia, respeto y otras virtudes que uno pocas veces ve en los enredos callejeros, más proclives al grito y al proyectil.
