RELACIÓN
Pasa el tiempo y reflexiona uno sobre la conveniencia o no de aquello que se llama ahora una “relación” duradera o muy duradera o extremadamente duradera. Antes no había, que se sepa, “relaciones”. La gente se casaba y punto, y el que se llevaran mejor o peor entre sí era similar a como le toca a uno un vecino o el tiempo en una excursión. Pura suerte. Los romanos jamás pensaron que el matrimonio obligaba a la exclusividad sexual o, como decía un personaje de película al amigo que se iba a casar: no lo hagas, imagínate, una vagina para toda la vida…. De tal manera que no existía ese permanente evaluarse y reprocharse por no alcanzar el dinamismo y el aura de las parejas que aparecen en la televisión. Grandes y frecuentes orgasmos, vida social estimulante, gustos en común, crepúsculos contemplados desde playas idílicas en ropa deportiva, vida familiar edificante, comprensión y ayuda mutua…. se ven reemplazados por la desgana, el rencor, la repetición, el dejá vu, la psicodependencia abusiva, los parientes perturbadores, las renuncias, el yo te dije, el simiamor. Cuando la “relación” no funciona hay que ir a un terapista, a quien desde luego su propia “relación” no le funciona pero que, como los obispos, la predica para los demás. Y sin embargo, a pesar de todo eso, hay animales como los cormoranes o los loros o los elefantes, que son monógamos. Sería interesante saber si tienen entre ellos lo que se llama una “relación” o simplemente se limitan a estar cerca.

