BREAKING AND ENTERING
haciendo zapping llego a las primeras imágenes de la película, que de inmediato me dicen algo: imágenes veloces, contenidas, estéticas y densas de gente trepando por el techo de un loft y rompiendo cristales (breaking & entering debe venir de eso) en medio de escenografías o maquetas arquitectónicas…. disfruté mucho de la película, pero cuando terminó me fui a internet a ver si era buena o no, y es que los entendidos cinematográficos siempre me convencen desde su displicencia, mientras yo tiendo a encontrar todo bueno (o todo malo, según la tarde). Bueno, ellos tampoco sabían mucho, porque la película es rara y en el intertanto el director Minghella se murió de un derrame. Lo que yo ví es que Jude Law, que es un galán británico cool, se viste muy cool con ropa gris-beige-blanca-negra y vive en un piso cool que es de los mismos colores, con una mujer sueca madura pero aún bonita y también cool. Law es buena persona, educado, contenido, pero en el fondo su pelo medio despeinado y medio canoso apunta hacia la búsqueda de dos cosas: que la sueca no sea tan helada con él, y además quiere ser malo. La maldad lo ronda, porque la sueca tiene una hija medio autista y la locura está instalada en esa casa tan cool; aparte de ello, como él y su socio son arquitectos exitosos y modernos, han instalado la oficina en un loft industrial de King Cross, barrio malacatoso de Londres donde hay delincuencia, problemas con la inmigración, etc. Por eso es que unos kosovares emigrados le entran a robar, y la figura estelar es allí un joven que da saltos hasta el techo y se desliza como un animal hasta la alarma, la desconecta y luego entran sus primos y tíos a llevarse los computadores. Esos primos y tíos sí que son malos. Además Jude Law, que no se irrita por los robos porque está asegurado y en el fondo está de parte de los ladrones, vigila igual su loft en la noche y ahí se hace amigo de una puta oriental que le ofrece inútilmente sus servicios, le pone música, le roba el auto y después se lo devuelve…. en fin, es una lucha entre lo educado y lo salvaje, entre la frialdad de lo correcto y la simpatía espontánea y depredadora de lo delincuencial. Para llevar este trato con ambos mundos, por cierto, es indispensable mentir, y en eso se lo lleva el bueno de Law que tras mandarle a arreglar como cien ternos y chaquetas logra afilarse a la costurera Binoche (madre del joven ladrón trepador que en el fondo es un buen chico) y recalentar de paso a la sueca, a la que él quiere de verdad pese a que es una rubia realmente pálida, depresiva y latosa. Además se las arregla bastante bien sin trabajar mucho porque tanta historia no le deja tiempo, el socio se le queja un poquito pero no demasiado y ganan mucha plata al parecer. La policía también está dudando entre lo primitivo y lo educado, especialmente a través de un gordo filósofo policial que anda disfrazado de motonetista con casaca de cuero. Londres se ve bonito, y de paso la oficina de los arquitectos es convincente. Los críticos dijeron que Minghella acertaba en unas cosas y en otras no lo lograba, etc. Le pongo tres estrellitas, aunque no sé cuantas estrellas son el máximo.


